miércoles 31 de marzo de 2010

Sin derecho a indulto


Autor: Al-Azar. Tomado del semanario Pulso.

martes 30 de marzo de 2010

Comprando marihuana en la tele


* Rubén D. Atahuichi López

Una noche, hace unos años, para constatar que un promontorio de tierra en media calle de Santa Cruz era un peligro para los vehículos, la Red Uno colocó una de sus cámaras de manera furtiva cerca del lugar. Fueron varias tomas, en las que se veían cómo los coches se topaban o daban tumbos como consecuencia del impacto contra el montón de tierra. En una de ellas, en el fondo de la grabación, se escuchaba una voz que decía algo así como “¡tenemos la toma!”.

En otra estación de televisión, también en Santa Cruz, un periodista azuzaba a la gente para que quemaran a un supuesto delincuente, con tal de tener las imágenes. En septiembre de 2009, un reportero de la red Unitel arengaba contra los militares en una trifulca en el aeropuerto de Cobija, posterior a la “masacre de Porvenir”.

Hace poco, una radioemisora reprodujo una entrevista de otro canal en la que el periodista le preguntaba a Sixto Nolasco, el polémico modisto de No somos ángeles (Red Uno), sobre si alguna vez se masturbó y si también lo hizo pensando en el Vicepresidente de la República. El susodicho dijo que no sobre lo último, aunque confesó estar enamorado del aludido.

Con ciertos matices, y con el paraguas de la libertad de prensa o la libertad de expresión, de esas escenas se ven todos los días en la televisión nacional. No les será difícil encontrarlas haciendo una breve zapping.

La noche del martes 16 de marzo, Sissy Añez comenzó su programa No mentirás, de la Red PAT, con algo sorprendente. Inmediatamente pensé que lo que hacía la presentadora era apología, contra la ética del oficio o, simplemente, incorrecto. Ella se justificó diciendo que lo que hacía era alertar sobre el libre comercio y consumo de la marihuana en el país.

Comenzó la revista mostrando una bolsita de marihuana. Sin desparpajo alguno, admitió que la compró sin problemas y a “sólo” 10 bolivianos. Es más, comentó que PAT La Paz hizo lo mismo en la ciudad de La Paz.

Para el susto, por lo menos en mi percepción. No por la denuncia (incluso dijo que la idea no era para que persigan a quienes venden la droga) en sentido del comercio libre de las hojitas, sino porque los periodistas de ese programa se han dado la libertad de comprarlas y luego jactarse en televisión de haberlo hecho sin problemas. ¿O estamos tan acostumbrados a estos dislates periodísticos que ya nos resultan indiferentes?

Por principio, los periodistas estamos obligados a conseguir información por medios lícitos, como dictan nuestros códigos de ética, y un medio lícito no implica comprar marihuana aunque de la manera libre y fácil, ni de manera clandestina, como lo hizo No mentirás.

Y revisando el artículo 79 de la Ley 1008, del Régimen de la Coca y Sustancias Controladas, presumo que el caso es grave: cometen ese delito “los que de manera tendenciosa, falsa o sensacionalista hicieren por cualquier medio pública apología de un delito (…)”. No mentirás admitió haber comprado marihuana, mostró la bolsita y tiene las imágenes.

Pues, a lo mismo: es hora de comenzar a reflexionar sobre esas actuaciones, partiendo por releer y cambiar la vieja Ley de Imprenta, que, sobre el caso, y sin referirse a la televisión (recuerden, sólo habla de impresos), dice que implica un delito contra la sociedad; es que provoca “la perpetración de algún delito”.

¿Quién se ocupa ahora de esto?

* Rubén Atahuichi es periodista y comunicador. Nota publicada en Erbol.

jueves 25 de marzo de 2010

Una hamaca que viaja al infinito


* Leandro Marques

La realidad de los datos informa que en América del Sur la industria cinematográfica sólo pudo desarrollarse –no idealmente, por cierto– en las principales potencias del continente, Argentina y Brasil, quienes a pesar de las dificultades económicas y de recursos para llevar a la pantalla grande producciones propias, cuentan con una historia y un presente de grandes hombres y muchas películas. Por citar dos ejemplos, Glauber Rocha en Brasil y Leonardo Favio en Argentina son hombres que hicieron del lenguaje cinematográfico una voz cultural imprescindible (es más que necesaria la aclaración de lo injusto e irresponsable de los ejemplos, porque en Argentina, al menos, habría que mencionar a generaciones enteras de nombres y grandes estrellas que fueron partícipes de una historia cargada de matices y desbordante de cine).

Teniendo en cuenta esta introducción, se hace imperativo recalcar el valor de “La hamaca paraguaya”, producción con origen principal en Paraguay. Las películas son de alguna manera relatos que presentan los modos de ser y de vivir de las diversas culturas del mundo, y, desde este punto de vista, podría decirse que de este país americano se sabe muy poco. El presente largometraje, premiado en Cannes (premio de Fipresci) y en Bélgica (premio Edad de Oro en el Festival de Cine Europeo de Bruselas), cuenta además con la particularidad de que ofrece la mirada de una mujer, su directora, Paz Encina. Si Paraguay no se destaca justamente como país productor de cine, muchísimo menos frecuente todavía es que uno de sus filmes sea producto del trabajo e ideas de una mujer.

«No somos como el resto de los latinoamericanos, no somos como los argentinos o como los mexicanos. Somos un pueblo silencioso, callado». Estas palabras que alguna vez Encina enunció ante la agencia AP son toda una carta de presentación. En efecto, “La hamaca paraguaya” irradia de principio a fin una luminosa serenidad y simpleza. Predominan los colores y texturas tenues. Los planos son pocos, bien extendidos en el tiempo, siempre fijos y casi siempre alejados de la imagen que capturan, como para garantizar la idea de una mirada con perspectiva, potenciando la riqueza visual del film. La historia propone la idea de una invisibilidad inalcanzable, inmaterial. Dos personajes que a veces charlan entre sí, o que simplemente están callados, uno al lado del otro. Bosque como contexto. Calma general.

Los protagonistas suelen estar sentados sobre una hamaca paraguaya, una lona sólida y ancha sostenida entre dos árboles –ideal para descansar y gozar del placer del cuerpo en postura horizontal–, que se transforma para el film en el objeto concreto que conduce eternamente a ningún lugar. De fondo, brotan los sonidos de una perra quejosa y de la naturaleza en general. Cada elemento del lenguaje, fotografía, efectos sonoros, puesta en escena y organización del relato, se conjugan entre sí para construir una atmósfera calma y a la vez envolvente e interpelante. Ante cada secuencia, que es larga y paciente, el espectador puede verse seducido e inducido tenuemente a la reflexión: casi sin querer, sin proponérselo, probablemente se encuentre atravesado por las más diversas reflexiones. “La hamaca paraguaya” permite viajar desde la quietud. La cinta se plantea en otros tiempos, trata de trascender la idea de información y de vértigo para dejarse atrapar por la suave caricia de la contemplación.

Los personajes, marido y mujer, campesinos, son casi ancianos. Ellos esperan a su hijo, que una vez se fue como soldado a la Guerra del Chaco –enfrentamiento entre Paraguay y Bolivia, en el año 1935, por la disputa de unas tierras–, y todavía no ha regresado. El film, entonces, aborda y hace presente su ausencia a través de recuerdos hablados, de pequeñas conversaciones entre los protagonistas, de ellos entre sí o de cada uno consigo mismo pensando en voz alta. Muchas veces surge en la superficie visual el sentimiento de resignación, pero casi siempre ella está presente al menos implícitamente, escondida detrás del optimismo o pesimismo que marido o mujer eligen adoptar como discurso. Como postura. Como filosofía. O como la manera que tienen a mano para enfrentar lo que les queda de vida.

La directora elige un registro seco y a la vez cargado de sensibilidad para retratar el dolor e invocar con sutileza el absurdo de la guerra. De todas maneras, la película es más que nada una ventana hacia la concepción de un tiempo infinito. De una espera sin fin. Lo bueno de “La hamaca paraguaya” es que es un film chiquito, bello de mirar, no pretencioso, cálido casi siempre. Tal vez necesite apelar demasiado a la palabra para comunicar, en lugar de vaciarse para dejarse completar a través de los silencios o de imágenes que hablen por sí mismas. En definitiva, Encina, con mucho talento y personalidad, decidió construir una obra que describa su mirada sobre algún punto de Paraguay y de los paraguayos. Pero no por eso se olvidó de proponer un punto de vista acerca de los padecimientos del hombre en general. En todo este proceso creativo e ideológico, además, reflejó con firmeza sus elecciones vinculadas a las formas que el cine puede proponer como lenguaje. Casi demasiado para un ópera prima.

* Leandro Marques es crítico de cine. Nota tomada de LaButaca.net. La Hamaca Paraguaya se proyecta en la Cinemateca Boliviana.

martes 23 de marzo de 2010

¡Patria o muerte!



* Andrés Gómez

Los mayas tenían un dios de las palabras porque creían que éstas eran tan poderosas que creaban realidades. Nombraban las cosas y les daban existencia. Era como el Verbo de los católicos que dio origen a la materia traducida en el mundo. Hoy todavía se discute si las palabras dieron origen a las cosas o las cosas a las palabras. Es más que el dilema del huevo o la gallina, pues ambas no serían nada sin las palabras. Evo Morales confía en ese poder de las palabras y ordena a las Fuerzas Armadas cambiar su viejo slogan: ¡subordinación y constancia! por ¡Patria o Muerte, venceremos!

El Presidente cree que la inteligencia militar sufrirá un embrujo a través del lenguaje. Pero no sólo eso, sin proponérselo ha dejado al descubierto que las Fuerzas Armadas no son tan patriotas o no lo fueron, y no estaban ni están dispuestas a morir por la Patria, que en términos del gran “Tambor” Vargas somos todos los que vivimos en un territorio y amamos su independencia. Necesitan gritar el nuevo slogan para amar a la Patria, en los términos descritos por Nataniel Aguirre en Juan de la Rosa. Dicho de otro modo, la presente coyuntura requiere militares dispuestos a dar su vida para que tenga que vivir la patria como lo dieron Luis Espinal, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Federico Escóbar Zapata, Tomás Katari, César Lora y muchos otros.

Pero no basta un slogan para cambiar la estructura mental de los militares bolivianos, que todavía creen que la principal hipótesis de guerra es con Paraguay o Chile cuando el gran peligro es Estados Unidos. No me lo contaron, me instruyeron de ese modo (claro que no les creí toda la fanfarria) en el cuartel, donde conocí instructores que cantaban con profunda devoción la marcha: “boinas verdes” y se sentían orgullosos de ser herederos de los rángers estadounidenses y admiradores del Ejército Alemán Nazi.

Si tanto importan las palabras, el próximo paso de la descolonización castrense será cambiar los nombres de dos cuarteles que ostentan nombres del imperio: Ranger de Challapa (24 de Infantería) y Ranger de Montero (12 de Infantería). El primero tendrá que llamarse Tomás Katari y el segundo Apiaguaki Tumpa. En aquellas unidades se formaron, con asesoramiento de USA, los militares bolivianos que combatieron al Che Guevara, cuyo grito (Patria o muerte) es hoy adoptado por el ejército que lo venció.

Y como las Fuerzas Armadas son el pueblo uniformado -también decían eso García Meza y Banzer- deberán dejar de impartir a los soldados la estrategia de asalto a las localidades sobre escenarios construidos a imagen y semejanza de los campamentos mineros o barrios populares donde viven los proletarios comunistas, todavía enemigos de la Patria en el imaginario de algunos jefes militares. Será mejor que armen escenarios de desarrollo de localidades e impartan estrategias de combate contra la riqueza ilegal.

A partir de ahora chau Escuela de las Américas –centro de formación estadounidense de los más sanguinarios dictadores–; el próximo centro de capacitación y formación militar debe ser Vietnam, la tierra de Ho Chi Minh. ¿Para qué? Para aprender todas las estrategias que utilizaron los valientes vietnamitas para derrotar al ejército estadounidense a tal punto de causarles un trauma histórico y hacerles soñar con Rambo.

Posteriormente, el siguiente paso será exorcisar a los militares para que dejen de ver a “los civiles” (o “civilachos”, como suelen decir con desprecio para referirse a ese pueblo no uniformado) como enemigos de la Patria y empiecen a tomarlos en cuenta como su principal fuerza y energía espiritual.

Obvio, es inconcebible ver a los militares sin marchas, desfiles y bandas. Entonces, pronto deben dejar de interpretar marchas prusianas, nazis, estadounidenses; llegó la hora de desfilar con canciones patrióticas bolivianas y latinoamericanas. No alcanzarán “La Patria”, “El Cóndor Pasa” o la marcha de los Colorados. La escuela militar de música deberá crear o recopilar otras.

El uniforme es fundamental. A quemar se ha dicho el uniforme nazi de la Segunda Guerra Mundial. Llegó el momento de vestir ropa con características bolivianas. No basta la Whipala sobre el mismo uniforme.

Y para el final viene lo más difícil. Cambiar la estructura mental militar para que no tenga razón George Orwell cuando escribió: “no latía en su cabeza ni un solo pensamiento que no fuera un slogan”.

El país no quiere unas Fuerzas Armadas que sean puro slogan y que disfracen su pensamiento en el nuevo lenguaje. Tampoco le agrada mucho un Capitán General que ordene adoptar un slogan socialista, pero no tenga el valor de ordenar que devuelvan los restos del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz y de los dirigentes Juan Carlos Flores y Renato Ticona. Las palabras reflejan el pensamiento, pero un pensamiento es mejor reflejado por los hechos.

* Andrés Gómez Vela es periodista y director de Erbol. Su blog es Rimaypampa.

lunes 22 de marzo de 2010

Treinta años con Espinal

Obra de Gastón Ugalde.

* Lupe Cajias

Es difícil de asimilar: ¡30 años! Es el equivalente a una generación que se calcula cada cuarto de siglo. Es casi la misma cifra del proceso democrático que se desarrolla en Bolivia. Es pasar desde la oscura década de los ochenta —casi inservible para los países con menor ingreso relativo— al modelo económico liberal, a la explosión indígena, a la conquista de gobiernos revoltosos en casi toda la América Latina y el Caribe. Sin embargo, son sólo un puñado de años en la historia larga de los pueblos colonizados que luchan por su autodeterminación desde hace cinco siglos.

En ese contexto hay figuras que no envejecen, que no se traicionan a sí mismas ni a sus principios, que no se agotan en el combate ni en el recuerdo, que no se secan en la sangre o en las tumbas, que no desaparecen porque son cientos que las mantienen vivas en la memoria.

Una de ellas es la del cura catalán, jesuita y crítico de cine, austero y juvenil, disciplinado y lleno de humor, comprometido y gustoso de la comida boliviana, tranquilo y feroz. Luis Espinal Camps escogió vivir y morir por un pueblo que no era el de sus padres, de sus antepasados, una nación casi clandestina, en construcción.

En estos días oiremos, leeremos, asistiremos a muchos homenajes y recordatorios. Son treinta años de su martirio, treinta años de su sacrificio, de las torturas, del calvario personal desde Miraflores al matadero municipal en Achachila, desde el este de la ciudad al norte ensombrecido.

Sus colegas y amigos jesuitas preparan rezos y plegarias. La Iglesia católica lo tiene presente, aunque en una época muy diferente. No es la misma Conferencia Episcopal que se plegaba a la lucha popular con Monseñor Jorge Manrique a la cabeza. No es igual la Confederación de Religiosos y Religiosas y tampoco hay tanta vida en las Comunidades de Base como en la época de Espinal. Es más, algunos sacerdotes lamentan que la actual es una Iglesia del silencio, alejada de los pobres.

También lo recordaron en Derechos Humanos, aunque también la Asamblea que él ayudó a fundar y a consolidar, ha enfrentado diversas crisis internas y a pesar de los esfuerzos de sus militantes más antiguos ya no es la referencia impecable de los tiempos de más combate y de mayor independencia política.

Los periodistas confrontan otras discusiones aunque tanto se nombre a Luis Espinal. No es el mismo debate de los años setenta, ochenta, cuando se tenía la utopía de un nuevo orden informativo, no sólo para dar voz a los sin voz, para publicar lo que la gran prensa silenciaba, sino para la práctica de la ética personal cotidiana y la estética de la palabra precisa, correcta.
Obra de Walter Solón Romero.

Los compañeros del Semanario “Aquí” tomamos diferentes rumbos, quizá Espinal nos hubiese criticado, censurado, con su postura inflexible. No fuimos capaces de sembrar, de crear escuela, de asimilar a los jóvenes para una propuesta de comunicación alternativa.

A Espinal le gustaba el cine, el buen cine y el cine comprometido con su realidad, el cine que ayudaba a reflexionar. Seguramente estaría feliz con la avalancha de nuevos autores como Rodrigo Bellot, Tomás Bascopé. Parece que son ellos los que menos fallaron a Espinal, sus amigos Jorge Sanjinés, Pablo Agazzi, Antonio Eguino.

Entre los estropicios diversos, la creatividad está vigente, latente, vigorosa. Él, como Líber Forty, siempre repitió que el arte es la salvación más cierta, la cultura es la balsa menos contaminada, el cine es la ilusión más verdadera.

* Lupe Cajias es periodista.

“Te habrán matado la carne con un torrente de fuego, pero jamás la palabra y menos el pensamiento”




* Lupe Cajias

Recuerdo aún con nitidez cómo la rabia reemplazaba al dolor, cómo la ira daba fuerza a la mano en el teclado, cómo la impotencia aumentaba el caudal de lágrimas que no dejaban distinguir las letras que debían llenar aquella edición de lunes, número extraordinario, número tristísimo porque habían torturado y asesinado al director del Semanario “Aquí”, Padre Luis Espinal Camps.

Entonces copié un título o una frase de un verso que había leído, aunque alguien me aseguró que en realidad era una canción, una canción que la compuso o, por lo menos, la interpretaba el cantautor cubano Silvio Rodríguez.

¡Quién sabe! Es curioso porque nunca más volví a leer esa oración y nunca escuché la melodía, si la tenía. Sin embargo, las pocas palabras encerraban el sentir del momento, abarcaban el sacrificio del muerto y a la vez impregnaban de futuro aquello que se sabía seguro: los muertos como Luis Espinal no mueren.

Habían matado su carne al amanecer del sábado 22 de marzo de aquel fatídico año de 1980. Lo secuestraron en la víspera, Viernes de Pasión, al promediar las 11 de la noche cuando retornaba de asistir a la película de la semana en el “Cine 6 de Agosto”. Había visto “Los desalmados” y preparaba para su programa habitual en “Radio Fides” la crítica que jamás escucharemos. Era tarde.

Un comando de paramilitares relacionados con grupos de la ultra derecha boliviana, con asistencia argentina dentro del esquema del “Plan Cóndor”, había elaborado una lista de 150 personas para plagiarlas, torturarlas, desaparecerlas, matarlas, igual que había organizado la “Triple A” en Argentina.

Luis no era el número uno, creo que ocupaba el puesto 16 y hasta ahora no se sabe por qué lo eligieron. Quizá porque estaba indefenso, quizá porque así afectaban a los periodistas rebeldes, a los religiosos comprometidos, a los artistas.

Le echaron un torrente de fuego, casi parten su delgado cuerpo con el tronar de las balas, después de una larga sesión de tortura en un lugar surrealista, el Matadero Municipal en Achachicala. Habrán visto sus ojos limpios, su gesto adolorido, su boca sin quejas. Lo mataron horas después y lo botaron en un escampado, hacia el norte, donde aún vivían campesinos, al borde de la ciudad paceña.

No lograron matar su palabra. Por eso era tan importante editar el número extraordinario de “AQUÍ” y seguir el próximo sábado y el otro y el otro, mientras sus amigos cineastas reproducían sus críticas y los curas sus oraciones, igual que los de Derechos Humanos. Los vecinos bautizaban con su nombre la plaza, los estudiantes el colegio, los jóvenes el centro comunal. Luis, Luis, Luis.

Aún habría el horror del crimen contra el Santo de América, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, las muertes de monjas torturadas y violadas, el asesinato de los seis jesuitas en San Salvador, de los catequistas en Guatemala.

No le mataron el pensamiento. Es más, la reacción popular contra la muerte de Luis Espinal fue tan fuerte que la serie planeada no continuó. El mártir salvó a los otros. Quedó su ejemplo, su palabra, su pensamiento.

* Lupe Cajias es periodista.

La Desconocida: dulce y amargo

* Ricardo Bajo

Si eres de esos que no traga a Tornatore y su “Cinema paradiso”, dale una chance, pequeñita, y atrévete (cine 16 de Julio de La Paz) con “La desconocida” (“La sconosciuta”, 2006), un “thriller” duro, un drama agobiante, molestoso, que indigesta, difícil de ver, por la realidad cruda que nos pone enfrente, por su violencia, por su pesimismo sin luz al final del túnel. Lejos, muy lejos de cursilerías y romanticismos que todavía algunos recuerden de la película más famosa de Giuseppe Tornatore. Una película jodida pero buena, aparentemente sencilla, inteligente siempre.

“La desconocida” tiene hechuras de cine clásico, del viejo suspenso que no necesita estridencias. Y también es altamente emotivo, a la par que emocionante. Y de yapa, cine de denuncia, sin moralismos ni paternalismos, como el buen cine político, la situación de miles de mujeres de Europa de Este (en este caso de Ucrania) “ilegales”, víctimas de la explotación sexual, de las redes de tráfico de personas y proxenetismo.

Cuando después de algunos años, “La desconocida” haya sido borrada de tu memoria, quedarán algunas secuencias todavía en el recuerdo: van dos. La protagonista llamada Irena (interpretada por un actriz rusa genial, Xenia Rappoport, maltrata con violencia desmedida a la hija que cuida, interpretada en un duelo con imán por Clara Docena), para que ésta aprenda a caer y a defender en la escuela. Y otra, minutos después, cuando la propia Irena se da el pequeño lujo de sonreír en la película al observar como la niña, aprendida la lección, pega a una de sus compañeras en un parque.

Música siempre oportuna y en su sitio de un grande del cine mundial, Ennio Morricone, “flashback” continuos, toques de Hitchcock (con guiños a “Vértigo” y sus espirales), final abierto a la vez triste, a la vez esperanzador y alegre, contradictorio, dulce amargo, fiel reflejo de las perversiones y el lado más oscuro del ser humano, espejo de lucha por la supervivencia a pesar de los pesares. Cine de miradas, de silencios, de enigmas, de atmosferas, de objetos (de tijeras y zapatos, muy fetichista). Con una gran dirección de actores, donde destaca el malo malote, “Muffa”, el mafioso ucraniano, monstruo con guiños a los mafiosos de Corleone, interpretado por Michele Placido.

Tornatore ha vuelto (para los que no creyeron en él últimamente) por la puerta grande, llevándose todos los premios de cine en su país, cautivando al público italiano y europeo. Película que más allá de lo dicho y de su riqueza de aristas, habla sobre las madres, sobre el sentimiento de maternidad, sobre parir nueve hijos y tener que “mendigar” su cuidado, sobre la esperanza de verlos crecer, como única salida a una vida de infierno.

* Ricardo Bajo es periodista. Nota tomada de Erbol.

El mito inmortal



* Alfonso Gumucio Dagrón


El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Bolivia, ha avalado recientemente con su sigla y su logo una publicación que puede disputarle popularidad al Informe de Desarrollo Humano que hasta ahora constituía la estrella en el firmamento de los estudios que esta organización internacional publica sobre Bolivia. Se trata de un folleto de 60 páginas (en tipografía 14 para los chicatos) titulado El mito inmortal; los Qala Katari, cuyo autor es Román florales Zenteno.

En la tapa del libro aparece una foto emblemática: en el fondo una representación pictórica de Tupaj Katari y en el primer plano el perfil combativo del Presidente Evo Morales, con el puño apretado.

La edición del PNUD, en concierto con la Prefectura de Oruro y el programa UNIK-Oruro (Proyecto Universidad Intercultural Indígena Originaria), se inicia con una presentación de Teodoro Blanco Molla, coordinador del proyecto PNUD/44351, en la que afirma: "La reconstitución de los pueblos expuesto (sic) en este material, es un aporte valioso a la comprensión de un pasado (Nayrapacha), que debe ser el referente para construir el futuro (Wiñapacha), que nos señalaron nuestros antepasados, recorriendo el camino hacia el reencuentro con el cosmos o la pacha, etapa donde vivimos actualmente en el retorno al Vivir Bien (Pacha Kuti)".

Más explícito, el Coordinador del Proyecto UNIK-Oruro, Virginio Sandy Choque, concluye así su breve prólogo: "Es evidente que el actual Presidente Constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia es el legítimo descendiente de los Katari, ahí radica su fortaleza inquebrantable, su fuerza cósmica como líder siguiendo la línea de sus antepasados".

Esa es la tesis que sostiene el autor del folleto, quien afirma en la introducción del texto: "En el propósito de testimoniar y dejar como precedente para las futuras generaciones sobre la familia nuclear 'katari', que está al borde de colapsar en los últimos años por las coyunturas sociales alienantes, se deja este documento para la memoria de las generaciones posteriores".

Román Morales, cuyo manejo del castellano es tan sólido como la tesis que sustenta en el folleto, se ha tomado el trabajo de reconstituir una genealogía completa de los Morales, como directos descendiente de los Katari. Lo hace con lujo de detalles, mencionando los lugares geográficos y los nombres de los personajes de la estirpe katarista y moralista en un árbol genealógico "trifurcado" que aparece en los anexos.

El problema es que la profusión de nombres y lugares en el relato hace tan difícil el seguimiento de la genealogía como en la familia de Aureliano Buendía. Pero, como en la novela de García Márquez, lo que vale es el estilo, y el autor se esmera en describir las características de los Qala-Katari, aquí transcritas fielmente:

"Los Qala-Katari, conllevan una característica peculiar en los rasgos somáticos; son hombres de porte delgado, atlético, cabeza pequeña y ovoide, ojos medianos ojivas, nariz aguileño, labios delgados, pantorrilla cuadrada en la parte posterior y bien pronunciada, optimista, minucioso, crítico, carácter audaz e incontenible en sus decisiones, hombres de confrontación y trabajo; llevando en consigna y costumbres, el levantarse desde la madrugada para alimentar y vestir a su familia; los varones tienen la costumbre de desposarse casi siempre a una entrada edad que es la característica de la familia. Como símbolo llevan en su pantorrilla un signo, que aparece en zigzag una vena sobresaliente, que desde ya no es várices, es de carácter hereditario, sus descendientes observan con orgullo porque son el hijo del Katari, en su memoria llevan de ascendencia KATARI por muchas generaciones de éste linaje".

No cabe duda de que esos rasgos deben corresponder tanto al Presidente de la República como al autor del folleto, es decir, lo de la pantorrilla cuadrada "en la parte posterior" y el auspicioso signo del zigzag.

Los Morales descendientes de los Qala-Katari que menciona el autor pertenecen a tres ramas del árbol genealógico, todas ellas provenientes de Pedro Katari que en 1573 "entabló hostigosos diálogos con el Virrey Don Francisco de Toledo". Los hijos del "excelentísimo Pedro Katari" como consta en documentos de la época, fueron Lucas, Ildefonso y Mariano Morales y un "finado joven soltero" cuyo nombre no se menciona. Las tres vertientes de la familia "perviven en el tiempo y espacio; recordando que ha sido lento la multiplicación de esta familia, normalmente con uno o dos hijos casi siempre con tendencia limitada en su crecimiento vegetativo".

Hay personajes interesantes en la descripción de la familia Morales, por ejemplo Valentín Morales quien a fines del siglo XIX "construyó su propia escuela a orilla del Lago Poopó, en el lugar denominado Ch'arluma” en tierra Chipaya. En 1900 está mencionado José Morales, quien participó en el levantamiento de Juan Lero y posteriormente de Santos Marka T'ula. Toribio, Tiburcio, Dionisio, Marcial y otros notables Morales son mencionados en el texto. Finalmente, Diego Morales de Orinoca –quien curiosamente no figura en el árbol genealógico, "lapidado vivo" mediante engaños en una fosa profunda durante la construcción de la torre de la iglesia, ofrenda que hizo su propia familia de acuerde a sus creencias.

De Lucas Morales, que "en años de ambruna (sic) cumplió siete años de jilakata", procede el autor de folleto, Román Morales, a menos que se trate de un homónimo. Y de Ildefonso o I1difonso Morales o Murala procede el Presidente Juan Evo Morales, hijo de Dionicio Morales y de María Ayma.

Una parte del folleto se dedica a subrayar modestamente la personalidad de Evo Morales Ayma: "Finalmente, el Pachakuti marca su ciclo, esta ciclicidad que viene de siglo en siglo, milenio en milenio, resplandece nuevamente el sol del horizonte, sangre inmortal, despierta el gran titán, laureado de flores y esperanzas, linaje cósmica que pervive desde los tiempos inmemoriales, descolgando desde los nevados perpetuos hasta el exuberante bosque tropical (...) Nace el insigne líder continental, signo y esperanza de vida para la humanidad en el planeta, en el lugar denominado Isallawi, comunidad de Calavillca, Ayllu Sullka del Cantón Orinoca".

De chiquillo, cuando lloriqueaba y hacia rabietas "constantemente", su madre le decía "está difícil atender al señor presidente". Desde niño era "muy querendón y apegado a la ganadería camélida, que para pastarla madrugaba desde los crepúsculos del alba" junto a su padre. Sigue a grandes rasgos la biografía del Presidente de Bolivia, que ya conocemos.

Lo importante, concluye el autor, es que el "mito inmortal" de los Qala-Katari "vivirá por milenios y milenios" siguiendo las huellas de Tupaq Amaru, Tomás Katari, Tupaj Katari, Dámaso Katari y Nicolás Katari, sin olvidar a "los constructores de Tiwanaku" y a "los abuelos Inkas", y finalmente por la memoria de Orinoca "que todavía pervive como depositarios de la gran civilización cósmica".

No deja de ser un detalle, pero todos sabemos que Tupaj Katari se llamaba en realidad Julián Apaza y nada tenía que ver con el linaje de Tupac Amaru y de Tomás Katari de quienes tomó su nombre para pasar a la historia. De hecho, el autor del folleto tampoco se arriesga a afirmar que los Qala-Katari tengan alguna relación de linaje con Tomás Katari. La insinuación de una relación directa entre Evo Morales y Tupaj Katari solamente está en la portada del folleto y en las menciones a aquellos líderes de los alzamientos indígenas.

Sería de todas maneras importante examinar las pantorrillas de los hijos del actual Presidente de Bolivia, de los que no se habla en el folleto porque el autor declara que el cuadro genealógico "solo menciona la generación hasta la década de los años 70, se obvió las generaciones posteriores en el presente documento".

Este aporte del PNUD al conocimiento de la historia de los bolivianos debería ser estudiado ampliamente en las universidades y centros de investigación, donde hasta ahora no tenían la menor sospecha de lo que la historia escondía celosamente, en espera de que uno de los descendientes directos de los Qala-Katari asumiera la presidencia del país.

* Alfonso Gumucio Dagrón es escritor y cineasta. Nota tomada de Nueva Crónica.

jueves 18 de marzo de 2010

Soldadito boliviano


Gráfico de Joaquín Cuevas, tomado de La Razón.

Chonchocoro, la cárcel de "máxima" seguridad


Obra de Joaquín Cuevas, tomado de La Razón.

miércoles 17 de marzo de 2010

Increíble y con miedo



* Andrés Gómez Vela

Cambiaron los actores, en buena hora, pero la forma de hacer política, casi nada. Entonces, ¿qué ha cambiado? Describamos algunos hechos y datos para palpar que la genética del poder está debajo de los ponchos, trajes, corbatas, sobre las ojotas, los mocasines y dentro de todos los colores de piel. Está en el ario como en el originario antiguo.

Evo Morales es un político increíble, a tal extremo que en menos de un año se desdice de sus afirmaciones. Hace poco tiempo quería clonar al alcalde Juan del Granado por su honestidad y trabajo, pidió al país aprender de él, imitar su transparencia. Y lo creímos. Ahora dice que es el peor alcalde. Entonces, ¿cómo creerle la próxima vez? ¿O pensará que el pueblo no ha pasado aún de la edad infantil y que su oratoria es prueba de sí misma? Dejó de ser creíble y pasó a ser el increíble Evo. Cuando lo escuché desmentirse así mismo, me acordé de Gonzalo Sánchez de Lozada, que desde Palacio llamó jefe del cartel del MIR a Jaime Paz Zamora y al cabo de un tiempo se alió de nuevo con él.

Hace medio año, Erbol le hizo una entrevista a Félix Patzi, quien en esa ocasión admitió que tenia doble salario del Estado (como docente universitario y empleado del Poder Ejecutivo), violando las normas que prohíben esa situación. El MAS conocía esa información y lo nominó como candidato a gobernador por La Paz. Luego de la rebelión de Patzi recién decidió investigarlo y castigarlo por el caso. La amistad encubre y la enemistad castiga. En ese momento vino a mi cabeza la frase del general Banzer que prefería un gramo de lealtad a un kilo de inteligencia.

Somos insaciables consumidores de emociones, por ello nos asusta y nos da asco la deslealtad. Muchos bolivianos tuvimos ese sentimiento el día que la bancada de senadores del MAS aprovechó la ausencia por enfermedad de la Presidenta del Senado, Ana María Romero de Campero, y le clavó una puñalada por la espalda al pedir, sin consulta previa, la destitución del oficial mayor que ella había nominado. A leguas se notaba que los seguidores de la “bestia política” (así bautizó Jerjes Justiniano a Evo Morales en sentido positivo) estaban rezando para que la Primera Defensora del Pueblo no vuelva más a su curul y de ese modo distribuirse las pegas sin un ojo ético que los vigile.

El político tiene éxito cuando descubre cómo manipular con sutileza e inteligencia los instintos y las emociones de la masa electoral. Demuestra su talento cuando descubre la llave de su corazón y de su subconsciente; pero causa pena, cuando en ese propósito miente de manera brutal y encima se hace descubrir como sucedió con Isaac Ávalos, quien dijo que no sabía nada de la exigencia masista de pedir la destitución del oficial mayor del Senado, pero su firma en la carta los desmentía con pruebas. Si hubiéramos estado en la época incaica, a Ávalos ya lo hubieran echado al fondo del Lago Titicaca con una piedra amarrada al cuello por haber violado en Ama Lulla (no mentir). Que dé gracias a Dios (aunque no crea en Él) que mintió en el imperio masista. O mejor digamos que ha leído a Voltaire, quien solía preguntarse: ¿qué es la política, sino el arte de mentir deliberadamente?

Echamos a los políticos tradicionales en tres elecciones consecutivas por haber tomado el Estado para resolver sus problemas personales y no los problemas públicos; por haber creído que nuestro Estado, nuestro dinero, era un botín político que debían distribuirse vía pegas o pidiendo a los recomendados y avalados depositar la mitad de su salario en beneficio del “padrino”. Si la valiente Ministra Anticorrupción, Nardy Suxo, realizara un operativo sorpresa entre los empleados públicos se encontraría con muchas novedades. Me da miedo que suceda lo mismo en la Alcaldía si gana la consigna La Paz merece MAS.

“Para ser miembro irreprochable de un rebaño de ovejas, hace falta primero ser oveja”, escribió el genio Albert Einstein. Parafraseándolo podemos decir que para ser miembro del rebaño del MAS, hace falta primero ser oveja y que su pastor les amenace con expulsarlos de la masa si piensan y votan por otro partido. La consigna del partido gobernante es recuperar el axioma político del MNR: “voto campesino” (lo decían en sentido peyorativo). La democracia demanda electores inteligentes como una condición para cualificarse. Pues, finalmente, no gobierna el partido, sino las personas que lo conforman y si éstos tienen la inteligencia esclavizada, mueren las esperanzas.

La creación del adversario es un típico juego de los políticos, que consiste en erigir a un culpable de todos los males y sus incapacidades. Hasta diciembre pasado jugó ese papel la derecha fascista y apátrida. Cada ataque contra el MAS fortalecía a éste y no al agresor.
Derrotados los llamados políticos tradicionales, el Presidente creo otro adversario: el Movimiento Sin Miedo (MSM). Pero el efecto ya no es igual que con la derecha porque el contexto es diferente y el nuevo adversario tiene otra historia. Cada golpe masista alimenta a la víctima y no al atacante porque el adversario que creó es producto de la retórica y no de los hechos como pasaba en el anterior caso. Lo curioso es que el alimentado, no aprovecha la nutrición. Tal vez piensa igual que el Conde de Romanotes: “El silencio ante el ataque, con frecuencia es más eficaz que la réplica. Hay silencios que matan, porque el silencio es la forma más elocuente del desprecio”. Puede ser cierto. Pero en el caso del Alcalde paceño puede interpretarse desde otro ángulo de la campaña: Juan tiene Miedo y tiembla ante Goliat. ¿Puede preciarse de líder un político que tiembla al primer grito? Si Evo Morales fue un accidente de la historia, ¿por qué no puede serlo Juan? Ante semejante realidad, los votos dudan por los ex sin miedo que se batieron a duelo contra los masacradores rosados en Octubre de 2003, pero da la impresión de que los azules son la horma de su zapato.

¿Y la oposición vegetal? ¿Qué decir de ella? Están en un tiempo que no es suyo. Hacen lo que criticaban a la oposición, cuando eran oficialismo: bloquear todo. Y actúan en sentido contrario de lo que decían: “gobernar” para su “grupito”, defendiendo privilegios y fortunas mal habidas, sin pensar en “todos los bolivianos”, como suelen declarar de memoria para cuestionar al gobierno.

Ya no son aquellos, son otros, visten de otro modo, hablan otros idiomas, pero tienen los mismos genes de poder.

Eduardo Galeano, deberías haberle recordado a Evo Morales, en la última reunión que tuviste con él en Montevideo, que “el poder envilece”, como declaraste la última vez, y que el proceso de cambio puede ser a la larga un cambio de proceso para retroceder 50 años en caso de que no se construya un nuevo ser político.

Si no cambian las actitudes y la mente, es que nada ha cambiado. ¿Estamos a tiempo de enderezar la ruta?

* Andrés Gómez Vela, es periodista, director de la red Erbol y su blog es: Rimaypampa.

lunes 15 de marzo de 2010

Al Azar y los milicos


Tomado de Pulso.

Jessica Jordan, según Joaco


Ilustración perteneciento a Joaquín Cuevas, tomada de La Razón.

"Marcelo Quiroga es una deuda de la democracia boliviana"


Texto y fotos: Richard Sánchez

El próximo 13 de marzo Marcelo Quiroga Santa Cruz habría cumplido 79 años, pero lo único que se recordará en julio próximo serán tres décadas de su asesinato y desaparición. Pese a juicios, dictámenes y órdenes, su familia –que sigue el caso en dos generaciones– alerta que no se avanzó “ni un milímetro” en la búsqueda de sus restos o que los culpables sean castigados… incluso en este gobierno que se llena la boca del nombre del ex líder socialista, quien fuera capturado herido un 17 de julio de 1980 durante el asalto a la sede de la Central Obrera Boliviana (COB), en La Paz, durante el inicio de la dictadura militar de Luis García Meza.

Los militares no ayudan ni un ápice a esta investigación y, paradójicamente, hace algunos años recibieron del Congreso la Medalla al Mérito Democrático Marcelo Quiroga Santa Cruz. En los países vecinos, que también sufrieron dictaduras militares, los castrenses ya desclasificaron varios informes sobre esos años oscuros.

El nombre de Marcelo ha sido casi prostituido por su exagerado uso y, por ello, su familia pidió al Gobierno que lo retire de la ley anticorrupción que está siendo tratada en el Poder Legislativo.

“No quisiéramos que el nombre de Marcelo acompañe en el futuro acciones judiciales que pudieran estar reñidas con el apego a la legalidad constitucional y los derechos humanos que él profesó”, dijo la familia. Sin embargo, el vicepresidente Álvaro García Linera respondió que el mismo no será cambiado. “La ley se mantiene con ese nombre, es una decisión de la Asamblea Legislativa”.

María Soledad Quiroga, hija del multifacético político, rememora en esta entrevista este vía crucis que cumple 30 años.

¿Cómo se inicia la búsqueda de los restos de su padre?
Dentro de unos pocos meses se cumplirán las tres décadas del asesinato de mi padre y en todo este tiempo hemos desarrollado una serie de acciones legales, distintas, que se iniciaron en el primer momento que fue posible realizarlas; es decir, cuando se recuperó la democracia en Bolivia, a partir de 1982.

¿Qué busca o espera la familia Quiroga Santa Cruz con estas acciones legales?
Tres objetivos: esclarecer la verdad de lo ocurrido con mi padre; lograr la sanción de los responsables de su asesinato y desaparición, de acuerdo a las normas vigentes en el país; y, finalmente, lograr la recuperación de sus restos, porque estamos hablando de un delito que no sólo es de asesinato, sino de desaparición forzada. A casi tres décadas luego de su asesinato no nos han devuelto, a nosotros los familiares, sus restos para que podamos darle sepultura. Esto quiere decir, en términos judiciales, un delito continuo. Es decir que no es un delito que se cometió únicamente el año 1980, cuando se produjeron estos hechos, sino que a lo largo de estos 30 años continúa desarrollándose un delito porque esta persona, mi padre, aún sigue desaparecida.

Vale la pena mencionar que el delito de desaparición forzada es un delito de lesa humanidad y, por lo tanto, no prescribe; no como otros que pasado cierto tiempo sí puede prescribir y los afectados dejan de tener la posibilidad de establecer una acción legal y lograr las reparaciones o sanciones correspondientes. Este caso no prescribe por su gravedad y esto está reconocido a nivel internacional por convenios de los cuales Bolivia es dignataria de los mismos.

¿Recibieron su castigo todos los involucrados en este caso?
Desde 1982 se desarrolló un larguísimo proceso legal en la Corte Suprema de Justicia en Sucre, un juicio de responsabilidades contra Luis García Meza, Luis Arce Gómez y varios colaboradores, responsables del delito contra mi padre. De esto se ocupó mi madre durante muchos años y concluyó con una sentencia que determinó que los responsables sean condenados.

Pero hay otras personas que quedaron eximidas de este juicio de responsabilidades, autores materiales, intelectuales, cómplices que permitieron que se perpetren estos delitos, del asesinato y desaparición de mi padre, como también de Carlos Flores Bedregal o de Gualberto Vega Yapura (asesinado durante la toma de la sede de la COB). Algunas de estas personas tienen un nivel muy importante de responsabilidad, como Faustino Rico Toro, jefe de la Sección Segunda de Inteligencia del Ejército, que trabajó directamente con Arce Gómez. De Gregorio Loza Balsa, jefe de operaciones psicológicas en esa misma sección del Ejército.
Adolfo Ustarez, miembro directivo de una agrupación paramilitar denominada en ese tiempo 'Los novios de la muerte' e implicada en la tortura y asesinato del padre Luis Espinal en marzo de 1980.

Todos estos hechos no fueron ideados ni ejecutados por una o dos personas, fueron delitos de un grupo grande y numeroso que se asoció para cometerlos como ruptura del proceso democrático, obligaron a la entonces presidenta Lidia Gueiler a presentar su renuncia, conculcación de todas las libertades, la toma de la COB para la captura y el asesinato de mi padre. No fue una muerte casual, mi padre fue identificado, separado del resto, apresado, herido, llevado al edificio del Estado Mayor, torturado como se demostró en el juicio ante la Corte Suprema, asesinado y desaparecido. Se trata de un complot para cometer delitos gravísimos.

Se trata de una deuda que tiene el Estado boliviano no con nosotros, la familia de Marcelo Quiroga Santa Cruz, sino con todo el país porque mi padre no era dedicado a su actividad privada, un padre de familia o un profesional que trabajaba en su ámbito de acción, no. Era un político, un diputado nacional, una persona que desempeñó una actividad pública y el dirigente máximo de un partido político.

Estamos hablando de un delito que causó un daño grave al país porque eliminó a una persona que pudo haber aportado mucho a la sociedad. Mi padre tenía 49 años cuando fue asesinado, era una persona joven que podía haber entregado mucho a Bolivia. Se truncó su vida y un proceso que estaba surgiendo en Bolivia, y se causó un daño enorme. Estos delitos deben ser sancionados y los culpables castigados con todo el peso de la ley porque ésta es una deuda que la democracia boliviana continúa teniendo.

¿Cómo afrontó esta tarea su familia para saber dónde están los restos de su padre?
Como familia, mediante una carta, pedimos luego al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada a finales de su primera gestión (1997) que se inicie con la investigación para dar con los restos de mi padre. A partir de ello se dictó una resolución suprema ordenando la investigación y, poco tiempo después, cuando Hugo Banzer ingresó a la presidencia de forma democrática tuvo que continuarla.

Banzer fue el principal beneficiario de la muerte de mi padre y autor intelectual del asesinato junto a García Meza y Arce Gómez. Recordemos que mi padre inició un juicio de responsabilidades contra Banzer por su primer gobierno, que fue una dictadura de siete años. Pero hubo grandes tropiezos. Yo personalmente estuve innumerables veces en el Ministerio de Gobierno donde se realizaban las audiencias para recoger el testimonio de los diferentes testigos e inculpados. Fue muy difícil llevar adelante el proceso en ese sistema banzerista. A partir de esa investigación, la Cámara de Diputados recomendó el inicio de una acción judicial contar una serie de implicados que tenía una presunta responsabilidad. Y hasta el día de hoy, después de 30 años del asesinato de mi padre, seguimos llevando adelante esta acción legal.

Estamos hablando de dos generaciones que estamos siguiendo el caso. Primero mi madre, durante el juicio realizado en Sucre, y ahora mi hermano y yo. Y debo decir que hasta el día de hoy no se avanzó ni un milímetro en la recuperación de sus restos o al menos en tener una información cierta que nos lleve a descubrir su paradero y mucho menos en la sanción a los responsables.

Existe un sentenciado a 30 años en este caso, Felipe Frolián Molina, más conocido como “El Killer”, pero sigue libre. ¿Por qué?
Hace años hubo una sentencia en este juicio que condena a la pena máxima a tres de los inculpados, de los cuales sólo uno estuvo presente en el juicio, los demás fueron declarados rebeldes y contumaces ante la ley porque no se presentaron. El único inculpado, presente en el juicio, que recibió la pena de 30 años de cárcel es el llamado “El Killer”, quien fue guardaespaldas de la esposa de Banzer durante muchos años, suboficial del Ejército, colaborador de Arce Gómez. Pero esta persona condenada no está en prisión y me llama la atención hoy que no se haga nada en contra de estas personas, que tienen incluso una sentencia. Es obvio que “El Killer” apeló la sentencia alegando su inocencia.

Otros inculpados recibieron sentencias totalmente ridículas como de dos o tres años de cárcel, lo que significa que no estarían ni un solo día en la cárcel, pese a que están involucrados en delitos tan graves para el país. Nosotros apelamos esa sentencia.

¿Pensaron ustedes que con la nueva administración del presidente Morales se haría justicia en este caso? Nosotros teníamos esa esperanza, que en este gobierno que ha mencionado tantas veces el nombre de mi padre en sus discursos, que ha colocado el nombre de mi padre a su ley anticorrupción y a una universidad que ha creado en Santa Cruz, tendría un mínimo de coherencia en su accionar y haría algo para que se avance en estas investigaciones; lamentablemente no hemos recibido el menor apoyo. Es más, nosotros solicitamos al Gobierno la desclasificación de los documentos de la Sección Segunda del Ejército porque ahí se encuentra toda la documentación relacionada con este tema. No recibimos ninguna respuesta.

Pero el presidente Evo Morales es, a la vez, Capitán General de las Fuerzas Armadas…
Exacto, bastaría una orden suya para que las Fuerzas Armadas obren en consecuencia, pero no hubo nada en absoluto. Nosotros hicimos una solicitud mediante juez para que se obligue la desclasificación de estos documentos y obtuvimos la orden judicial. Yo personalmente entregué esa orden al comandante del Ejército, general Luis Trigo, y hasta el día de hoy no hay absolutamente nada.

Todo esto nos extraña a la familia. El compromiso de este gobierno es además con la memoria histórica del país, con la memoria de mi padre, que ha sido un luchador social, un demócrata y que ha dado su vida por la causa de este país. Creo que hay una deuda pendiente muy grande y no quisiéramos que ocurra con este juicio lo que ha ocurrido en otros casos, como el del hijo desaparecido de Gladys Oroza de Solón. Ella estuvo muchos años en juicios intentando que le devuelvan sus restos, pero nunca logró nada. Finalmente tuvo que recurrir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que sancionó al Estado boliviano por no haber esclarecido y reparado estos hechos. No quisiéramos hacer eso, nos hemos negado siempre a acudir a la justicia internacional, pensando que en Bolivia se debe establecer justicia porque es una obligación del Estado. Pero digo: Son 12 años de este nuevo juicio, 30 años en julio de este año del asesinato de mi padre y no se avanzó nada.

Creo que tiene que haber una labor de parte de la ciudadanía, de las organizaciones sociales de unos hechos que ocurrieron hace tres décadas y son muchos años. La gente joven no ha conocido a mi padre, los jóvenes no han vivido los regímenes militares, no han vivido los golpes de Estado, pero todo eso está en la memoria del país y no pueden perderse. La democracia que gozamos hoy en Bolivia es resultado de la lucha de estas personas, de personas como mi padre. Es una deuda pendiente que la sociedad boliviana, todos los poderes del Estado y las Fuerzas Armadas deberían colaborar para establecer justicia y verdad.

* Nota publicada el domingo 7 de marzo en la revista Día D (El Nacional, Tarija) y luego en la revista ¡Oh! (El Potosí, Potosí; Correo del Sur, Sucre y Los Tiempos, Cochabamba).

Ya basta de impunidad


* Pablo Barriga Dávalos

Es difícil creerlo. Nuestro Gobierno puede obligar a las Fuerzas Armadas a gritar Patria o muerte, venceremos!, pero no es capaz de darle al Alto Mando Militar una señal firme con respecto a las investigaciones sobre el paradero de los desaparecidos, una señal clara, una señal que diga: ya basta de impunidad. Esta falta de capacidad, esta falta de voluntad, no debiese ser sólo un tema de sobremesa, de café. Este asunto debería preocuparnos a todos, y debería preocuparnos mucho: al no darles la señal correcta, el gobierno está, voluntariamente o involuntariamente, reforzando el daño que las autoridades militares le están haciendo a la democracia boliviana.

¿Cómo es posible que nuestro Gobierno, ampliamente legitimado por el voto popular, en un momento de hegemonía política, sin amenazas internacionales, no tenga la voluntad para acometer este gesto de moralidad democrática? Hay ejemplos cercanos, los de Argentina y Brasil, de lo que puede suceder cuando se está determinado a hacer justicia, cuando se está determinado a castigar los crímenes de las dictaduras. ¿Cómo puede ser que nuestro gobierno, que ha hecho del cambio uno de sus principales premisas, repita prácticas autoritarias y no sea capaz de ponerle un alto a la impunidad?

En los últimos 25 años, las Fuerzas Armadas han respetado el orden constitucional y, al hacerlo, han mostrado su compromiso con la democracia boliviana. Pero esto no es suficiente. Las Fuerzas Armadas deben sujetarse a la ley, que es de otra forma de decir, deben sujetarse a la voluntad popular. Al no obedecer claramente la ley, las autoridades militares protegen, directa o indirectamente, a los criminales y a los matones que asesinaron a Marcelo Quiroga, Carlos Flores y tantos otros. Al obstaculizar las investigaciones del fiscal, las autoridades militares se ponen por encima de la ley, de la voluntad popular. Al hacerlo dañan nuestra democracia, la erosionan. Y nuestro Gobierno, con sus declaraciones arrogantes e intimidatorias, socapa esta erosión.

El daño no es, sin embargo, definitivo. Todavía se puede repararlo. Si las Fuerzas Armadas pueden cambiar su lema, cambiar sus insignias y uniformes, también pueden cambiar sus remanentes dictatoriales. Sólo hace falta voluntad política. Todavía hay tiempo para mostrarle a los bolivianos que su gobierno no ha perdido su impulso democrático, que no olvidará sus promesas de campaña. Eso es lo que yo espero, al menos, de nuestro gobierno, un gobierno por el que voté, un gobierno al que apoyo. Ya basta de homenajes simbólicos, ya basta de homenajes falsos, ya basta de impunidad.

* prbarrig@fas.harvard.edu

viernes 12 de marzo de 2010

Marcelo



* Andrés Gómez

Lo conocí a través de mi hermano, Antonio, quien hablaba de él con respeto y devoción, por aquel tiempo en que la libertad y la igualdad habían sido encarceladas tras los barrotes militares. El día que el Partido Socialista Uno (PS-1) obtuvo una gran votación en La Paz, Antonio y mis primos celebraron y gritaban esperanzados que con Marcelo íbamos a salir de la pobreza. Decían que en las próximas elecciones ganábamos. Estaban convencidos que con él todos los niños íbamos a ir a la escuela tomando un litro de leche al día y que la riqueza iba a ser compartida.

Un día, Antonio y Saúl (mi primo), ambos normalistas (INSEF y Simón Bolívar, respectivamente), estaban furiosos y temerosos. Les pregunté porqué con la inocencia de niño y me mostraron en el Semanario Aquí (el que compraban religiosamente cada semana) un artículo en el que un militar amenazaba a Marcelo Quiroga Santa Cruz por haber hablado de las Fuerzas Armadas. Era el general Luis García Meza.

Una mañana (marzo de 1980) encontré a Antonio con ojos vidriosos y a mi primo impotente y destrozado. La radio informaba que encontraron el cuerpo de Luis Espinal (Director del Semanario Aquí) torturado. Rechinaban dientes e impotencia. “Cobardes, mataron al Lucho, esto está jodido”. Asistieron al entierro, “preparados”, por si acaso.

Meses después, el 17 de julio de 1980, asesinaron a Marcelo Quiroga Santa Cruz por órdenes de aquel mismo militar que ya le había amenazado y que ahora gobernaba el país. Aquel día, al igual que Antonio y Saúl millones de bolivianos mordieron su impotencia, lloraron en silencio el asesinato de quien iba a traer justicia a cada una de nuestros hogares.

La cobarde dictadura nos quitó a uno de nuestros líderes más inteligentes y valientes. Él desbrozó, con muchos otros, el camino hacia lo que hoy vivimos. Casi tres décadas después de aquel asesinato han llegado al gobierno dos socialistas, Álvaro García Linera y Evo Morales.

Han levantado el nombre de Marcelo en cada acto, en cada palabra destinada a lograr el apoyo popular, le han erigido un monumento y han bautizado con su nombre una ley para luchar contra los corruptos. Pero de sus restos no han dicho una palabra, no han tenido la valentía de mirar a los ojos de los miembros de la cúpula de las Fuerzas Armadas y pedirles que devuelvan los restos del líder socialista que sacrificó su vida para que nosotros vivamos en democracia y ellos ganen con el 64 por ciento.

Los socialistas Evo y Álvaro temen perder el respaldo de las armas, por eso no reclaman los restos de Marcelo. ¿Acaso no tienen el apoyo de casi siete de cada 10 bolivianos? ¿Por qué tener miedo a ordenar a los militares a devolver los restos de Marcelo, si tienen el gran respaldo de sus ideas? ¿Por qué apoyar la burla militar, si no son ni el uno por ciento de ese gran 64 por ciento?

No son todos los militares los que esconden la verdad a Bolivia, sino un grupo de uniformados que vive en democracia pero tiene la mente petrificada en la dictadura. Tengo la esperanza de que se impondrá esa nueva generación de uniformados que quieren saldar la deuda pendiente entre las Fuerzas Armadas y su pueblo.

Sin Marcelo la democracia no ha cicatrizado sus heridas. Es una obligación de los socialistas, Álvaro y Evo (particularmente de éstos porque tienen todo el poder), encontrar al defensor de los recursos naturales y darle una sepultura tal y como exige la historia.

Millones de bolivianos, al igual que Antonio y Saúl, quieren saber dónde y quiénes todavía lo tienen cautivo. Quieren al menos llevarle un ramo de flores y frente a su tumba contar a sus hijos quién fue y es aquel héroe boliviano. Quieren saber dónde está para rezarle una plegaria y dialogar con él en silencio.

Es una obligación moral del proceso de cambio encontrar al nacionalizador del petróleo, al luchador por la liberación nacional junto a Juan Carlos Flores Bedregal, Renato Ticona y otros.

Mientras no encontremos a nuestro Marcelo, nuestras almas seguirán “deshabitadas” y los socialistas gobernantes se convertirán en simples palabreros que se aprovechan de la memoria de nuestros mártires para apoltronarse en el poder.

* Andrés Gómez (alias Chino Gómez) es director de Erbol.

El retorno del Joaco


La viñeta representa el retorno del ilustrado(r) Joaquín Cuevas, Joaco o Chico Larva, a las páginas de La Razón, cuyo ex director un tal Juan Carlos Rocha (hoy jefe de prensa de UNITEL) censuró una de sus caricaturas hace años atrás.

El Joaco retorna, y por la puerta grande, como lo hizo el gran Al-Azar aPulso, como lo hacen los capos pues. Que se sigan resintiendo los que sabemos con estas idas y venidas y alegría para muchos de nosotros. Ya era hora.

LMP

miércoles 10 de marzo de 2010

La nueva carita de La Razón


Por tercera vez desde su fundación, en 1990, este diario se moderniza para desempeñar una mejor labor de servicio a la sociedad. Fue el 4 de junio de esa década en que La Razón circuló por primera vez en las calles en un esfuerzo de Comunicaciones El País, grupo conformado por empresarios nacionales.

El periódico nació y dio sus primeros pasos bajo la dirección de Jorge Canelas y la dirección adjunta de Mario Frías, y estrenó un diseño modular y una nueva forma de hacer periodismo en Bolivia.

Con el tiempo, pasó a manos de los grupos Canelas y Garafulic y luego sólo a este último, que impulsó una plataforma multimedia de la que eran miembros La Razón, El Nuevo Día, Extra, ATB, La Gaceta Jurídica y Bolivia.com.

El 13 de mayo del 2001, se relanzó con el asesoramiento de los consultores colombianos José Hernández y Ponto Moreno y aparecieron productos como Escape, Quéhacer, Tendencias y Ejecutivos. Posteriormente, el consorcio español Prisa se hizo cargo desde el 2001 hasta finales del 2009.

Ahora La Razón se relanza de la mano de los expertos españoles Carlos Pérez y Montserrat Ortiz.

En esta nueva etapa, al equipo que conduce Edwin Herrera (director) se suman Mabel Franco (subdirectora), Patricia Cusicanqui (jefa de Redacción) y Baldwin Montero (jefe de Informaciones). (Fuente: La Razón)


martes 9 de marzo de 2010

Apuntes sobre el “nuevo” periodismo de La Prensa



* Mauricio Souza


Las crisis vocacionales o contables, o simplemente el cansancio, empujan a los periódicos, como a las personas, a fantasear con una solución radical: "relanzarse", comenzar de nuevo. Este parece ser el caso de La Prensa, que en las últimas semanas explora lo que llama un "periodismo interactivo". En su edición impresa, la "interactividad" de La Prensa ha desencadenado un "nuevo" diseño, una "nueva" organización de sus cuerpos y suplementos, un "nuevo" estilo en el titulado de sus notas. Algunos apuntes:

Uno: El de La Prensa parece ser el ya típico relanzamiento promovido por consultores caídos de algún otro país. Es, quiero decir, otra lamentable consecuencia de esa crónica xenofilia de nuestras clases empresariales, xenofilia que las lleva a atender, cual transeúnte cautivado, a cualquier pajpaku que venda la llave del éxito siempre y cuando ésta tenga el prestigio de lo que llega de un mítico "afuera".

Dos: El periodismo interactivo que dice promover ahora La Prensa es la reproducción de una vieja receta, ya probada sin éxito (y con amnesia crónica) por varios periódicos bolivianos en el pasado: más fotos, titulares más grandes, menos texto. Lo de "interactivo" proviene de una confusión: ¿se supone que los lectores podrán responder, corregir y enmendar el contenido de la edición diaria del periódico? Eso se puede, hasta por ahí nomás, con la edición digita. Aunque si atendemos a la interactividad que permite la edición digital de La Prensa, los resultados no han sido muy alentadores: cada nota genera una larga cadena de insultos, la mayoría de nulo valor informativo (aunque sí antropológico), a favor o en contra de algo.

Tres: En tanto puesta en marcha o re-escenificación de una rutinaria idea, la de este "periodismo interactivo" es de las menos afortunadas que hemos visto. Si empezamos por lo gráfico: La Prensa busca el cambio en un diseño desprolijo, poco profesional, escolar en su mezcla de tipos y tamaños de letras, etc. Los textos tienden a la brevedad, sobre todo los títulos, que creen lograr la parquedad al caer, de ojo, en el sensacionalismo ("Bajo perfil" o "Coca fantasma" son algunos ejemplos de esta suerte de aplicación de manidas técnicas publicitarias a la noticia) Y, finalmente, los nuevos suplementos son, hasta ahora, un simple desastre, típicos productos no de una sala de redacción sino de un departamento de comercialización: notas intrascendentes, genéricas, casi rellenos destinados a disimular que el único objetivo del suplemento es vender páginas a los anunciadores.

Cuatro: En su primera edición dominical en el nuevo formato, La Prensa dedicó un cuerpo entero a cubrir el acto de lanzamiento de su "nueva" cara. Entre premios de rifa navideña y modelitos embutidas en espandex, se intentó explicar de qué va la cosa. Un recuadro nos resume la "filosofía" detrás del proyecto: "Los conceptos universales del periodismo interactivo señalan que es la máxima interactividad y mínima hipertextualidad. El usuario participa en la elaboración de la información, que sigue siendo lineal y monomediática". Por estos textos, es claro que esos "principios universales" no incluyen cursos, así sean veloces, de redacción básica.

Cinco: Pensar que para ser "moderno" se debe competir con otros medios (la Internet, la tele) es uno de los gestos automáticos de mucho vendedor. Es un gesto que malentiende varias cosas: para empezar, la naturaleza del público que compra periódicos en Bolivia, que lo que busca no es algo que compita con la internet o Unitel sino algo que se pueda leer con algún provecho o interés. Y, claro, es más fácil volver a (mal) empaquetar el mismo paquete que producir periodismo a la altura de los tiempos. Porque el principal problema del periodismo escrito boliviano no radica hoy en su falta de agilidad sino en su radical ligereza. Esa es al menos mi experiencia: abro uno de estos periódicos y no encuentro qué leer.

* Mauricio Souza es periodista. Nota tomada del quincenario Nueva Crónica.

domingo 7 de marzo de 2010

El Oscar: números y nominaciones



* Mauricio Souza Crespo


Uno: En el mundo se producen 5.000 películas al año. De esas miles, 600 son estadounidenses. Sobre las restantes cuatro mil y pico: un poco más de dos mil son asiáticas incluyendo las mil de la India), 1.300 son europeas (incluyendo las rusas) y el resto corresponde a Latinoamérica y África.

El Oscar, aunque es el único ritual mundial del cine, poco tiene que ver con el cine mundial: sus premios benefician a películas en lengua inglesa, sólo mil (20%) del total. Es más: sólo películas estrenadas en Estados Unidos, lo cual reduce el número de posibles candidatas a 450.

Existe, para consuelo de pocos, una categoría secundaria: "la mejor película en lengua extranjera". De las más de cuatro mil cintas que no hablan inglés, 150 llegan a estrenarse (de forma restringida) en Estados Unidos. De esas, se seleccionan cinco a través de un tortuoso proceso: los países postulan su candidata única, se elabora una lista larga de 70 y un comité hollywoodense se encarga de determinar la lista chica, de cinco. Estos comités de gringos monolingües y no muy cinéfilos son esmerados en su ignorancia: varias de las mejores películas "extranjeras" de la década 2000-2009 no se acercaron siquiera a una nominación.

Dos: Un sindicato (la "Academia") de 6.000 miembros se encarga de decidir las cosas. Las nominaciones son divididas por rubros (los directores escogen a los nominados al "mejor director", etc.); para elegir a los ganadores, en cambio, vota el sindicato en su conjunto.

Tres: Casi un tercio de las recaudaciones mundiales del cine provienen de la exhibición de una limitada lista de películas estadounidenses (8 a 12), esas que acaparan las salas. Hay, pues, un obvio divorcio entre la taquilla y lo que los críticos consideran "lo mejor". Por eso los organizadores del Oscar optaron este año por volver a una práctica de sus inicios: nominar 10 cintas en vez de 5 en la categoría de "mejor película". El cambio fue desencadenado por una incomodidad: la película más taquillera del 2008 (The Dark Knight) no fue incluida en los premios del 2009. Nominar más cintas permite reconocer algunas que tienen méritos y, a la vez, todo el mundo ha visto.

Cuatro: Ya se identificaron a las dos favoritas, dualidad que refleja el mencionado divorcio de crítica y público: la mejor película, se supone, será Avatar de James Cameron o The Hurt Locker de Kathryn Bigelow. La primera -que ningún crítico serio nombró entre las mejores de año- es un acontecimiento tecnológico: disfrutable, innovadora, casi hipnótica en su puesta en escena tridimensional (y repleta, por otra parte, de lugares comunes y malos diálogos). The Hurt Locker, en cambio, es para los entendidos una pequeña obra maestra: cine de acción despojado de las basuras ideológicas que usualmente lo acompañan, cine concentrado en reconstruir morosamente el drama de la violencia misma. La de Bigelow es una película sobre Irak armada a partir de postales, en un registro semidocumental, de la "rutina" de soldados que viven la guerra como una serie de desgastantes (y adictivas) performances teatrales. Desde las persecuciones de La conexión francesa (William Friedkin, 1971) o los ballets de tiros de John Woo (en Hard Boiled de 1992, por ejemplo) la "acción" en el cine no adquiría una dignidad tal.

Cinco: El resto de las nominadas forma un grupo irregular. Hay buenas películas de directores legendarios (Bastardos sin gloria de Quentin Tarantino y Un hombre serio de los hermanos Coen), melodramas entre empalagosos y triviales (Up in the air, Precious, The Blind Side), un discreto drama de época (An Education), un evocativo ejercicio de ciencia ficción (Distrito 9) y, finalmente, una buena película animada: Up (otra vez de Pixar).

Seis: Dos películas latinoamericanas fueron nominadas: La teta asustada de Claudia Llosa (Perú) y El secreto de sus ojos de Juan José Campanella (Argentina). Ambas son buenas, la peruana más que la argentina. Pero no tienen ninguna oportunidad pues las encuestas apuntan a una justa favorita, La cinta blanca, del austriaco Michael Haneke (que dirigió una de las mejores de la década pasada, Caché, ignorada por el Oscar). Es más: la portentosa industria francesa (la mayor de Europa, con 250 películas año) está representada por la que sería también una justa ganadora: Un profeta de Jacques Audiard.

Siete: Si el Oscar es, a fin de cuentas, un ritual del cine gringo, no estaría demás preguntarse qué podemos sacar en limpio de su última lista de nominaciones. Se me ocurre, por lo pronto, lo siguiente: más que nunca, es un cine está atrapado por los espejismos de su propio entusiasmo tecnológico. Su crisis intelectual es profunda: no cesa de recordamos una incapacidad de plantear historias o ideas cautivantes, honestas, inteligentes. Lo mejor del cine gringo reciente está por eso en otra parte: en algunos proyectos de animación cuando éstos se entregan a emular el mejor cine silente (la primera parte de Up o Wall-e), o en proyectos como The Hutt Locker que coquetean con el documental. Porque cuando el cine gringo empieza a querer contar una "historia" suele iniciar su camino cuesta abajo. (Es el caso, incluso, de Bastardos sin gloria de Tarantino: funciona más como una serie de viñetas, algunas magníficas, y menos como un relato coherente).

Ocho: Latinoamérica produce cerca de 300 películas al año. Hay los grandes productores (Brasil, Argentina y México, en ese orden), los medianos (Chile, Colombia) y los pequeños (Venezuela, Perú, Bolivia). En términos críticos, sólo México y, sobre todo, Argentina han engendrado "directores de importancia mundial" en los últimos años: Carlos Reygadas, Alfonso Cuarón, Lucrecia Martel o Lisandro Alonso.

De las varias argentinas posibles, los mismos argentinos eligieron postular al Oscar El secreto de sus ojos de Campanella, una película sostenida por la actuación de Ricardo Darín y en una línea que continúa (y mejora) su apreciable serie de dramas bien hechos: El mismo amor; la misma lluvia (1999), El hijo de la novia (2001) y Luna de Avellaneda (2004). En todas ellas, Campanella regresa no sólo a Darín sino a un esquema: un hombre ya entradito en años que enfrenta una crisis personal, que es al mismo tiempo la del país. Amistades y amores terminan siendo una salvación. El secreto de sus ojos perpetúa la fórmula, con el mismo tino e incursiones en la violencia (que Carnpanella ha estado practicando como director de series televisivas gringas: Ley & Orden y House). La teta asustada, en cambio, responde a la estética minimalista, cuidadosa y parca que caracteriza a muchos realizadores jóvenes latinoamericanos. En esta su segunda película (luego de la prometedora Madeinusa de 2006). Pese a una escasa respuesta crítica, pero gracias a los festivales (ganó el de Berlín y La Habana), Llosa accede a lo que ninguna película peruana en la historia (ser nominada al Oscar).

Y medio: Alguna utilidad tiene el Oscar: la publicidad de las nominaciones permite que algunas películas sean estrenadas o re-estrenadas en más lugares. En Bolivia, por ejemplo.

* Mauricio Souza es periodista y catedrático. Nota tomada de Nueva Crónica, donde regularmente publica su columna Ocho y medio.

viernes 5 de marzo de 2010

Alicia, me decepcionaste



* Richard Sánchez

Todo prometía un peliculón: la magia de la dirección de Tim Burton, la pluma fantástica de Lewis Carroll y el toque histriónico de Johnny Depp, pero la nueva versión de Alicia en el país de las maravillas tiene un algo que le falta.

La cinta nunca termina de despejar. Luego de una exitosa campaña de expectativa (nuevamente somos testigos de cómo el marketing te puede vender lo que sea), la película llega a Bolivia para comenzar una breve introducción con una pequeña Alicia (de 7 años) que es víctima de una recurrente pesadilla: una madriguera, un conejo con chaleco y reloj, un pájaro dodó, un gato sonriente, o sea, sueña con el libro Alicia en el país de las maravillas.

Luego la historia se mezcla con escenas de Alicia en el espejo, el otro libro no tan conocido de Lewis Carroll, autor la fantástica saga. Para esta parte, Alicia ya tiene 19 años y como toda joven y hermosa muchachita de su edad ya debe casarse previo compromiso matrimonial, aunque sea en contra de su voluntad, como se lo hacía en ese entonces en Londres.

Alicia huye tras el conejo blanco y encuentra el hueco que le llevará a un Wonderworld triste, desolado y sombrío donde la Reina Roja despojó la corona a su hermana la Reina Blanca. El bien y el mal, ambos con ejércitos y Alicia se disfraza de “caballera”, que con armadura y espada en mano debe asesinar a un dragón, misión que inicialmente niega.

Esta dicotomía moral de escoger entre los dos bandos, le quita ese mundo paralelo y fantástico que Carroll había creado en sus dos libros sobre Alicia. Parece que el guión aprisiona a los actores impidiéndoles una expresión más a cabalidad con lo que el espectador hubiese querido escuchar de seres tan irreales, locos e imaginativos. O quizás es la visión personal que el mismo Burton quiso imprimir en una Alicia que fue llevada a la pantalla grande en 21 diferentes versiones.

En el tintero quedó lo confuso, lo psicodélico, esa estupidez genial e irreverencia que alguna vez Burton nos presentó y que Alicia era la cinta/excusa perfecta para sacarla a relucir. No hubo nada de ello.

Además, a la peli le falta esa artesanía propia de los personajes burtonianos pues en este caso la mayoría fueron realizados en computadora y se nota demasiado (como en las escenas de un jinete tosco). De seguro los chicos pasarán un buen momento, con los efectos y principalmente con los personajes amorfos que les falta mucha pizca, pero ¿cómo explicarles la ausencia de la fiesta de No Cumpleaños, de Humpty Dumpty, de los naipes temerosos, de esa psicodelia que vieron en dibujos animados? ¿No debería haberse bautizado a la cinta como simplemente Alicia, para dar a entender que es la conjunción de los dos libros de Carroll?

Y para recaudar más Disney condicionó la dirección de Alicia a Burton para hacerla en 3D. ¿Eso le castró al director ese misterio en sus personajes y en la misma historia? No olvidemos que Disney y Burton tienen una extraña relación, desde que el segundo fuera despedido a causa de diseñar personajes oscuros, políticamente incorrectos y que van en contra de los cánones jolivudenses: risueños y convencionales.

De todas formas es una simple opinión, no una crítica de cine pues crítico no soy. Personalmente creo que la pintura fresca del MegaCenter te atrapa y te hace volar mucho más que la nueva mimada por las megasalas del mundo y tan mala me supo el gran estreno del 2010, que quizás por ello con el ticket de la cinta puedes canjear por una hamburguesa infantil de la Cajita Dino’s, donde por cierto sí celebran el No Cumpleaños. Quizás para quitarte el mal sabor del ojo.

* Richard Sánchez, pinche espectador de cine.

martes 2 de marzo de 2010

El Chelas (minibusero)



Tomado de la revista Afuera. Creado por Afuera Tóxica (Marco Tóxico Guzmán + Afuera).

Carta del Premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel a las FFAA del Estado Plurinacional de Bolivia

A los Jefes de las Fuerzas Armadas

del Estado Plurinacional de Bolivia

y a todos sus integrantes

Reciban el fraterno saludo. Como hermano latinoamericano acompaño desde hace muchos años los acontecimientos que viven los pueblos del continente, muy en particular del pueblo boliviano al que nos unen luchas y esperanzas compartidas en la solidaridad junto al Servicio Paz y Justicia de Argentina - SERPAJ- y América Latina.

Bolivia vive un importante momento histórico, político, cultural y social en la construcción y fortalecimiento del sistema democrático, con una amplia participación de los ciudadanos en las grandes transformaciones que vive el país. Esto es un fuerte signo de Esperanza para el continente.

Estoy convencido que no se puede construir nuevos caminos de integración, de Verdad y Justicia, si las fuerzas armadas están ausentes de ese proyecto transformador y no comparten el caminar del pueblo asumiendo los desafíos que hoy tiene Bolivia.

En esa dirección les solicito respetuosamente y con el ánimo de contribuir a la Paz y la unidad del pueblo, que entreguen a las autoridades judiciales los documentos solicitados, a fin que los familiares afectados puedan conocer la verdad y sentir que el camino de Verdad y Justicia alivia el peso de tantos años de sufrimiento, silencio y complicidades. Recordemos que Bolivia vivió días de profundo dolor en el pasado y que es necesario encontrar los caminos para fortalecer la democracia y el Estado de Derecho.

Las FFAA pueden contribuir y alentar ese camino en bien del pueblo boliviano y ser ejemplo para otros países en Latinoamérica. Las nuevas generaciones que integran las fuerzas, tienen la posibilidad y responsabilidad de avanzar en la unidad y reconciliación, junto a todos los sectores para construir la Paz.

Les reitero el fraterno saludo de Paz y Bien, deseándoles mucha fuerza y esperanza.

Adolfo Pérez Esquivel

Premio Nóbel de la Paz

Buenos Aires, 1º. de Marzo de 2010


LMP dedica este dibujito (obra de Mencho) a los señores de las botas y bayonetas:

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