lunes, 15 de marzo de 2010

Ya basta de impunidad


* Pablo Barriga Dávalos

Es difícil creerlo. Nuestro Gobierno puede obligar a las Fuerzas Armadas a gritar Patria o muerte, venceremos!, pero no es capaz de darle al Alto Mando Militar una señal firme con respecto a las investigaciones sobre el paradero de los desaparecidos, una señal clara, una señal que diga: ya basta de impunidad. Esta falta de capacidad, esta falta de voluntad, no debiese ser sólo un tema de sobremesa, de café. Este asunto debería preocuparnos a todos, y debería preocuparnos mucho: al no darles la señal correcta, el gobierno está, voluntariamente o involuntariamente, reforzando el daño que las autoridades militares le están haciendo a la democracia boliviana.

¿Cómo es posible que nuestro Gobierno, ampliamente legitimado por el voto popular, en un momento de hegemonía política, sin amenazas internacionales, no tenga la voluntad para acometer este gesto de moralidad democrática? Hay ejemplos cercanos, los de Argentina y Brasil, de lo que puede suceder cuando se está determinado a hacer justicia, cuando se está determinado a castigar los crímenes de las dictaduras. ¿Cómo puede ser que nuestro gobierno, que ha hecho del cambio uno de sus principales premisas, repita prácticas autoritarias y no sea capaz de ponerle un alto a la impunidad?

En los últimos 25 años, las Fuerzas Armadas han respetado el orden constitucional y, al hacerlo, han mostrado su compromiso con la democracia boliviana. Pero esto no es suficiente. Las Fuerzas Armadas deben sujetarse a la ley, que es de otra forma de decir, deben sujetarse a la voluntad popular. Al no obedecer claramente la ley, las autoridades militares protegen, directa o indirectamente, a los criminales y a los matones que asesinaron a Marcelo Quiroga, Carlos Flores y tantos otros. Al obstaculizar las investigaciones del fiscal, las autoridades militares se ponen por encima de la ley, de la voluntad popular. Al hacerlo dañan nuestra democracia, la erosionan. Y nuestro Gobierno, con sus declaraciones arrogantes e intimidatorias, socapa esta erosión.

El daño no es, sin embargo, definitivo. Todavía se puede repararlo. Si las Fuerzas Armadas pueden cambiar su lema, cambiar sus insignias y uniformes, también pueden cambiar sus remanentes dictatoriales. Sólo hace falta voluntad política. Todavía hay tiempo para mostrarle a los bolivianos que su gobierno no ha perdido su impulso democrático, que no olvidará sus promesas de campaña. Eso es lo que yo espero, al menos, de nuestro gobierno, un gobierno por el que voté, un gobierno al que apoyo. Ya basta de homenajes simbólicos, ya basta de homenajes falsos, ya basta de impunidad.

* prbarrig@fas.harvard.edu

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