Para este año, el Viceministerio de Desarrollo de las Culturas y la Oficialía Mayor de Culturas han organizado un programa que contempla ritos, muestras y actividades en las que el cine y la literatura se agregan para recrear esta expresión popular de manera integrada con otras manifestaciones culturales de México y Perú que presentan rasgos similares y otros muy particulares./ Walter Gómez Méndez. Oficial Mayor de Culturas. Gobierno Municipal de La Paz.


En la cosmovisión aymara no existe la muerte como final de la vida, sino un tránsito obligado para volver a la naturaleza y por ende a los achachilas. Asimismo, los aymaras, a diferencia de los católicos, no creen en las almas sino en los ajayus: energía vital que habita en cada jaqí (persona, en aymara). En este contexto sociocultural, se concibe la fiesta de los Ajayus, conocida desde la colonia como Todos Santos, celebración con la que se inicia el tiempo de Jallupacha (lluvia), que empieza con la época de siembra y continúa hasta la Anata (carnaval para los citadinos).
Todos Santos comienza con el ajayu naqtaya (despertando a la energía humana) que es el momento de recibimiento de parte del chacha-warmi que acuden ai Jach'a althapi (compra mayor) con participación de toda la familia. Se dice que el ajayu permanece acompañando a la familia tres años y después del tiempo señalado se integra al mundo de los achachilas que moran en las montañas y en la Wak'a. Este periodo de tres años difiere entre sí de acuerdo a sus denominaciones: machaq ajayu apxata, taypir ajayu apxata y tukuri ajayu apxata (cuerpo recién fallecido, tiempo medio del cuerpo ido y final del camino del cuerpo ido), por esto, el ritual de recordación del llamado Todos Santos.
Es en estos días, para recibir al ajayu se preparan las masitas y las T’anta Wawas (muñecos de pan), utilizando para ello representaciones en caretitas de distinta índole; al mismo tiempo las coronas, las escaleras, los caballos y otras masitas de distintas formas. La preparación del altar varía de acuerdo al tipo de ajayu, ya sea de niño o adulto; para el primer caso se tendrán los elementos blancos, T’anta wawas con rostros de niño, flores blancas y lo mismo sus coronas, en el caso de los adultos, las flores serán de color morado conocida como “siempre vivas”, ilusiones, etc.La participación de la comunidad es activa dentro de cada uno de los aspectos del recordatorio, tanto en el primer día como en el segundo -alma despachu- en un intercambio de presentes de masitas y elementos que hayan intervenido en Ia mesa. A los ajayus se los recibe con cantos llamados phuluras. Realizándose la despedida con música de cajas, almapinquiílos y quiqus (qoiqos que reciben el retorno del ajayu), ch'aqa pinkiilo, (pinquillo hecho en hueso de fémur humano) como instrumentos ritualísticos de esta fecha, para llamar las primeras lluvias e iniciar la época de regeneración de vida./Jorge Laruta Huanca

Según la tradición los devotos festejan a las ñatitas con una serie de ofrendas, oraciones y canciones. Las ñatitas cada 8 de noviembre invaden distintos espacios del cementerio, siendo ubicadas en altares improvisados, en cajas, urnas de vidrio, bandejas y aguayos, siempre bien adornadas con flores, velas e indumentaria preparada por sus devotos.
El 8 de noviembre, la octava de Todos los Santos, es el día central del culto a las calaveritas, conocidas popularmente como Ñatitas o Tuxlito. Este culto se expresa durante todo el año en forma privada, sobre todo, los martes y viernes.
El día de la fiesta los devotos se congregan en la capilla del Cementerio General, para solicitar a los oficiantes religiosos católicos oraciones y bendiciones para sus calaveritas.
Las ñatitas en elegantes urnas de vidrio y retablos populares son llevadas a la capilla del cementerio a la vista de sus devotos, quienes a su paso, las coronan con arreglos florares, coca, cigarro y velas, invocando su nombre y solicitándoles una infinidad de deseos.
El tiempo de las calavereas es un tiempo extraordinario de reverencia, culto y creencia en la magia sobrenatural que poseen éstas. Este día, los creyentes que en su mayoría son de sectores populares, migrantes aymaras y mestizos, conjuran las fuerzas de la muerte como medio de afirmación de la vida.
El culto de las calaveras ha generado dos expresiones festivas, el culto individual-familiar y el social-comunitario. El individual que congrega a la familia que posee una ñatita protectora de su hogar y los que poseen más de dos ñatitas que festejan de manera colectiva en el sistema de preste. En el cual se congrega no sólo a la familia, sino amigos, compañeros de trabajo y creyentes que asistenta la fiesta del pasante.






