domingo, 18 de julio de 2010

Los otros del 17


Lupe Cajías *


Hoy todavía los bolivianos gozan del sistema democrático; algunos abusan de él ejerciendo libertinaje que daña a los demás. Paralelamente aparecen preocupaciones por determinadas actitudes, nuevas normas y visiones que no respetan las reglas que se dieron hace casi tres décadas, cuando el país volcó la etapa de los gobiernos de facto.

Las nuevas generaciones pueden creer que los cambios que se dan en el Estado y en la sociedad, sobre todo con la inclusión de los pueblos originarios, son fruto de una dinámica espontánea o de luchas recientes. Hay una tendencia a no mantener una mirada larga, en el tiempo y en el espacio.

Los bolivianos olvidan, incluso a sus muertos más apreciados. El olvido es el peor duelo, el más cruel entierro y el triunfo más patético del enemigo. Hay olvidos que cubren los cuerpos de seres humanos, de apellidos menos conocidos, de aquellos que dieron su tranquilidad, su trabajo, su familia y su vida por la democracia.

Hace 30 años, el sangriento golpe ‘narcomilitar’ comandado por Luis García Meza no sólo asesinó a famosos luchadores políticos, sino que también silenció a decenas de trabajadores anónimos que resistieron la nueva arremetida militar.

La primera fase se dio en las calles paceñas, en Oruro y en algunas capitales, donde las frágiles trincheras fueron pronto arrasadas por tropas del Ejército. La mayor combatividad se concentró en los distritos mineros norteños: Caracoles, Viloco y Colquiri.

Los obreros, apoyados por miembros de la Iglesia católica, como el padre Antonio, de Viloco, mantuvieron hasta agosto un múltiple frente de lucha. A la huelga general agregaron el sistema de información clandestina de las llamadas ‘radios de los topos’ como se conocieron durante esos días. Los periodistas extranjeros se basaron en los informativos de ellas, pues otros medios independientes estaban silenciados.

Las radios de los topos fueron las primeras en difundir en el país la información del The Washington Post, de Newsweek y de medios brasileños que denunciaron la vinculación de los golpistas con el dinero negro del tráfico de cocaína. Un senador estadounidense desveló nombres como los del mayor Ruddy Landívar, del general Hugo Echevarría, del paramilitar Abraham Baptista, del coronel Rolando Canido, del coronel Ariel Coca, además del coronel Luis Arce Gómez, que aparecían relacionados con Hugo Banzer-García Meza y la ‘conexión boliviana de narcotráfico’.

La reacción militar fue asaltar los campamentos mineros, adonde se aproximaban campesinos y colonizadores para fortalecer al clandestino ‘Gobierno de Unidad Nacional’ -el GUN-, que duró pocas semanas. Con la consigna ¡democracia!, mineros y agrarios resistieron varios días más, incluso los bombardeos aéreos.

Al último guerrero un militar le puso un cachorro de dinamita y lo hizo saltar en pedazos en plena plaza de Caracoles. Sólo la compasión religiosa rezó el responso, y sacerdotes, religiosos y el periódico católico Presencia mantuvieron el último foco prendido, con sus denuncias internas e internacionales. Ahora es también la Iglesia, la prelatura de Corocoro, la única que este 31 de julio oficiará la misa por el descanso de esos difuntos, en la apacheta de Punaya. Honor y paz a los caídos.


* Periodista e historiadora.

domingo, 4 de julio de 2010

Ohh yeah, japi fakin dei YU-ES-EI (o un feliz 4 de julio a Estados Unidos)


Japi fakin dei por ser el país más contaminador del planeta Tierra junto a los otros “industrializados” que desde hace añadas se resisten a firmar el protocolo de Kyoto para reducir la emisión de gases invernaderos.

Japi fakin dei yu-es-ei por ser el país que abre las puertas como héroes a los cubanos y a los mexicanos les construye en la frontera murallas, los persiguen con perros, autos, radares y, ahora, hasta con aviones sin tripulación. Pero al tiro sale el Obama para decir en un discurso mamón que "el constante flujo de inmigrantes es lo que ayudó" a su país "a ser lo que es".

Japi fakin dei por la ley sobre inmigración racista que se promulgó en Arizona, mediante la cual hasta la tierna Dora la Exploradora es una ilegal sin derecho a decir/hacer nada.

Japi fakin dei yu-es-ei por hacernos recuerdo –con su complicidad con el golpe de Estado a Honduras– cómo gestaron los otros golpes en nuestra Latinoamérica en los 70 y 80 (55 golpes según el director de cine, Oliver Stone), matando a miles, colocando y bajando Presidentes-Títeres a su gusto y gana.

Japi fakin dei por su dizque lucha “antidroga” en Bolivia, cuando EEUU era el mayor protector de los reyes narcos bolivianos (asentados en oriente) pues servían el “desayuno” de los gringos: la cocaína, a su gusto y placer. Gracias a la DEA por sus intervenciones truchas, mientras los narcos asesinaron a Noel Kempff Mercado (más otras dos personas) cerca de la Huanchaca (1986) donde había una fábrica droga a vista y paciencia de los gringuitos antidrogas. A la DEA se la calificó como “indirectamente responsable” por ese triple asesinato, según una comisión investigadora.

Japi fakin dei yu-es-ei porque a su presidente le dieron el Premio Nobel de la Paz sin hacer nada, al contrario, sigue mandando contingentes militares (más de 40 mil soldados) hacia Afganistán con sus “rifles católicos”, ha duplicado el presupuesto militar para la guerra y en Irak ha puesto a un Gobierno-Títere.

Japi fakin dei porque su gobierno se cree el Superman, el paladín universal de los derechos humanos, juzgando su punto de vista a los cinco continentes; pero en su patio trasero –Cuba– mantiene en funcionamiento a una vergüenza para todos los humanos: la cárcel de Guantánamo. Yu-es-ei (al igual que con el protocolo de Kyoto) se niega a ratificar la Convención Americana sobre Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y la Convención de los Derechos del Niño. Sin olvidar su apoyo incondicional a Israel en su exterminio de la población palestina.

Japi fakin dei yu-es-ei porque durante Obama, las fuerzas especiales gringas operan en más de 75 países, cuando hace apenas un año estaban en 60 países. Más de 13 mil fuerzas especiales –militares y civiles, expertos en operaciones de inteligencia, guerra psicológica, asesinato selectivo, misiones de entrenamiento, acciones clandestinas, entre otras tareas– están desplegadas por el mundo; 9 mil de ellas están en Irak y Afganistán. Y no lo dice este mugroso blog, lo dice una investigación del Washington Post.


Japi fakin porque siguen su guerra en Afganistán, pero aún así la siguen llevando adelante sin importar cuantos estadounidenses deban morir tan lejos de la tierra de las oportunidades. Lo único que hace Obama es destituir a Stanley McChrystal, su “señor de la guerra”.

Japi fakin dei yu-es-ei porque desde el búnker de la avenida Arce en otros tiempos salían las órdenes DIRECTAS para nombrar a sus lambertos para ocupar cargos en ministerios y embajadas, concretamente para el Ministerio del Interior o de Gobierno. Ni olvidar que las leyes, decretos y contratos que el Estado boliviano debía firmar (todos en inglés) también salían de ese mismo edificio blanco con el VoBo de su embajador.

Japi fakin dei porque años atrás, en este mismo día, los políticos que no eran invitados al almuerzo de la Embajada gringa no tenían el VoBo para hacer “política”. Por ello, nuestros políticos de entonces iban disfrazados a la simple orden de la Donna Hrinak, o ¿ya olvidaron la foto donde el ex ministro caporal se disfrazó de cowboy para hacer de chofer en una Harley Davidson a la embajadora con nombre de fritura? ¿O ya se les borró lo que dijo sobre que “los bolivianos no tienen cojones”? Ni hablar de los premios que los gobiernos daban a esos embajadores, como el Cóndor de los Andes para el Manuelito Rocha, el que ordenó por quién votar o por quién no en una elección.

Japi fakin dei yu-es-ei porque en Bolivia la Embajada de la Arce sigue pisando fuerte (eso lo sabemos bien muchos periodistas) y japi fakin dei yu-es-ei, pues el negrito en el que pusimos nuestras esperanzas mundiales ha demostrado ser más cabrón que sus antecesores, incluyendo a los Bushs y eso, eso estimad@s malapalabrer@s, ya es mucho decir.

Por todo esto y muchísimo más: Japi fakin dei YU-ES-EI.

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