* Luis Zavala Castro
Se puede entender al negro literario como a aquel hombre de letras que vende su pluma al mejor postor, es decir, un tonto útil que a cambio de dinero redacta una obra a gusto y medida del cliente.
En el voraz mundo de las letras bolivianas, los negros literarios en algunas oportunidades pasan completamente inadvertidos, pero llegado el momento tampoco tienen escrúpulos para salir a la palestra pública para asumirse como tales. Sin embargo, por más “mercenario” que sea un escritor, nunca dejará de tener la paternidad intelectual por la obra de su creación, pues los derechos morales no prescriben jamás.
En este sentido, y a modo de un breve “aggiornamento” histórico, propongo remontarnos al 6 de octubre de 1970, cuando el general Alfredo Ovando Candia, presionado por sus camaradas y políticamente desbrujulado, renunció a la Presidencia para que al día siguiente tome juramento el general Juan José Torres González.
Torres nacionalizó y recuperó la mina Matilde, pagando una fuerte indemnización a la Philips Brothers. Expulsó del país al Cuerpo de Paz, dispuso la libertad del intelectual francés Regis Debray, condenado a 30 años de prisión; también durante su Gobierno se instaló la famosa Asamblea Popular a la cabeza de un atípico ex trabajador del subsuelo: Juan Lechín Oquendo.
Pero este proyecto político, en extremo centralista y socialista, se truncaría en 1971 con otro golpe de Estado de tinte fascista encabezado por Hugo Banzer Suárez. Seis años más tarde, en junio de 1976, Torres, quien vivía exilado en Argentina, luego de ser secuestrado apareció muerto en la ciudad de Buenos Aires con un tiro en la cabeza. Y es precisamente uno de los “amplificadores” a sueldo, Martín Sivak, sociólogo, escritor y periodista argentino, quien aparece en escena y cuenta con lujo de detalles este acontecimiento en su libro El asesinato de Juan José Torres.
El también político Jorge Torres Obleas, hijo de “Jota Jota”, fue quien contrató los servicios de Sivak para que éste, a cambio de una buena paga, escriba un libro acerca de las circunstancias que rodearon el asesinato de su padre. En aquel entonces, Torres Obleas era director del matutino Hoy, propiedad de Samuel Doria Medina, y estaba totalmente convencido que fue Banzer el autor intelectual del crimen de su progenitor.
Sin embargo, de manera repentina, el escritor negro Sivak decidió ir por otros rumbos, dando un giro de 180 grados a sus bolsillos y rompió inesperadamente sus relaciones comerciales con la familia Torres porque, en una jugada maestra, tal cual ratifica en la introducción del libro, Franklin Anaya, ministro del Interior de Gonzalo Sánchez de Lozada, le paga con tal de que su libro El asesinato de Juan José Torres sea publicado durante la campaña electoral de 1997 con el claro propósito político de descalificar a Banzer como candidato presidencial.
En agosto de 1997 sellaron un pacto político espurio Jaime Paz Zamora y Banzer, quien, después de siete intentos fallidos y gracias al MIR, se convirtió finalmente en presidente democrático, paradójicamente con el voto pragmático del parlamentario Jorge Torres Obleas.

Otro caso
Años después, hace pocos meses, surgió otra polémica bastante subida de tono en torno a la autoría intelectual de la biografía de Juan Lechín Oquendo; otra típica historia tragicómica que involucra a los negros literarios.
Se trata de Memorias, y El pueblo al poder, dos libros “clonados” que narran en primera persona la vida y milagros de Juan Lechín Oquendo (1914-2001).
El recordado don Juan durante muchos años fue un famoso actor de la politiquería boliviana, archiconocido por su radicalismo y por ser el inventor de las famosas huelgas indefinidas a las que convocaba cuando era secretario general de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (1944 a 1987) o cuando estaba al mando de la poderosa Central Obrera Boliviana (1952 a 1987).
A don Juan se le ocurrió, durante sus últimos años de vida, contratar los servicios del escritor y periodista Nicolás Fernández Motiño para narrar sus amoríos y aventuras políticas, con la perspectiva de publicarlas en forma de libro.
No obstante, Juan Claudio Lechín, hijo del otrora líder sindical, reclama, sin rubor alguno, para sí la autoría de ambos libros (examinar su página web), motivo por el que ha sido duramente cuestionado por Fernández, el “negro literario” de su papá, quien después de ocho años de absoluto silencio ha salido a la luz pública reclamando la autoría y la paternidad intelectual de la obra.
Fernández acusó públicamente al hijo de Lechín de haber usurpado un papel que nunca le correspondió al pretender ser el autor de un libro que nunca escribió, además de haberse embolsillado unos buenos pesitos por la venta del producto.
En otras palabras, Juan Claudio se hizo el pendejo con el trabajo del “negro”, y de paso logró dos ediciones: Memorias, coqueto y costoso mamotreto de 500 páginas que publicó la editorial Litexsa y se vendió a 120 bolivianos, y el mismo libro con el nombre de El pueblo al poder, elaborado en dos tomos y publicado por el periódico La Razón.
Fernández Motiño sostiene, con pruebas en mano y por testigo de descargo, Édgar “Huracán” Ramírez, ex mano derecha de don Juan, que él es el verdadero autor de dicha obra literaria, puesto que durante tres años trabajó ad honorem, indagando la vida del maestro Lechín; afirma, además, que una vez concluido el texto, entregó los originales de buena fe “al crudo de mi hijo”, como solía llamar don Juan irónica y cariñosamente a su heredero.
Juan Claudio rompió con Fernández y lo acusa de falsear la verdad, se atribuye la elaboración del libro a partir de unos borradores “muy mal elaborados” que le habría entregado Fernández Motiño, no obstante de haber recibido dinero de su padre. Y afirma que la denuncia de este negro literario tendría un carácter político, ya que ahora Lechín se ha declarado públicamente opositor a Evo Morales.
Existen algunas coincidencias muy sui generis con el caso Torres. El libro concluye abruptamente con una leve mención que hace Lechín sobre la Asamblea Popular de 1971, y por tanto nunca se llega a saber qué piensa Lechín acerca del golpe de Banzer. También nos hubiera gustado saber por qué Luis Arce Gómez le perdonó la vida a Lechín durante el golpe de García Meza y por qué el atroz agradecimiento que hace en su libro al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada: “Quien siendo mi enemigo político me escondió varias veces”, lo que induce a pensar que el revolucionario mantenía una fluida, así como dinámica relación con la derecha boliviana.
A todo esto, el año 2001, un abrumado don Juan ingresaba al Palacio de Gobierno para recibir el Cóndor de los Andes de manos del general Hugo Banzer.
Una cosa queda clara: Juan Claudio y Jorge, hijos de dos figuras señeras de la política boliviana, iconos de la izquierda, se alinearon a la derecha del espectro político y contrataron a dos audaces negros literarios para que escriban acerca la vida heroica de sus padres, pero estos les salieron respondones y atrevidos, y por tanto todo quedó al descubierto.
* Luis Zavala Castro es sociólogo y analista de la corrupción. El gráfico (Mr. Burns, Homero y los monitos) y el texto fue tomado del suplemento Fondo Negro.