LaMalaPalabra invita a la presentación del disco Caligramas, de Sergio Antezana. Algo imperdible que luego lo reflejaremos en una nota. Queda la promesamiércoles, 27 de agosto de 2008
Sergio Antezana presenta disco
LaMalaPalabra invita a la presentación del disco Caligramas, de Sergio Antezana. Algo imperdible que luego lo reflejaremos en una nota. Queda la promesaviernes, 22 de agosto de 2008
Mala leche
Pueblo enfermo, élites y columnistas
Pablo Stefanoni*
Carentes de cualidades morales e intelectuales para imaginar una República más allá de los seiscientos metros cuadrados de sus mansiones siempre rodeadas por un muro de temor culposo a la invasión de los bárbaros, el sector más retrógrado de la élite local ha tenido, sin embargo, la ´creatividad´ para invertir la ecuación del fracaso nacional. Bolivia no se desarrolló lo suficiente para garantizar una vida digna a sus ciudadanos, no por la mediocridad de su clase dirigente, sino porque esta burguesía —un nombre que le queda grande— tuvo la mala surte de lidiar con un ´pueblo enfermo´. Por eso a esta élite que no se enteró que en 1952 hubo una revolución —y sigue creyendo que hay razas superiores— le da alergia cuando el pueblo vota —como es sabido, racismo y aversión patológica por la democracia van de la mano—.
Así, Manfredo Kempff insiste en que el pueblo vota tan mal que otra vez se pregunta, ¿cuánto tiempo le queda a la democracia? (hace tiempo se ilusionaba con que los militares pongan a Evo de patitas en la calle).
La estrechez de miras del ex diplomático le impide ver que —a diferencia de otras latitudes— al menos en Bolivia el famoso ´empate´ se va resolviendo mediante referendos legales o ilegales, es decir, con el voto civilizado de los bolivianos.
Otro columnista, Juan Cariaga, dice que todo lo que se votó el domingo era previsible, ¿si? ¿Acaso no escuchamos a diestra y siniestra que Evo había perdido al oriente, a la clase media, a los chuquisaqueños, a los cochabambinos y que prácticamente gobernaba desde Achacachi? Pero Cariaga no se enteró del 67% y el escrutinio en el oriente: en una columna en La Razón (17 de agosto, una semana después de la elección) congela los sondeos a boca de urna del domingo y dice que ´el Presidente ha sido revocado en todas las regiones de la media luna (sic) (sic)´.En la misma línea, Manfredo dice que el referéndum fue estúpido y fatal y se queja de las ´camionadas de indígenas que llegan diariamente a Santa Cruz´, responsables del 40% de los votos que obtuvo el Sí a Morales. ¿Pero qué hubiera dicho si el Presidente hubiera sido revocado o ratificado con escaso margen? Esa es la vocación democrática a geometría variable de quien piensa que Banzer fue autócrata ´cuando hacía falta´.Cariaga dice que Bolivia ´ya no está en condiciones de soportar un fracaso más´. Tiene razón. Ellos ya se gastaron todos los fracasos que un país puede soportar... ¿no será por eso que en pleno siglo XXI los bolivianos pusieron en manos de un campesino la tarea decimonónica de construir al fin un Estado y una República dignos de ese nombre y relegó a los ex funcionarios a ser quejosos columnistas de periódicos?
*Pablo Stefanoni,ciudadano argentino, es asesor del gobierno de Evo Moralesy director de Le Monde Diplomatique-edición boliviana.
CARTA DE PABLO STEFANONI A JUAN CARLOS ROCHA, DIRECTOR DE LA RAZÓN
Estimado Juan Carlos:
He leído con sorpresa las referencias personales que aparecen en mi columna de hoy, donde dice "asesor del gobierno de Evo Morales", algo completamente falso. Como le respondí una vez ante una consulta expresa suya yo dejé de trabajar en el gobierno en octubre de 2006. y actualmente no trabajo de ninguna manera -ni formal ni informalmente- en ninguna instancia gubernamental.
En esa oportunidad usted defendió el hecho de colocar siempre "ex asesor", lo que aunque no deja de ser cierto no aplica a otros columnistas ex funcionarios, incluso ex ministros de gobiernos durante los años 90. Por ejemplo el Sr. Manfredo Kempff -que llama sin ninguna vergüenza al golpe de estado-, donde aparece la inofensiva referencia de "escritor y diplomático", y no sus responsabilidades anteriores -por cierto, mucho más relevantes que las mías- junto al (ex) dictador Banzer.
Obviamente, mis opiniones pueden coincidir con las del actual gobierno o no (como en el caso demi columna en contra de la presencia de tropas bolivianas en Haití). Y el caso es más grave aún ya que usted me preguntó no hace mucho si yo estaba trabajando en el gobierno, ante lo cual le aclaré que NO. Y que mi colaboración con la agenda del sociólogo Ernesto Laclau -invitado a Bolivia- se debió al vinculo personal con él.Lamentablemente pequé de ingenuidad al creer que en verdad tenía un espacio abierto en su diario, como vez me dijo, para publicar eventualmente columnas de opinión (que siempre reflejaron mis puntos de vista mis opiniones y no los del gobierno).
Pero el juego sucio que ha utilizado -aprovechando las posibilidades siempre muy amplias del editor- sólo confirma muchas apreciaciones sobre la forma de hacer periodismo en La Razón que cada vez circulan con mayor repercusión a la luz del manejo sesgado de la información. Pero en este caso no solamente se trata de la empresa sino de su propia (falta de) ética periodística. Por lo que le pido una rectificación. Saludos cordiales.
Pablo Stefanoni
Cuentos de la frontera y para la memoria
Se había anunciado la presencia del autor, como debería ser y también del artista Edgar Arandia, quien ilustró los cuentos, pero ni uno ni lo otro. Edgar, al visitar a Félix quien reside en Santa Cruz, cayó enfermo de una gripe, pero mandó a través de Manuel Vargas, de Correveidile, esta sabrosa presentación del libro, recordando que casualmente era el mismo día (21 de junio de 1971) en que el entonces poderoso militar Hugo Banzer iniciaba la dictadura más larga de Bolivia y de una de las más extensas en Sudamérica. Exilió a los “rojos”, mató a quien quiso y endeudó al país cuanto pudo. Hoy, el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, se declaró su admirador. Entre los censurados estaban los cuentos de Félix.
Foto: Claudia QuilaliEntre fronteras circulares
Edgar Arandia
Félix es un hombre risueño, las pasó de colores en varias etapas de su vida y nunca lo vi triste, tal vez su procesión interna la compartía escribiendo entre él y el papel. Es lugar común decir que los escritores tienen miedo a la hoja en blanco, es falso: eso les ocurre a los escritores que ya no tienen nada que decir.
Hoy, paradójicamente, es 21 de agosto, el aniversario del golpe militar encabezado por Hugo Banzer, sus acólitos del MNR y de la extinta Falange, convertida y fagocitada en ADN que se inventaron los tecnócratas de derecha y que ahora agoniza con el nombre, también paradójico de Podemos, y que finalmente no pudieron. No es rara ya en mi vida que para esta fecha esté enfermo, con fiebres y tirado en cama, intentando infructuosamente leer, mis ojos parecen de soldador de autógeno que no se puso su máscara protectora y mi voz de un bolerista en “do mayor” que canta en las cantinas de mala muerte de la ladera oeste de La Paz y que fuma Astoria, para hablar de amores fallidos.
Félix es parte de nuestra vida generacional y degeneracional, es decir, de los que nos mantuvimos soñando lo que hacíamos y decíamos en trasluz, junto a nuestro amigo muerto que no envejecerá nunca. René Bascopé; el Achachi de Jaime Nisttahuz, fuerte como un carnero; al Moro Gumucio que siempre nos está escribiendo de Tombuctú, un lugar que yo pensaba no existía. Ramón “Doña Petrona” Rocha Monrroy, que ya no requiere de fletarse traje de moreno, por los michelines que ha cultivado escribiendo sobre esa pasión compartida: el buen morfe; a Quino, viudo alegre que nos enrostra su descarnada lucidez. David Acebey, el Avaguarani th’ampulli que se obsesionó con Tentayape y con quien viajé para constatar que no me estaba mamando con sus cuentos. En realidad Bolivia es un cuento de nunca acabar, por eso considero que es el género más socorrido y preciado por los escritores para congelar las emociones que vivimos día a día. Si hay un país donde se puede caer el cielo y nadie se sorprendería es esta patria o mejor matria. Eso lo sabe Manuel Vargas, entrañable cultor del cuento y el director más exitoso de una revista especializada en el género y hora editor, tarea que la hace con un amor desmesurado y todo a pie.
El golpe de Banzer nos unió a toda una generación, aparecieron revistas de emergencia como Camarada Mauser, Papel Higiénico y otros que no recuerdo, y allí estaba el Félix, hualaycheando, no se tomaba muy en serio y ese fue su talento para que nunca dejara de escribir, porque no esperaba ninguna recompensa por lo que hacía.
Los Cuentos de la frontera nos dividen en dos espacios históricos marcados: la época dictatorial, la vida de la frontera de la Quiaca y las construcciones míticas para relacionarse con las autoridades y la naturaleza, las migraciones a la Argentina y el desgarro de las familias, las luchas por la herencia y las pasiones desatadas por el dinero, todo esto enmarcado por el traqueteo del tren que nos permite viajar sin cansancio, ese traqueteo que se consume como en el juego de dados en los bares de La Paz de los 70 y 80 que decía: “Por el riel de la amistad, va corriendo va corriendo con su tri qui - tri qui - tri qui tran. Con su tri qui - tri qui tran… llevando tres dados de tres sin equivocarse. Pero el tren se iba y en uno de sus bellos cuentos aparece Marcelo Quiroga y una masacre, en otro Jacinta abandona las minas y emigra y su novio se enfila a la cooperativa para ver qué pasa”.Estos cuentos ya los había leído hace 20 años, es más: hasta había ilustrado algunos y debo agradecer esta oportunidad para destacar una habilidad literaria de Félix. Su enorme facilidad para enlazar el relato con los personajes, es imposible enredarse, como sucede muchas veces cuando se fuerza ser pos-moderno y se termina siendo pos-tizo. No somos críticos literarios, simplemente lectores que gustan del género y esas virtudes a veces, son absolutamente necesarias para el goce estético. Ya Manuel nos advierte que Félix no está haciendo malabares con el lenguaje, si bien es trabajado intensamente, tiene rigor en su estructura, no pierde la espontaneidad, y hace que aparezcan como si hubiera recogido agua clara del río.
Estos cuentos escritos entre las décadas de los 70 y 80 hacen un giro y develan un silencio, de 10 años, Félix el afortunado, emigra a las tierras bajas, se “acamba” rápidamente y esa su capacidad de adaptación le permitió escribir Yo Cazador, un relato que manifiesta un encuentro intercultural que puede servir como ejemplo de lo que significa aquello y que muchos loquitos le dan una vueltas trasmodernas incomibles. Este es el otro gran momento, es la vida democrática que aceleró la movilización humana a todos los rincones de Bolivia y hacia afuera. Esa facultad que tiene este género de mostrar panoramas concentrados de la vida de la sociedad, permite entender los procesos que se viven íntimamente, desde otro abordaje, dejando de lado las metodologías de las ciencias sociales, el relato explícita a través del lenguaje las crisis de los seres humanos.
Este pequeño relato abre la etapa de su migración a Santa Cruz, suertudo como es. Loencontré panzón y satisfecho en una hamaca, en medio de asados y acariciado por subella esposa Lourdes, vallegrandina dulce y buena, que a la hora en que el achachialistaba sus tabas a la resignación apareció en su vida. Se puso a estudiar, comomuchos de nosotros y culminó los mismos con excelencia. No podía ser de otra manera.De ahí, de esa vivencia universitaria nacen sus últimos relatos, frescos, que destapan labanalidad de ahora, el aislamiento de los que tiene posiciones ideológicas y, finalmente,de ese sentimiento que une a los seres humanos, ante cualquier diferencia: el amor.El libro termina de manera circular con el relato “Mi padre”, un cuento que retorna almarco de las tierras altas, al viento que bate la paja y sacude las puertas del olvido.Es como retornar al seno materno a través del padre, que si bien ya no volverá más, peroestá en su cuerpo.
Es una suerte de desagravio, como hoy después de 37 años de la dictadura banzeristacuando estos relatos circulaban en revistas alternativas, que ahora la tengamos en un libro. Es como una venganza contra el olvido. Cuando cayó la dictadura, los que fuimos exiliadosnos reunimos poco a poco, todavía hablábamos bajito en las cantinas, con miedo a quelos “tiras” nos estén escuchando, nuestra paranoia duró mucho tiempo, ahora hablamos agrito pelado, aunque en Santa Cruz, donde aún quedan retazos de ese régimenoprobioso, todavía la gente murmura, pero eso pasará, como pasó la dictadura y comoestos textos son el reflejo de la vida en aquellos tiempos y en éstos, con sus enormesdiferencias. Para finalizar, debo confesar un secreto folclórico. Félix Salazar Gonzálezha aportado al acervo oriental, el baile de la Chulupiada, los pasos son de su creación ypido, desde mi lecho del aburrimiento, que les demuestre al exquisito público quecomprará su bello libro, esos pasos. En Bolivia, aunque tengamos una megatonelada deproblemas, el baile y el arte nos salvará por siempre.
jueves, 21 de agosto de 2008
No estaba censurada, andaba de parranda
martes, 19 de agosto de 2008
La columna que censuró La Prensa


Estimadas y estimados,
Luego de 8 años de publicación dominical en La Prensa, mi columna Ocho y medio llegó a su fin. Me hubiera gustado ser el responsable de esta despedida: en realidad, haciendo uso de lo que entiende por libertad de prensa, el periódico en cuestión decidió censurar mi última columna (destinada a aparecer el 10 de agosto, día del Referéndum Revocatorio). Hace tiempo que esto de colaborar en medios como La Prensa me parece un ejercicio altamente ambiguo, a ratos hasta indigno. Pero, como sugerí, por lo menos me hubiera gustado despedirme. Confirmando mis sospechas, La Prensa se me adelantó y decidió despedirme, sin avisos y sin explicaciones.
Copio la columna, la última:
Ocho y medio
por Mauricio Souza Crespo
Cinco imágenes de Evo *
Cuando decidimos volver a Bolivia luego de 15 años de residencia en Gringolandia, nuestros conocidos reaccionaron ante la noticia de tres formas, según gustos políticos: a) Con una cara de susto, acompañada de exclamaciones que suponían alguna tragedia; b) Con cara de pena, casi conmiseración, por nuestra ingenuidad nostálgica; c) Con cara de incredulidad, matizada por vagas felicitaciones. Me imagino a estas reacciones como determinadas por diferentes imágenes de Evo Morales. Me explico: creo que las maneras de ver a Evo informan, casi groseramente, el imaginario clasemediero sobre la situación del país. Enumero y describo algunas:
Uno: “Evo: Soy la revolución”. Usada por el propio MAS, esta identificación religiosa de un proceso de cambio con una persona reproduce manías de la izquierda más perezosa. Habría, claro, que discutir en principio si los cambios impulsados por el MAS son “revolucionarios” (en mi opinión, simplemente intentan frenar los excesos más cojudos del fundamentalismo neoliberal). Pero eso de promover la identificación de un proceso de cambio con un liderazgo carismático, un “ungido” mesiánico, es un traspié mediático (de los tantos errores masistas de este tipo) en el que se le sigue el juego a la derecha (Podemos, UN, MNR, cívicos, los medios, etc.). Y esto es precisamente lo que habría que evitar: que el posible cambio sea identificado fatalmente con un señor, el Sr. Morales.
Dos: “Evo, uno de los posibles”. Los más optimistas optan por imaginar que los cambios son irreversibles y que, con Evo o sin él, el proceso continuará. Hay, digamos, muchos posibles Evos. La decadencia de los “políticos tradicionales” (confirmada por las encuestas que ellos mismos encargan) parecería ratificar este optimismo. La elección de Savina Cuellar sería otra señal: para ganar, la misma clase de siempre ya no puede ir a las urnas con los mismos k’aras de siempre.
Tres: “Evo, marxista”. Los que viven el gobierno masista como un Apocalipsis sin tregua ni respiro (pese a las evidencias), tienden a resucitar las histerias que apuntalaban el discurso de las dictaduras. El suyo, es una especie de anticomunismo ansioso y arcaico: se habla del “socialismo de Evo”, de un “marxismo anacrónico”, de “avasallamientos a la propiedad privada”, de “ingerencias externas”. Si no fueran efectivas, en los medios al menos, habría que descartar de plano estas imágenes por su torpeza, su primitiva anorexia intelectual. Pero son efectivas. Y ya no importa que hablar de “marxismo” o incluso “socialismo” en el caso del MAS sea absurdo: basta que un par de “expertos” se dediquen al rumor intelectual para que consuetudinarias ansiedades reaccionarias salgan a flote.
Cuatro: “Evo, títere de Hugo”. Dentro y fuera del país, en una veta propagandística que sigue al pie de la letra al Departamento de Estado gringo, la identificación de Evo Morales como una suerte de títere o pelele de Chávez es quizá la que más réditos ha otorgado al trabajo mediático en contra del MAS. Que esos lamentos por la soberanía provengan de los sectores más serviles de nuestra clase dirigente, es lo de menos: de alguna manera, en una proyección de su propio racismo, estos sectores de la población no se pueden imaginar “a un indio” sino como a un “pelele o títere” de otros (Chávez, las ongs, etc.). En término de imágenes, no puedo sino recordar esta: la de varios de esos “defensores de la soberanía” disfrazados de payasos en las fiestas de disfraces que daba la Embajada gringa en La Paz cada año.
Cinco: “Evo, el primer indígena”. Ya se sabe: que Evo Morales ha explotado fuera del país su imagen de “primer indígena” presidente de un país. Y, sin duda, en un universo despolitizado, esa imagen (desprovista a ratos de contenido) lo acompaña a donde vaya. Pero el reverso local, un tanto rencoroso, de esa imagen apuesta a los mismos términos: “cómo pues un indio nos va a representar”. Lo de “indio” se convierte a priori en síntoma del “Apocalipsis masista”: el “indio”, casi por ser indio, lidera una mala gestión (pues “cómo estos indios van a saber gobernar”). En los hechos, los niveles de competencia de esta gestión de indios se han demostrado “inusuales”: más allí donde una serie de gestiones incompetentes (Banzer, Quiroga, Sánchez de Lozada, Mesa) podrían haber demostrado su destreza k’ara. Es decir, en el manejo matizado y distante del liberalismo.
* Cuando LaMalaPalabra se enteró de este hecho, no lo pudo creer; cuando le llegó un correo confirmando la noticia se llenó de bronca y rabia y por eso se adhiere a la indignación de que aún existan "jefes" que deciden censurar a sus columnistas y despedirlos, o despedirlos y censurarlos, sin importar el orden de esas acciones con tal de impedir la circulación de una opinión. También se solidariza con un compañero de tan amplia experiencia y de quien hemos disfrutado sus columnas, artículos y reseñas (en Última Hora, Presencia, La Razón, Pulso y La Prensa) y su producción literaria, amplia y muy valiosa. Aprovechamos para mandar un saludo especial a todo los columnistas del país, de cualquier línea, pues escriben gratis, por amor al arte, y "nadies" les pagan.
Félix Bascopé presenta Cuentos de la frontera

Estimado lector:
En este libro no encontrará usted eso que muchos escritores actuales buscan: el presente a rajatabla, muchas veces confundido con tecnologías comunicativas de punta, modernidades y posmodernidades urbanas, amores adolescentes e intelectuales del último grito. Tampoco alardes de técnicas y lenguajes experimentales para demostrar cuan adelantados e inteligentes somos los escritores del siglo XXI.
No. Los cuentos de Félix Salazar Gonzáles están en otro presente, el que permanece a pesar de los años. La mayoría de estos cuentos fueron escritos en la década del setenta y ochenta. Si de encasillarlos se tratara, podríamos decir que están dentro del realismo, con un tono, algunos, de lo que alguna vez se llamó el cuento social. Hay otros intimistas, y también de vuelo fantástico a partir de ciertas creencias populares, y por último, en tres cuentos escritos después del 2000, se vuelve al realismo, suavizado con la poesía de ciertos ambientes y personajes de la provincia en contacto con la ciudad.
Sí, los cuentos de Félix han ido moviéndose desde el lejano Villazón de los setenta hasta la Santa Cruz del 2006, no la moderna y pujante sino la otra ciudad, oculta y silenciada. Es decir, sin dejar la frontera, siempre lejos de cuestionables centros, económicos, de poder, de modernidad.
Un contrabandista hormiga, una anciana en espera de su hijo que se fue a la zafra, la bella viuda de un minero, una muchacha de la provincia luchando por entrar a la universidad, son algunos de los personajes de estos cuentos. Sueños y amores se confunden en la lucha de gentes sencillas, por la existencia, por el pan de cada día, por no desaparecer en una tierra, en unas calles y caminos que son suyos.
Félix Salazar González no es nuevo en estas lides. Muchos de sus cuentos se han publicado en antologías de Bolivia y del exterior, se han traducido algunos, aunque nunca, hasta ahora, se reunieron en un libro. Y ya era tiempo de que lo sean, precisamente por lo que ya dijimos: al soportar y sobrepasar su calidad de cuentos sociales, mineros o costumbristas, permanecen, sencillos, frescos, actuales.
Debemos decir, además, que Félix forma parte de un grupo de escritores que se iniciaron en los años setenta, alrededor de la revista literaria Trasluz, como René Bascopé Aspiazu, Jaime Nisttahuz, Ramón Rocha Monroy, Alfonso Gumucio Dagron y quien esto escribe. Sin olvidar al pintor Edgar Arandia, quien ilustra esta edición, y al poeta Humberto Quino, Decíamos, entonces, y valga la pena recordarlo en esta ocasión, que en nuestra escritura partíamos de un parecido objetivo: dejar atrás el costumbrismo caricaturesco y la literatura de prédica social, para ahondar en la realidad del ser humano y con una mayor conciencia de la profesión de escritor. También decíamos que cada uno de sus integrantes, si bien con objetivos comunes, partían de mundos diferentes: Bascopé los conventillos de La Paz, Nisttahuz sus oficinas públicas, Vargas el mundo rural. Salazar González la frontera… Y aquí siguen, vivos y coleando, esos cuentos de la frontera, ampliados con otras historias, para lograr una visión de un país de gentes humildes y sencillas que pueblan precisamente las fronteras de la vida.
Tentempiés
Gracias a una entrevista en El Deber a Gustavo Cordera nos enteramos de una buena nueva: llegará a nuestro país Bersuit Vergarabat. Gustavo, más conocido como el “pelado”, es el líder esta banda que apuesta por un canto crítico y que en su país puso la “argentinidad al palo”. No es de esos artistas que miran de banca la realidad y el pelado lo dijo claro y fuerte sobre el Presidente boliviano: “estoy en cuerpo y alma con el señor Evo Morales”. Este mismito llegará en octubre a La Paz, así que a ahorrar se ha dicho.
Foto: Fides VirtualUn cura de primera
La escena es la siguiente: a punto de iniciar el vuelo Santa Cruz – La Paz, el padre Eduardo Pérez Iribarne está sentado en la clase turista delante de otro opinador ya de capa caída Cayetano Llobet. El cura mira de reojo a sus vecinos circunstanciales y espera varios minutos a que uno de los pilotos aparezca por el pasillo. Unas cuantas palabras discretas al oído del uniformado que luego movería la cabeza de forma afirmativa y el sacerdote jesuita más mediático de Bolivia dirigiría sus pasos a “primera clase”. Detrás de él, el funcionario de AeroSur llevaría su equipaje.
Y si algunos creyeron que el cura español iba a retornar a su asiento de origen, pues se durmieron de tanto esperar. Dones divinos.
Foto: FidesCiclismo.comCompre su revista
Y ya que hablamos del tata Pérez, cada vez con más baja audiencia desde que el 2003 la Erbol le quitó sus oyentes populares, parece que quiere sacarle el jugo a sus eventos. Recordemos que cada año se arremanga la sotana para darle duro al pedaleo y promocionar las carreras de ciclismo que organiza su persona y Radio Fides. Por eso acaba de publicar una revista de la VII Doble Sucre-Potosí “a tan sólo Bs. 20” y se la puede adquirir en las oficinas de Radio Fides en las ciudades de La Paz, Sucre y Potosí.
lunes, 18 de agosto de 2008
Música de zorros en la Feria
domingo, 17 de agosto de 2008
El Caballero de la Noche
* Pedro Susz
Batman, el de la historieta original publicada en 1936, era un tipo de dudoso poder de convocatoria a la complicidad. Más bien era casi un fascista de cuerpo entero. El propio atuendo, negro y con aspecto de murciélago –bicho nada simpático– ya actuaba como primer elemento de disuasión en ese sentido. Pero la pinta era en ese caso efectivamente lo de menos.
Aquel Batman, taciturno y ensimismado, operaba en solitario atendiendo escrupulosamente la consigna de disparar primero y preguntar después. O sea, a veces se cargaba uno que otro inocente. Pero en aquellos tiempos de desazón colectiva, con lo economía hecha puré, los nazis asomando en el horizonte y los desocupados súbitos lanzados a las calles por decenas de miles, abundaban los predispuestos a plantarse un balazo en la sien y perfectamente dados a observar impertérritos como algún dudoso justiciero se despachaba al prójimo.
Cuando las cosas mejoraron y la paleotelevisión se puso a reclutar personajes de tebeo (las historietas NdR) para sus series, Batman comenzó a circular en compañía de Robín por una Ciudad Gótica ya definitivamente no penumbrosa sino más bien en tonos pastel algo kitsch y atiborrada de adminículos tecnológicos de última generación.
Tuyo que llegar Tim Burton a principios de los 90 para iniciar el operativo de restauración de las características primigenias, emprendimiento interrumpido a fines de esa misma década por el siempre incompetente Joel Schumacher, pero retomado con todo vigor por Christopher Nolan en Batman Inicia (2005) y ahora brillantemente remachado en El Caballero de la Noche.Este Batman, de caballero nada, que es como el anverso del detestable Guasón –brillante Heath Ledger, sensiblerías necrofílicas al margen– vuelve a ser el reflejo exacto de la paranoia colectiva de los tiempos en curso. Y es otra vez un tipo ambiguo, turbio y desalmado: la versión cómic exacta del todopoderoso jefe de la primera potencia mundial.
Nolan se pasa de rosca a ratos, pero en un balance general es el mejor Batman del celuloide, primacía que tal vez sólo pueda serle disputada por el primero de los dos episodios a cargo de Burton.
* Extractado de Jiwaki.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Algunas tomas del Referéndum Revocatorio
Foto: Claudia Quilali
Foto: Claudia Quilali
Foto: Claudia Quilali





















