viernes, 20 de febrero de 2009

El tejido de la Constitución

Una lección importante para guionistas y novelistas es la acertada combinación de tramas y subtramas. Las tejedoras andinas saben de ello, porque sus tramas y subtramas permiten la ejecución de sus maravillosos tejidos. Los pueblos originarios degollaban a sus enemigos porque los cabellos de éstos conservaban los atributos de sus dueños.

Quizá eso pensaban los pieles rojas, que eran cortadores de cabelleras; el mito es tan antiguo que Sansón perdió sus fuerzas cuando lo raparon. Esos cabellos eran amarrados al telar en disposición vertical y se los incorporaba al tejido. La aguja que disponía los hilos de colores en forma horizontal era como la respiración, como el sístole y el diástole que daba vida al tejido capturando los atributos de esos cabellos y encerrándolos entre los cuatro bordes del telar. Cada ida y venida de la aguja tejía una trama o motivo principal y varias subtramas o motivos secundarios para construir el carácter del tejido con los atributos de los cabellos.

Hoy en el mundo andino ya no se cortan cabelleras, pero los tejidos son considerados cuerpos vivos, un espacio en el cual bailan cientos de duendes cuyos atributos benefician al dueño del tejido. Esto es particularmente cierto en las fajas que las mujeres embarazadas tejen para los hijos que esperan. Los envuelven con ellos para que los atributos del tejido vivo penetren en sus cuerpitos y en su ajayu.

La novela y el largometraje son eso: una combinación de tramas y subtramas tejidas con los hilos verticales, que son como las cabelleras de los personajes. La trama principal cuenta la historia principal, pero las subtramas, es decir, las historias secundarias, son las que le dan espesor y profundidad a la novela o al largometraje. En este sentido, un cuento es quizá una trama principal, y punto. En cambio una novela es no sólo la trama principal sino varias subtramas armoniosamente combinadas.

He recordado estas lecturas mientras veía la promulgación de la nueva Constitución este 7 de febrero. Carlos Montenegro hizo una lectura de nuestra historia como una sucesión de géneros literarios. En Nacionalismo y Coloniaje, los capítulos hablan de la Epopeya de la Independencia, del Drama de la construcción de la nueva república, de la Comedia de la oligarquía y de la Novela final. Este último capítulo es la superación de la comedia oligárquica, que tenía los ojos puestos en modelos extranjeros, venidos de España, de Francia, de Inglaterra o de los Estados Unidos. Hasta la moda en el vestir abundaba en mujeres gordas y mestizas vestidas como damiselas parisienses, o bien en cholos bastos y rudos vestidos a la inglesa, o en provincianos lampiños y retacones que se creían hidalgos españoles. En cambio, cuando el país vuelve los ojos sobre sí mismo y se reconoce tal cual es se inicia la Novela, como la combinación precisa y perfecta de la diversidad de tramas y subtramas con las cuales está hecho el tejido nacional, el aguayo o el poncho bolivianos.

La historia oficial, aburrida como una hora cívica, hizo esfuerzos por reducir nuestra historia compleja y verdadera a un relato simple de héroes y batallas y presidentes y manes de la Patria, que usualmente nos lo dicen en el colegio. Las Constituciones anteriores, unas más que otras, consagraron esa trama "principal" como si fuera la única. En esta lógica, el mérito de la nueva Constitución es la dramática combinación de tramas y subtramas con las cuales teje la Novela Boliviana.
* Ojo por ojo es la columna que el escritor Ramón Rocha Monroy publica en LaMalaPalabra.

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