Por Claudia Regina
Pasó ayer. Salgo de aeropuerto. En una
caminada de diez metros, solo veo hombres. Taxistas afuera de los carros
conversando. Funcionarios con camisetas “¿Puedo ayudar?”. Un hombre con
corbata, su maletica y el celular en la mano. Hombres diversos, regados en esos
10 metros de camino. Al andar esos diez metros, me siento como una gacela
paseando entre leones. Soy mirada por todos. Medida. Analizada. Mi cuerpo, mis
nalgas, mis senos, mi cabello, mis zapatos, mi barriga. Todos están mirando.
Pasó cuando yo tenía 13 años. Practicaba
un deporte todos los días. Salía del centro de entrenamiento y caminaba
alrededor de 2 cuadras hasta la parada del bus a las seis de la tarde. Caminaba
por el corredor casi vacío al lado de una gran vía. De esas caminadas me acuerdo
dos momentos memorables de esta violencia urbana. Carros que pasaban más lento
a mi lado, y adentro se oía una voz masculina: “¡Estás buena!”. Hombres solos
que cruzaban el corredor, miraban para atrás y decían: “Que delicia”. Yo tenía
13 años. Usaba pantalones largos, tenis y camiseta.
Ahora multiplique eso por todos los días
de mi vida.
Sé que para los hombres es difícil
entender como eso puede ser violencia. Nosotras mismas, mujeres, nos
acostumbramos y dejamos eso así. Nosotras nos acostumbramos para poder vivir el
día a día.
Estos días, estaba sentada en la playa
viendo el mar, y de él salió una joven. Pasó por el lado de un tipo que le dijo
algo. Ella se alejó y caminó en dirección a mí. Le dije “Buenas noches”, ella
dijo que el agua estaba deliciosa y hablamos un poco. Le pregunté si el tipo le
había dicho alguna estupidez. Ella me dijo: “Sí, pero estamos tan acostumbradas
¿Cierto? Ignoramos esas cosas automáticamente”.
El privilegio es invisible. Para el
hombre sólo es posible ver el privilegio si hay empatía. Intente imaginar un
mundo donde, por cinco mil años, todos los hombres fueran subyugados,
violentados, asesinados, limitados, controlados. Intente imaginar un mundo
donde por cinco mil años, sólo mujeres fueran científicas, físicas, jefes de
policía, matemáticas, astronautas, médicas, abogadas, actrices, generales.
Intente imaginar un mundo donde por cinco mil años ningún representante de su
género haya sido destacado, en la televisión, en el teatro, en el cinema, en el
arte. En la escuela, usted aprende historia hecha por mujeres, la ciencia hecha
por mujeres, el mundo hecho por las mujeres.
En su texto “Una habitación propia”,
Virginia Woolf describe por qué sería imposible para una hipotética hermana de
Shakespeare escribir de forma genial como él. Woolf dice:
“Cuando leemos sobre una bruja siendo
quemada, una mujer poseída por demonios, una mujer sabia vendiendo hierbas,
creo que estamos mirando para una escritora perdida, una poeta anulada.”
Desde el inicio del patriarcado, hace 5
mil años, las mujeres no tuvieron libertad suficiente para ser científicas o
artistas. Woolf explica:
“Libertad intelectual depende de cosas
materiales. Y las mujeres fueron siempre pobres, no por 200 años solamente, mas
desde el inicio de los tiempos”.
Ese argumento no sirve solamente para
mujeres: negros, pobres y otras minorías no podrían ser geniales poetas pues,
para eso, es necesario libertad material.
Aunque el mundo esté en proceso de
cambio, todavía existen menos oportunidades y reconocimiento para que las mujeres
y las minorías ejerzan cualquier ocupación intelectual. Lectores de una página
en Facebook sobre ciencia todavía suponen que su autor es hombre y
comentaristas de televisión no consideran las manifestaciones culturales que
vienen de la favela como cultura de verdad.
Es cierto: Hoy la vida es mucho mejor,
principalmente para la mujer occidental como yo. Pero, aunque soy una mujer
libre y exitosa, viviendo en una metrópolis cultural, todavía siento en la piel
las consecuencias de estos cinco mil años de opresión. Y si usted quiere ver
esa opresión, no necesita ir a los libros de historia. Sólo tiene que prender
la televisión.
Rio de Janeiro, 2013. Una pareja es
secuestrada en una van. Las secuestradoras se colocaron un strap-on sucio,
oliendo a mierda y moho, y violaron al muchacho. Todas ellas, una a una, metían
aquella picha enorme en el culo del joven, sin condón, ni lubricante. La novia,
pobrecita, intentó hacer algo, pero la cogieron y le dieron golpes.
Al ver la noticia, ¿Usted se coloca en
el lugar de la víctima (que sufrió de las peores violencias físicas y
psicológicas existentes) o en el lugar del que vio? Naturalmente cambie los
géneros, la violencia real pasó con una mujer.
¿Cuántas violencias sufro sólo por ser
mujer?
En la infancia no me dejaron ser scout
por no era cosa de niñas. Fui violada a los ocho años (Yo y por lo menos dos
tercios de las mujeres que conozco y que usted conoce sufrieron una violación y
probablemente no le contaron a nadie). Sufrí la adolescencia entera por no
comportarme de manera femenina. Por no tener senos. Por no tener cabellos
largos y lisos. Desde siempre tuve mi sexualidad reprimida por mi familia, por
la sociedad y por los medios. Cualquier cosa decepcionante que hiciera sería
motivo para ser llamada de vaga.
En uno de los primero empleos escuché
que las mujeres no trabajan tan bien porque son muy emocionales y sufren de
síndrome premenstrual (SPM). En otro empleo mi jefe me dijo que mi cabello
estaba feo y me pagó un salón de belleza para ir hacerme el blower y estar más
presentada para los clientes. Decidí que no quiero ser esclava de la depilación
y soy mirada diariamente con asco cuando me pongo shorts o blusitas sin mangas.
He usado muchos maquillajes sólo porque la televisión y la publicidad muestran
mujeres maquilladas, y por lo tanto es muy común sentirnos feas de cara limpia.
Usted, hombre ¿Sabe lo que es el maquillaje? Hay un producto para dejar la piel
homogénea, uno para esconder ojeras, otro para esconder manchas, otro para
dejar los cachetes colorados, otro para destacar las cejas, otro para destacar
las pestañas, otro para colorear los párpados, otro para colorear los labios.
¿Cuántas veces pasó usted tantos productos en la cara sólo porque su jefe o su
‘primer encuentro’ lo van a ver feo con la cara limpia?
Cuando estoy en el metro procuro un
lugar seguro para evitar que alguien me roce. ¿Usted hace eso? Cuando voy a
reuniones de familia, me preguntan porque estoy tan flaca, y lo que hice con el
cabello y si tengo novio. A mi primo, le preguntan qué está estudiando y en qué
está trabajando. En la televisión el 90% de las propagandas me denigran. Casi
ninguna película me representa o pasa el Test de Bechdel. Todas las mujeres son
mostradas con ropa sexy, igual que las heroínas que se supone que deberían estar
usando ropa cómoda para las batallas. Las revistas me enseñan que el objetivo
en la cama es agradar al hombre.
Mientras usted, hombre, comparaba su
pene con el de sus amiguitos, a mí, mujer, me enseñaban que masturbarse era muy
feo y que si usaba faldas cortas no me estaba dando a respetar. ¿Cuánto tiempo
me demoré para librarme de la represión sexual y convertirme en una mujer que
le gusta tirar? ¿Cuánto tiempo me demoré para soltarme en la cama y conseguir
venirme, mientras varias de mis compañeras continúan preocupándose por si su
pareja está viendo la celulitis o el gordito de la cintura y por eso no
consiguen llegar al orgasmo? ¿Cuánto tiempo demoré para conseguir mirar una
verga y tirar con la luz prendida? ¿Cuántas veces escuché mientras manejaba un
“tenía que ser mujer”? Todo eso para que al final del día, cuando voy
acompañada a un restaurante a cenar, no reciba la cuenta después de que la
pido, pues desde hace 5 mil años soy considerada incapaz. Y todo eso ¡Coño!,
para escuchar que estoy exagerando, que ya no existe el machismo.
Eso es un resumen de lo que sufro o
corro el riesgo de sufrir todo el día. Yo, mujer blanca, hétero, clase media.
La negra sufre más que yo. La pobre sufre más que yo. La oriental sufre más que
yo. Pero todas nosotras sufrimos del mismo mal: Ningún país del mundo trata a
sus mujeres tan bien como a sus hombres. Ninguno. Ni Suecia, ni Holanda, ¡ni
Islandia! En todo el mundo civilizado sufrimos de violencia, tenemos menos
acceso a la educación, al trabajo o a la política.
En
todo el mundo somos todavía hermanas de Shakespeare.
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¿Y usted, lector hombre, cuando es abordado por un tipo de forma hostil en la calle, piensa “por favor, no se lleve mi celular” o “por favor no me viole”?
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¿Y usted, lector hombre, cuando es abordado por un tipo de forma hostil en la calle, piensa “por favor, no se lleve mi celular” o “por favor no me viole”?
* Este artículo es una traducción del portugués del texto ‘Como se sinte uma mulher’ escrito por la brasileña Claudia Regina para la revista virtual para hombres ‘Papo de Homens’, publicado el 22 de Mayo de 2013.
** Todas las fotos son autorretratos de Claudia Regina, autora de este artículo.
Fuente: Blog de Martina











































































































