viernes, 30 de octubre de 2009

Verse: Bitácora de creación



* Alejandro Pereyra Doria Medina

Enfrentado y retrasado en mi primera película, habiendo contado la sinopsis unas ciento cincuenta veces, empieza una neurosis leve de tanto necesitar de los demás, empieza el miedo al fracaso y la impotencia de tener que esperar, en suma, la aceptación de todo.


Estos fragmentos de un diario reflejan y comentan el proceso de realización de la película Verse, desde los días previos a su rodaje en 2005 hasta su reciente estreno. Son una indagación o crónica, personal, del "oficio" cinematográfico independiente boliviano.


Hacerse Verse mirar, marzo de 2005

Lluvia preciosa que contemplo, con amargura de presentirte final, otoño seco eres lo más posible para la tercera semana de abril en que empezaré a rodar. Habrá que prestarse lluvia del carro de los bomberos.


Preparar algo para luego hacerlo es como estudiar un cuerpo muerto, tiene algo de engaño que especula, tiende a disecar la vida o a confundirla, cuando, después de mirar el dibujo en la tapa, se lanza de la caja las 5000 piezas del rompecabezas, y todo se mezcla.


Lo importante es mantenerse ligero, para poder recuperar, en cada golpe de cámara, la sensación de algo vivo visto por primera vez. Liberaría el instinto, tan pobre en nuestro cine, el que una producción se ponga al servicio del director y no lo contrario, que es lo que ocurre. Mas es posible que con la suma de artificios se consiga una imagen de verdad. A diferencia de mis amigos de varios años de quienes esperaba alguna colaboración técnica (no puedes culparlos, han pasado mucho tiempo sin deseo), los actores, la gente que de tan buena voluntad ha asistido a los llamados que hice, incluso ha confiado en mí sin saber si era o no una mentira –cuando me acerqué a ellos en la calle, en la noche, para invitarlos a una prueba de cámara, han demostrado unas ganas casi ingenuas, ellos finalmente, no los “amantes de la cultura” sino gente sencilla, han sabido acoger mi idea con sano afán.


Al pensar en la producción, cuando es el mismo guionista el que se encarga de conseguir el financiamiento, resulta muy fácil caer en una desesperante rutina de tornillos que no encajan, de gente perezosa, de horarios múltiples, de cartas inútiles que hacen que para la idea dulce de la película uno esté muy fatigado al terminarse el día. El peligro de esta caída consiste en reducir el guión, o mejor dicho lo que quiere decirse, para simplificar las cosas a una lista de planos incambiables, que aseguren el tiempo en que han de ser filmados. El único éxito estará en la película: que su estilo cinematográfico, a pesar de todas las limitaciones técnicas, sea expresivo, audaz y coherente: ese es un trabajo que puede considerarse provisionalmente exitoso. Me aferró a creer que la verdad es más sencilla. Nada más, en mi caso, que un hombre, una ciudad y una cámara (que aun no tengo).


Se necesita una profunda distancia de lo eventual; me ayuda mucho imaginar que la película la terminé hace dos años. Quiera Dios no tenga que fingirte: mundo de lluvia.


Defenderse Verse mirar: julio de 2006

Cuando Werner Herzog insistió en subir un barco por la pendiente de una montaña (en Fitzcarraldo), nadie, ni siquiera Klaus Klinski, creyó en él. Al final el barco que asciende en la película fue jalado por poderosas máquinas ya cuando todos los actores se habían ido, dos años y medio después del primer día de rodaje. Más cercano y menos documentado, don Jorge Ruiz cuenta cómo conoció a Charlie Smith. Lo llevó a vivir a su casa, lo escuchó atentamente para los fines de semana salir a grabar esa vida en los paisajes bolivianos, si había dinero para comprar un rollo de película. Esta se perdió 30 años. Cuando la encontraron Charlie Smith ya había muerto. Pasaron 20 años más hasta que un profesor de cine en Estados Unidos redescubrió la película (Mina Alaska) y la exhibió al mundo (Hollywood).


Enfrentado y retrasado en mi primera película, rodeado de actores en quienes confío serenamente, acosado por gente que me pregunta: "¿y por qué no busca a alguien más famoso?", habiendo contado la sinopsis unas ciento cincuenta veces, unas ciento cincuenta veces explicado el porqué, el cómo, qué, cuándo, para qué, dónde… empieza una neurosis leve de tanto necesitar de los demás, de necesitar la aceptación de mi obra, la colaboración con mi obra, el miedo al fracaso y la impotencia de no llevar el ritmo porque debo esperar, en suma, la aceptación de todo.


Entonces surge una pequeña campaña en contra de mi película, que me hace susceptible y me vuelve torpe. Debo ver bien los rostros para hacer a un lado a los buenos y al otro mis enemigos: completamente anónimos, amigables en el saludo, rumores de alguien que en un café me llamó "presuntuoso". ¿Debo desdoblarme a ver cómo la gente me mirar, ¿soy su actor?


Malditos envidiosos, lo que pasa es que en esta ciudad nunca pasa nada. Si se les cuenta algo, en vez de ilusionarse se ofenden.


Me voy a Méjico.


Y a las miserables ofertas plagadas de reparos, a los oportunistas que miran en mí a un semejante, a los remitentes de las cartas institucionales "lamentamos mucho... esperamos en un futuro", a los nuevos y viejos ricachos que gastan 100 Sus en carne cada fin de semana, a los pobres que piensan en la manera de vender y entretener y tratar de consolarme creyendo ver en mí a un conformista semejante ¡no gracias! ¡no gracias! ¡no gracias!, y ciertamente resentido –pero ya pasará– ¡non, merci! Quien crea hacerme un favor le aseguro completamente que es al revés, y a quienes tan anquilosados me miran con sonrisa de podrida bondad como a un enfermo: observen, que mi resentimiento es el negativo de mi triunfo, y pasará en el momento en que se apaguen las luces.


Que empiece la película.


Estrenar Verse (sin mirar): marzo de 2009

¿Qué es, después de 5 años, estrenar una película? ¿Qué consecuencia, de qué causa? Yo era un escritor tranquilo, introvertido, inmaduro. Una ley del drama reza: en la búsqueda de su felicidad el personaje construye su desgracia. Dialéctica general que antes de los 25 es difícil de comprender.


Entiendo confusamente la suma de errores que me llevaron a remolcar mí barco por sobre la montaña, mientras veía abajo todo tipo de lanchas a velocidad. Pero no podía ser de otra forma, no para un escritor burgués; yo trataba de ver Verse como una obra de arte, no sabía eso de que, si el arte comercial es una prostituta, el arte no comercial sería una solterona. Y he esperado y he perdido mi fe y he recuperado algo más árido. Mi vida en estos años se ha vuelto luchar contra cada detalle, cada mínima tuerca de la película proyectando en ese mismo horizonte su estreno y sin dejar de sentir esa cosa sin nombre (mordedura de serpiente en la nuca que te hace hablar). Es chistoso cómo nuestros sueños se hacen realidad.


Soy un exagerado. Una amiga revisitada me dijo: bueno, es un gran esfuerzo, pero ha valido la pena (y yo me dije ¿ha valido la pena? Digamos que la incomodidad es un derecho de piso, pero ¿para qué diablos alguien se hace esto? "satisfacción personal…" "decirle algo al mundo"… por favor).


Sigo. Aún no conquisto sencillez.


* Alejandro Pereyra Doria Medina es cineasta. Nota tomada de Nueva Crónica.

jueves, 29 de octubre de 2009

Los falsificadores: sobre exámenes éticos y cine


* Mauricio Souza Crespo

¿Se puede narrar algo que pone en duda el mismo gesto narrativo? ¿Cómo crear personajes desde una situación en que la categoría de "personaje" carece de sentido? ¿Cómo proponer la inscripción de "decisiones éticas" en un lugar en el que esas decisiones son imposibles?

Uno: Un campo de concentración nazi es también una locación de cine. Así como los subgéneros cinematográficos arcaicos tenían la suya: la nave espacial en la ciencia ficción, la "calle principal" en el western, el coliseo en la cinta de romanos, las avenidas de la gran ciudad en el policial o la saga de superhéroes. En esas locaciones se ubican héroes y enemigos, se sugieren tensiones y se narran sacrificios o crímenes desencadenados por dilemas éticos.

Dos: Lo mismo debería ocurrir con el subgénero que nos ocupa: el "drama de campo de concentración nazi". Y, sin embargo, se sabe que estos dramas se enfrentan a una dificultad: ¿qué hacer con horrores que, al ser representados, terminan siendo falseados de alguna manera? O, en otras palabras, ¿se puede narrar algo que pone en duda el mismo gesto narrativo? ¿Cómo crear personajes desde una situación en que la categoría de "personaje" carece de sentido? ¿Cómo proponer la inscripción de "decisiones éticas" –centro de todo drama– en un lugar en el que esas decisiones son imposibles?



Tres:
No es casual que las mejores películas sobre los campos de exterminio nazi sean dos documentales: uno corto, Noche y neblina (1960, 32 min.) de Alain Resnais; y uno largo, Shoah (1985, 566 min.) de Claude Lanzmann. Ninguno de éstos se entrega a la pretensión de construir un relato (melo)dramático desde simplificaciones narrativas que son, al mismo tiempo, éticas. Es más: en ambos casos, se reconoce la imposibilidad formal de hacer del holocausto una "historia" (con buenos y malos, monstruos y humanos, etc.). Para Resnais, el exterminio sólo puede ser el principio de una reflexión política sobre la memoria, reflexión que deliberadamente contamina su presente: la brutal ocupación francesa de Argelia. De ahí que insista en hablar de 9 millones de "deportados" a los campos (y no sólo 6 millones de judíos: en los campos murieron tres millones de otros indeseables; comunistas, gitanos, etc.). Lanzmann es incluso más radical: en las casi 10 horas de Shoah (un monumento de la historia del cine, si los hay) no usa un solo fotograma de archivo. Reconstruye el horror y su complejidad política-culturaI desde la memoria de testigos, sobrevivientes de los campos y ex nazis. Las ruinas vivas de la memoria, en suma.

Cuatro: La película Los falsificadores, dirigida y escrita por el austriaco Stefan Ruzowitszky, ganó el último Osear a la mejor película extranjera. Es un "drama de campo de concentración nazi". Su protagonista, SaIly Sorowitsch, es un maestro de la falsificación (de dinero, documentos, cuadros). Es detenido por el oficial nazi Friedrich Herzog y enviado a un campo austríaco, donde gracias a sus habilidades (como retratista y pintor), sobrevive buena parte de la guerra. Hasta que, en 1944, es trasladado a un campo cercano a Berlín. Su viejo némesis, Herzog, lo recluta para la Operación Bernhard: un ambicioso plan de falsificación de dinero destinado a desestabilizar las economías aliadas (la británica primero, la estadounidense después). Herzog, un estereotípico "buen nazi", arma un equipo de "estrellas" de su oficio y las trata bien (comidas regulares, buenas camas, duchas los domingos, ropa civil, mesa de ping pong). Segregados del resto, los operarios de la Operación Bernhard son testigos sólo indirectos de las atrocidades visitadas en los prisioneros de un "típico" campo de concentración: los privilegiados imaginan el horror a partir de rumores, gritos, el ruido de tiros que llegan del otro lado de las paredes que los protegen. En este detalle quizá radique el secreto de la efectividad de la película: sus personajes están más cerca de nosotros que de ese resto, casi irrepresentable, de los campos de exterminio. Nosotros, como los "prisioneros privilegiados" del filme, también estamos protegidos.

Cinco: Los Falsificadores evita las desgracias del subgénero; las manipulaciones emocionales a la manera de la Lista de Schindler o La vida es bella, por ejemplo, con sus monstruosos nazis y sus "seres humanos que conservan su humanidad pese a todo". Es una película cuyo examen ético (el "¿qué haría Ud. en esa situación?" del subgénero) elude las simplicidades, cuasi fascistas, del cine hollywoodense. Pregunta en cambio lo siguiente: ¿Hasta qué punto es un valor el sobrevivir a toda costa? ¿Vale la pena mantenerse vivo en una situación de injusticia atroz? ¿Y si mi sobrevivencia individual, y colaboracionista, ayuda a la maquinaria del exterminio? Preguntas que, claro, son generalizabas en la medida en que, ahora mismo, sobrevivimos y "colaboramos" en medio de injusticias atroces.

Seis: La película se acerca a los estereotipos, ya gastados, del género: el "buen nazi" cínico y acomodaticio, el "nazi subordinado" bestial, el viejo judío respetable que se atiene a un código fuera de lugar, el joven idealista (y comunista) que decide resistir, el pragmático malandrín que termina haciendo el bien. Pero estos estereotipos, casi hasta el final de la cinta, no conducen sino a la ambigüedad: el "buen nazi" es a su manera un doble del "judío pragmático" (los dos " descreídos sobrevivientes a toda costa"), el idealista pone en peligro la vida de sus compañeros (sin que la utilidad de ese idealismo sea evidente más allá del aplacamiento del sentimiento de culpa); y el malandrín que hace el bien lo hace por los peores motivos (fidelidad al "camarada"). Y lo que queda claro no sólo es la dificultad sino el simple absurdo de toda decisión ética en este contexto. Decía Primo Levi, un sobreviviente, que en los campos "los peores, es decir, los más aptos sobrevivieron". Lo que habla sin duda de una sobrevivencia que difícilmente puede ser convertida en un valor ético: allí donde la fuerza, la abyección y el azar reinan, hablar de "valores humanos" es una impertinencia.

Siete: Y es que la ética, esa rama reaccionaria de la filosofía, no viene al caso: se apoya en categorías formales de la tradición liberal burguesa (el "individuo", la "conciencia", la "decisión", la "naturaleza humana") que en situaciones de excepción (coloniales, genocidas) demuestran su escandalosa banalidad.

Ocho: Se supone que Los falsificadores está basada en "la historia real". La cinta parte del libro de memorias del joven comunista (Adolf Burger) que se resiste, un tanto, a colaborar. La Operación Bernhard existió y, más que saboteada, fue interrumpida por el fin de la guerra. Y el protagonista, Sally Sorowitsch (interpretado a la perfección por Karl Markovics), emigró a la Argentina (donde al parecer hizo mucho dinero en lo suyo: falsificando).

Y medio: Esta es una película del 2007. Llegó a circuitos mayores de distribución gracias al Osear a la mejor película extranjera. Se proyectó en una sala, la más pequeña de la Cinemateca Boliviana, en una única función diaria. De paso, en una sala mal diseñada (en la que es imposible leer subtítulos porque los asientos mismos tapan esa parte de la pantalla).

* Mauricio Souza Crespo es periodista y catedrático universitario. La nota fue tomada de Nueva Crónica




domingo, 18 de octubre de 2009

Las guerras de los hijos de Warisata

* Richard Sánchez

El comienzo fue en Warisata es un documental que rescata las voces de los ancianos que reconstruyen la historia de aquellos ex combatientes de la Guerra de Chaco (1932) y a la vez las articula con aquellos que empuñaron nuevamente los fusiles en la Guerra del Gas (2003). El epicentro es Warisata, a diez kilómetros al norte de Achacachi donde se fundó la primera escuela ayllu de Bolivia, donde los indios aprendían a leer y a escribir clandestinamente porque ese privilegio era sólo para los patrones.

Y es ahí donde nos traslada la cámara de David Busto, el director del documental de 75 minutos, para hablar con don Basilio Quispe Churata, responsable del Museo Pedagógico de Warisata y memoria de su comunidad. Don Basilio, de 84 años, más se asemeja a un periodista que va buscando historias para que el espectador reconstruya esa historia parca que se nos contaba a través de los libros de historia, pero también para comprender ese mundo andino, hoy en día tan estigmatizado.

Algunos testimonios, mezclados en aymara y español (tranquilos, los diálogos aymaras sí tienen traducción a diferencia de Zona Sur), nos trasladan a las épocas de las primeras revueltas indígenas a cargo de Tupac Katari, los castigos de los patrones, las heridas físicas y espirituales que dejó a toda una generación la Guerra del Chaco, la promesa de una vida mejor que llegó con la Reforma Agraria y los “vivas” que daban los campesinos al “doctor Víctor Paz Estenssoro”. Y también sirve de excusa porque en esa misma región, que parió guerreros para una guerra de la que ni siquiera entendían en la década del 30, sea el primer escenario de la Guerra del Gas, que el 2003 costó más que la presidencia a Gonzalo Sánchez de Lozada. En realidad marcó el inicio de un proceso que ahora lo estamos viviendo en el campo político, social, económico y cultural.

Por eso es que muchos ancianos dan las gracias a Elizardo Pérez y Avelino Siñani, fundadores de esta escuela, pues les dotó de las mismas herramientas para decir basta a los patrones y echarlos de sus tierras. Quizás por ello el afán de don Basilio (nieto de Avelino Siñani) para recuperar esta historia que se va perdiendo cada vez que muere un anciano.

El comienzo fue en Warisata es una coproducción de 2008 entre Bolivia, España y Venezuela filmada, con el respaldo de Conacine, y, según el director vasco David Busto, es la primera entrega de un proyecto más ambicioso que, bajo el título Los héroes del gas y desde 2004, acumula 160 horas de material fílmico con entrevistas a beneméritos de la Guerra del Chaco.

Esta cinta fue estrenada el 2 de mayo en la competición oficial de Documenta Madrid y acaba de obtener el segundo premio al Mejor Documental en el Festival Internacional de Cine de Bogotá, en competencia con otras 25 obras. Obtuvo, además, el Premio Bolivia en el Festival de los Pueblos Indígenas (Valparaíso, Chile). A octubre de 2009, también fue seleccionada para participar en el London Latin American Film Festival, el Festival El séptimo ojo (Sucre), el Fenavid (Santa Cruz) y la muestra Doc Bol del Museo Nacional de Etnografía y Folklore de La Paz. La película ya se vio en Sucre y su estreno fue en la misma población de Warisata el pasado lunes 12 del presente.

Actualmente El comienzo fue en Warisata se exhibe en la Cinemateca Boliviana en La Paz y para concretar exhibiciones en otras ciudades del país –siempre de forma gratuita porque el director dice que esta película es de todos los bolivianos– pues puede contactarse con David Busto al teléfono 740-48074 o en el correo electrónico: davidbustoper@yahoo.es.

SINOPSIS

El 20 de septiembre de 2003, de madrugada, los soldados asaltaron la comunidad aymara de Warisata. Los muertos de Warisata prendieron la Guerra del Gas, una insurrección indígena que derrocó al presidente e inauguró un nuevo tiempo político en Bolivia.

Un anciano de 84 años, don Basilio, recorre ahora los caminos de Warisata preguntando a los más mayores de la comunidad cómo era la vida antes, en tiempos de los patrones.

FICHA TÉCNICA

Dirección: David Busto Izquierdo
Guión: David Busto I.
Elena Arroyo Serrano
Fotografía: Carlos Crespo V.
Sonido directo: Francisco Escobar
Ayudante de dirección: Soledad Domínguez L.
Jefa de producción: Victoria Guerrero
Montaje: Elena Arroyo Serrano
Productoras: Amazonia Films
Imagen Propia srl
Intermedia Comunicación Visual
Producción: Verónica Córdova S.
David Busto I.
Fernando Gil C.
Fernando Vargas
Producción ejecutiva: Verónica Córdova S.
Producción delegada: Raquel Romero
Traducción aymara-español: Rodolfo Huañapaco Catari
Luis Titto Sola
Simón Chávez Poma

Concurso del relato breve Tinta Fresca (convocatoria)


PRIMERA VERSIÓN DEL CONCURSO DE RELATO BREVE TINTA FRESCA

Con el objetivo de promocionar a escritores jóvenes e incentivar la creación literaria, la revista Alejandría y el blog Urbandina (http://urbandina.bo.vg) convocan al Concurso de Relato Breve “Tinta Fresca”, de acuerdo a las siguientes bases:

PARTICIPANTES
Podrán participar personas de cualquier nacionalidad que no hubieren cumplido 30 años hasta el cierre de esta convocatoria, con relatos escritos en castellano, originales, inéditos y que no estén pendientes de fallo en otro certamen. Los concursantes asumen la responsabilidad por la autoría de los textos presentados.

OBRAS
El tema es libre y cada participante podrá presentar dos originales como máximo. La extensión de los relatos no deberá sobrepasar los 4500 caracteres ni ser inferior a 2500 (con espacios incluidos), escritos en página tamaño carta, con interlineado doble y tipo arial o times (punto 12).

PRESENTACIÓN
Los relatos se presentarán a través de correo electrónico, observando las siguientes indicaciones:

  • En el asunto (subject) del mensaje debe figurar:

CONCURSO TINTA FRESCA – PSEUDÓNIMO

  • En el cuerpo del mensaje:

TÍTULO DE LA/S OBRA/S

  • Un archivo adjunto (formato “doc” u “odt”) con el texto concursante (en caso de ser dos, se deberá adjuntar los cuentos en archivos separados), cuyo nombre debe ser:

TÍTULO DE LA OBRA – PSEUDÓNIMO(.doc)(.odt)

  • Otro archivo adjunto con los datos del concursante (nombre, apellidos, documento de identidad, dirección, teléfono y correo electrónico), cuyo nombre debe ser:

PSEUDÓNIMO(.doc)(.odt)

PLAZO
Los relatos deberán enviarse a
urbandina@gmail.com, hasta el 31 de diciembre de 2009, impostergablemente. Urbandina enviará un mensaje a los concursantes confirmando la recepción de los relatos (si, pasados tres días del envío, el concursante no recibe esta confirmación, deberá volver a mandar sus relatos).

JURADO
El jurado estará conformado por un representante del Centro de Formación Literaria “Onelio Cardoso” (Cuba), un representante de la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés, un representante de la revista Alejandría, un representante de Urbandina, un escritor boliviano y un narrador latinoamericano. Las identidades de los mismos (así como sus datos bio-bibliográficos) serán dadas a conocer una vez dictaminado el fallo.

Además, un séptimo voto corresponderá a los resultados de la votación en línea realizada por los lectores de Urbandina (http://urbandina.bo.vg).

FALLO
El jurado seleccionará tres relatos finalistas, de entre los cuales determinará al ganador del concurso.

El fallo del jurado se hará público el
1 de febrero de 2010, a través de Urbandina y otros espacios virtuales. Asimismo, el ganador y los finalistas serán notificados oficialmente por Urbandina, vía correo electrónico.

Dado que su objetivo es la promoción de nuevos escritores y el fomento a la creación literaria,
este concurso no podrá declararse desierto.

PREMIOS
Se concederá un premio único de 500 USD (quinientos dólares americanos) al relato ganador.

Tanto el relato ganador como los finalistas recibirán diplomas de reconocimiento, lotes de libros y la colección completa de la revista Alejandría.

El relato ganador y los finalistas serán publicados en la revista Alejandría, como también en Urbandina (donde además pasarán a integrar, “en destaque”, la biblioteca virtual).

La ceremonia de premiación tendrá lugar en la ciudad de La Paz, el 7 de febrero de 2010. En caso de que el ganador (o los finalistas) no resida en La Paz, se le enviarán sus premios vía correo postal y giro bancario.

VOTACIÓN EN LÍNEA
Los relatos concursantes se publicarán en Urbandina (el primer párrafo para lectura en línea y el texto íntegro para descarga), según el orden de recepción, el 1 de enero de 2010, de modo que los lectores puedan emitir su voto por los tres relatos de su preferencia.

El voto de los lectores de Urbandina se realizará a través de la casilla de comentarios, en la página del concurso. Sólo se admitirá votos de lectores que indiquen su nombre completo y correo electrónico. Para este fin, los comentarios serán habilitados desde el 1 hasta el 31 de enero de 2010.

El resultado de la votación en línea será tomado en cuenta como un séptimo voto en la decisión del jurado.

Los concursantes no podrán promover la votación por sus relatos de ninguna manera, por ningún medio.

OTROS
Dependiendo del número de relatos recibidos, los organizadores se reservan el derecho de conformar un comité de pre-selección, invitando a especialistas en corrección de estilo para que evalúen aspectos específicamente formales (gramática, ortografía, etc.).

El jurado tiene la potestad de resolver cualquier cuestión que no hubiese sido contemplada en esta convocatoria.

El hecho de participar en este concurso supone la cesión de los derechos de autor para la edición y publicación de las obras que resultaren finalistas durante un lapso de seis meses (hasta el 31 de julio de 2010), después del cual, los autores quedarán en libertad de publicar sus obras por cualquier medio.

Los relatos que no resultaren finalistas serán borrados de Urbandina un día después de emitido el fallo del jurado.

Cualquier consulta sobre las bases del concurso podrá hacerse escribiendo a urbandina@gmail.com o visitando Urbandina (http://urbandina.bo.vg).

La participación en este concurso supone la aceptación de todos los puntos de la convocatoria, del mismo modo que el incumplimiento de alguno de ellos supone la descalificación inmediata.

AUSPICIAN
Embajada de Italia en La Paz, Centro de Formación Literaria Onelio Cardoso, Editorial Gente Común y Productora Tres Tribus.

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