martes 26 de octubre de 2010

Doña Anita


* Andrés Gómez

La conocí en la Universidad como Anamar. En el periódico Presencia me enteré que era postulante a la Defensoría del Pueblo. No era mi candidata. Quería que el Congreso de la República elija a Rafael Puente. En mi opinión, Ana María Romero de Campero era funcional al sistema de la partidocracia (eran tiempos de dura resistencia al neoliberalismo apátrida).

Doña Anita hizo trizas mis sospechas basadas en su procedencia de clase e historia política y me enseñó que en tema de personas mejor guiarme por juicios y no por prejuicios. Sus frutos hablaron por ella a lo Martí: la mejor forma de decir es haciendo. El día que presentó un informe en el que afirmó con argumentos que los agentes de la DEA que operaban en el país eran “mercenarios”, disfruté como un niño con Navidad asegurada al titular en portada semejante notición que tocaba a la “embajada”, tan temida por los gobiernos de entonces y tan “apreciada” por algunos propietarios y directores de medios.

En octubre de 2003, me dejó otra vez con la boca abierta cuando decidió iniciar una huelga de hambre para frenar la masacre cometida por Goni y Sánchez Berzaín en El Alto. Puso el pecho, las ideas y sus principios ante las balas de aquel Gobierno que mató 67 personas y dejó cerca de 400 heridos.

La primera vez que estreché su mano fue el día que la invitamos con René Zeballos a conducir el programa dominical Hagamos Democracia de la Red Erbol. Amable, franca, inteligente, modesta aceptó nuestra propuesta y la presentamos con bombos y platillos. En ese lapso, realizó un viaje al exterior y me encomendó suplirle en el programa; al regresar me entregó un presente que está entre mis tesoros personales. Es una cerámica blanca y plana con una leyenda en letras azules que dice: “lo que natura no da, Salamanca no presta”.

Desde ese entonces, sostuvimos largas charlas llenas de lecciones de vida, de valores humanos, de convicciones políticas, de sueños empujados colectivamente y de consejos: “Andrés, si un día llegas a alcanzar la gloria o asumes cargos importantes, nunca cambies; si ibas a pie a todo lado, seguí haciéndolo; si ibas a comprar pan, seguí yendo a comprar pan; si te movilizabas en minibús, seguí subiendo al minibús; de ese modo conservarás lo más valioso que tenemos las personas: humanidad y coherencia”.

Salté de alegría cuando aceptó leer el borrador y escribir en la contratapa de mi libro Mediopoder, Derecho a la Información. Fue lo máximo para mí que ella se refiera a las ideas que planteó en esa obra y participe en la presentación.

Un día me habló de UNIR. Doña Anita, siempre deletreando el futuro y buscando la senda de la inteligencia para resolver conflictos y velar por la calidad del periodismo. La última vez que charlé con ella fue en su sala cuando me comentó que quería vender su casa para irse a un departamento y me contó algo de sus planes. Ese día me regaló sus libros, ya los tenía, pero era otra cosa que ella me los dé en persona y autografiados.

Esa vez, le pregunté si pensó postular a la Presidencia. A la persona que no era mi candidata a la Defensoría del Pueblo, ahora le sugería candidatear a la Primera Magistratura, ¡qué paradoja! “No Andrés, ya no estoy para esos correteos”. Meses después: “Te cuento que acepté ser candidata a Senadora porque es momento de sostener este proceso”. ¡Qué tino! Estaba en el momento que la historia la requería.

¡Cuánto la extraña Bolivia, Doña Anita! Si usted hubiera estado en la Presidencia del Senado, hubiera evitado la borrachera de poder del MAS y hubiera sido la conciencia del poder para limitar arbitrariedades, rodillazos y muertos como en Caranavi. Vuelva pronto, por favor, la democracia necesita a su Primera Defensora del Pueblo.

* Andrés Gómez Vela es periodista. Su blog es: http://rimaypampa.blogspot.com/

Una periodista militante...


* Rubén Atahuichi

A pocas horas de su partida, todo el mundo comienza a añorar y rememorar sus tiempos y vivencias con Ana María Romero de Campero. Su vocación por el periodismo real, sus enseñanzas y sabiduría, su sentido altamente humano y su convicción por una cultura de paz fueron siempre su razón de ser.

Sobre todo, era una periodista militante, militante de todos los valores que el oficio debería promover. La única militancia que comulga el ejercicio responsable del periodismo tiene que ver con los principios establecidos en las normas constitucionales y en sus códigos para beneficio del bien común, del Estado y de la sociedad. Y ella lo sabía y la profesaba…

No tuve tanta suerte de compartir salas de redacción o coberturas con ella, como muchos, pero tuve oportunidades suficientes para encontrar en la colega de siempre enseñanzas sobre el ejercicio real del oficio, que admite sólo la militancia de una vida y una carrera al servicio de los demás.

En mi juicio, AnaMar, como la llamábamos con cariño, es comparable con las cuatro mujeres mineras que con su huelga libraron al país de la dictadura de Hugo Banzer Suárez. Claro, en tiempos distintos, lideró una huelga similar contra la masacre de octubre de 2003 perpetrada por fuerzas militares tras encargo de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Militante de la democracia, pues…

Aunque sus detractores (políticos de paso y ciertos periodistas) la cuestionaron sobre su elección como senadora del Movimiento Al Socialismo (MAS), ella tuvo todo el derecho y la autoridad –luego de una carrera periodística intachable y un ejemplar servicio público como la primera Defensora del Pueblo del país— de militar también en la política, desde cuyo escenario también es altamente posible servir al país.
Pudo adscribirse a este “proceso de cambio” desde cuando Evo Morales comenzaba a conformar su primer gabinete, a principios de 2006. El año pasado me comentó que en tiempos de las buenas relaciones de la Iglesia Católica con el ahora Presidente del Estado Plurinacional, y cuando éste pidió una sugerencia sobre nombres a ciertos líderes religiosos, monseñor Jesús Juárez la propuso como Canciller de Morales o, en último caso, embajadora ante el Vaticano.

Obvio, ella agradeció la deferencia del Obispo de El Alto, con quien lidió mediaciones políticas en tiempos de Banzer, Jorge Quiroga y Sánchez de Lozada, pero rechazó las postulaciones. “No es mi tiempo, estoy en otras tareas que también necesita el país”.

Esperó su tiempo, no ingresó en la arena política sopesando un viaje sin retorno; esperó que el pueblo la elija en un cargo político por esencia, Senadora del Estado Plurinacional.

Pues, se fue como una periodista militante de la democracia.


* Rubén Atahuichi es periodista. Escribe en su blog: www.parte-contraparte.blogspot.com

La censura de antes, la "lucha" de ahora


* Rubén Atahuichi

Como hoy en 2003 Gonzalo Sánchez de Lozada era residente privilegiado residente en Estados Unidos. Había huido del país un día antes, empujado por una crisis de gobernabilidad de su autoría cuyo saldo fue de 69 muertos, más de 400 heridos, el país en caos, medios de prensa censurados (y cerrados), periodistas amenazados y a Carlos Mesa como su sucesor.

Los sucesos que luego se llamaron la “masacre de octubre” fueron fatídicos, por las consecuencias sociales y políticas, y por el peor momento que vivió el gremio, el peor a mi juicio. Entonces era editor del diario La Prensa.

Ediciones del semanario Pulso retiradas de los puestos de venta, una radio de la red Erbol dinamitada en Oruro, dos canales de televisión acosados por el Gobierno (RTP y Cadena A), titulares censurados, periodistas en “listas negras”, intromisión gubernamental, la libertad de prensa en ascuas… Era otro el escenario con relación al actual. Los dueños de medios de ahora eran esa vez los que impedían un ejercicio real del periodismo, de la mano de algunos operadores de la administración estatal. Claro, con muchas excepciones.

Lo que más me marcó fue la censura que en La Prensa sufrimos a una edición extra que los editores y redactores preparamos con motivo de la renuncia de Sánchez de Lozada. Semejante episodio de la historia ameritaba una reacción periodística el día de la dimisión y la huida, el 17 de octubre. Para entonces, los periodistas habíamos terminado de padecer el acoso interno y externo.

La noche del 20 de octubre me tocó sistematizar toda la información de la primera de las matanzas de la masacre. Por pretender el desbloqueo que impedía el tránsito de decenas de turistas en Sorata el Gobierno, con la ayuda de Estados Unidos, había intervenido en el conflicto cuyo epicentro fue Warisata. Al menos cinco muertos, entre ellos una niña y campesinos. Con información de reporteros regionales y de nuestros enviados a la zona, para la edición del día siguiente había dejado un titular de página central: “Operativo de Sánchez Berzaín termina con al menos cinco muertos”. Carlos Sánchez Berzaín, ministro de Sánchez de Lozada, había comandando el operativo, incluso se supo que fue apedreado y atacado por vecinos en Sorata.

Al día siguiente nos desayunamos otro titular, que destacaba la acción del Gobierno en el desbloqueo y la “liberación” de turistas y no así las muertes. Sin embargo, los censores de turno se olvidaron de cambiar el contenido de la nota periodística, que sustentaba el titular inicial. Molesto con el reportaje, el entonces vocero del Gobierno, Mauricio Antezana, envió una carta a la dirección de La Prensa, que fue publicada el 23 de octubre. El funcionario había dicho en su misiva que el operativo tenía el fin y que nuestra tarea de periodistas, en su opinión, fue “dirigir la información al parecer con una inocultable finalidad política".

Nos indignó la carta. Quisimos responder también públicamente, en nuestras páginas del diario, incluso con pago por el espacio. Ni el entonces director, Alfonso Canelas, ni el jefe de Redacción, Marco Zelaya, ni los dueños, entre ellos Pedro Rivero Jordán (que estuvo en huelga hace poco en contra de los artículos de 16 y 23 de la Ley contra el Racismo) atendieron nuestra demanda. Claro, pudimos decir nuestra verdad: "El lector que se ha informado del hecho mediante La Prensa ha conocido la versión del gobierno, pero también la de los campesinos. Periodismo, no relaciones públicas”.

Ahora los tiempos son otros: otro Gobierno, otros actores políticos (los medios con gran fuerza) y otro escenario político. Los que en propia casa nos censuraban ahora luchan por la libertad de expresión, dizque muerta tras esa polémica ley.


* Rubén Atahuichi es periodista y acá va su blog: www.parte-contraparte.blogspot.com

domingo 17 de octubre de 2010

Libertad era un asunto, mal manejado por diez (*)


Arturo Choque Montaño

Madrugada de enero. Un fuerte contingente policial y militar ingresa violentamente a una población civil. Ocho caimanes cargados con tropa militar y 14 camionetas con efectivos policiales, que han ensayado bien su táctica, amedrentan a los campesinos que hacen vigilia, los encierran en un par de depósitos y se dirigen a la emisora comunitaria, destruyen los equipos, se incautan de abundante documentación, secuestran el transmisor y se alejan del lugar disparando al aire.

La intervención no se produjo en tiempos de dictadura, ocurrió el 22 de enero de 2002, durante la presidencia de Jorge Tuto Quiroga. Para mayor precisión histórica, horas antes de recibir en su despacho a una delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y a un par de días de suscribir la Declaración de Chapultepec en ocasión de la Conferencia Hemisférica sobre "libertad de expresión".

No hubo periodistas de luto, portadas en blanco, desgarre de vestiduras y los directores de los medios, en vez de montar una huelga de hambre, cenaban junto a la SIP, brindando por la "libertad de prensa".

Octubre de 2003. La violencia estatal, que comienza a cobrar víctimas en El Alto y La Paz, ya se ha cebado con sangre rebelde de Warisata. Se intervienen radios en el altiplano paceño, Radio Pio XII de Oruro sufre un atentado con explosivos. En La Paz, el Ministro de Salud "sugiere" a los canales transmitir "música alegre" y el yerno del Presidente manda a carajazos a los periodistas del canal estatal a sustituir las imágenes del día por otras de archivo donde la ciudad de El Alto aparece en una apacible jornada electoral.

En esos días, algunos de los periodistas, que hoy marchan defendiendo la libertad de expresión, eran los esquiroles que saboteaban las huelgas contra la censura y la imposición de agenda desde la Plaza Murillo. Quienes ahora escriben editoriales inflamados de ímpetu libertario eran los que nos pedían darle al poder corrupto y asesino "el beneficio de la duda". Eran esos mismos que secuestraban ediciones listas para imprimir, los que le siguen conculcando a sus lectores el derecho a informarse, esta vez vistiendo sus portadas de blanco.

25 de enero de 2008. Sucre se despierta con resaca luego de la orgía de odio y humillación contra los indios emprendida por la "culta" burguesía local. Las páginas del periódico Correo del Sur, hoy uno de los abanderados de la lucha conta la "censura", construyen una fábula con pocas pinceladas de realidad. Hablan de "enfrentamientos" de "campesinos" contra "ciudadanos", arrebatándoles a los primeros, con la discriminación más infame, el ejercicio de su ciudadanía, reservada, según el matutino, para los citadinos. No fue lapsus cálami, sino el ejercicio consciente del colonialismo más abyecto.

Hoy los medios intentan vender otra falacia: estar a favor de una ley contra el racismo, para todos, excepto ellos mismos. Por algo le temerán.

* Fragmento de la canción de Piero Para el pueblo lo que es del pueblo.

Ley, racismo y números mentirosos


* Ricardo Bajo

Llego a la plaza 24 de Septiembre de Santa Cruz. Son las once de la noche y es domingo. Hace calor, unos 26 grados y hay mucha gente paseando y charlando. También están instaladas varias carpas con fotografías antiracistas, tapas de periódicos, pancartas, un piquete de huelga de hambre y mesas recogiendo firmas. "No al racismo, abajo la dictadura, viva la libertad (de expresión), la lucha continúa"… Uy, como cambian las cosas, me digo: una “performance” izquierdosa en el centro de “Santa Puej”. No veo ninguna fotografía ni polera del Che. Eso me comienza a extrañar. Asomo la cabeza sobre la carpa de los huelguistas y veo al director del periódico más importante del país, El Deber de Santa Cruz, Pedro “Choco” Rivero. Tiene una polera blanca que dice: “La lucha continúa”. Está durmiendo, es su primer día de huelga de hambre. En su vida. "Extraña huelga liderada por los directores y jefes", me digo, otra vez. Me acuerdo de 2000 y la guerra del agua, de 2003 y octubre negro. Ahí las huelgas por la libertad de expresión las hacíamos porque se censuraban enfoques, se paralizaban suplementos ya impresos, por órdenes del palacio gonista. Y entonces a los que veo marchando y haciendo “happenings” en las calles ahora, no estaban. Y los directores y los jefes no hacían dieta. Incluso, ahora marchan algunos periodistas deportivos, ésos que te decían: “nosotros cubrimos deportes, no hacemos política”. Cuando algunos hacían huelga (total, no de “brazos caídos”), otros (incluido los deportivos) trabajaban para sabotear los paros y sacar el periódico censurado a las calles. Ahora, a ésos que miraban para otro lado cuando se mataba gente en Warisata, en El Alto, en Ovejuyo (y titulaban con “Emboscada indígena mata gente” les veo con poleras de “La lucha continúa”. Y me alegro mucho. Soy feliz, vamos que la vida es una pelea. Bievenidos (aunque sea muy tarde y “nadies” les crea) a todos los colegas que ahora se declaran anti racistas. Más vale muy tarde que nunca. Me gustaría haberles visto denunciando la masacre de campesinos y normalistas en Porvenir. Condenando la paliza a Saisari en esa misma plaza 24 de septiembre a manos de sicarios por órdenes de terranientes. O solidarizándose con los muertos de Pananti en 2001. Con los cocaleros apaleados. Con los indígenas golpeados en el golpe cívico prefectural. Con Nancy Rojas, la niña que recibió una bala de guerra en el corazón mientras estaba en su cuarto en Warisata, en septiembre de 2003. Con los hermanos humillados y ofendidos en la plaza 25 de mayo en Sucre hace dos años. O bailando en un concierto antiracista con Ukamau y Ke, Scoria o la Marraqueta Blindada. Nunca los ví. Pero me alegro y soy feliz. Especialmente porque, por fin, se quitaron la máscara. Caras y más caras al descubierto. Años deseando que los medios de comunicación privados (el 80% del total, que linda dictadura) se quiten la careta y digan lo que nunca dicen: qué modelo quieren, a quién apoyan, a quién no quieren ni querrán nunca. En otros países, se dice a las claras y todo el mundo sabe por donde pisa. En nuestra Bolivia, los mass-media eran neutrales, objetivos, imparciales, sólo estaban con la democracia (aunque miraban con risitas intentos golpistas, pero eso es “pecata minuta”). Enterrada la derecha neoliberal y sus mega juntuchas, pasaron a tomar la posta, se convirtieron en agentes activos, en actores políticos, en la primera línea de la barricada. Pero jamás lo reconocieron abiertamente. Ahora sí y me alegro. Por fin. Entraron a jugar a la cancha cuando el partido ya está terminado. Cuando su poder de influencia es casi nula, en un afán de recuperar su vieja aureola. ¿Cómo se entiende que un gobierno gane por goleada cada elección importante por más del 60% con el 80% de los medios en abierta oposición? Se llama: pérdida brutal de influencia. ¿Será que la gente al final no es tan zonza? Será, pues. La democracia está de luto, el periodismo se muere, la libertad de expresión se termina. Y todos los días veo horas y horas, páginas y páginas intentándonos convencer que caminamos hacia Cuba, hacia la dictadura más atroz. Extraño autoritarismo que permite en algunos periódicos sacar avisos (¡a página entera en la contratapa!) de los trabajadores que no quieren la ley antiracismo oponiéndose a la línea ideológica de los dueños. Las redacciones en los años 60, 70 y 80 estaban llenas de izquierdosos, luchadores anti fascistas contra las dictaduras. Con los despidos, solo quedó la derecha y un amplio ejército de juventud desideologizada, que marcha por primera vez, que se pone una polera con “La lucha continúa”. Otros, simplemente, acompañan para no perder la pega, por temor al desempleo. Quieren recoger un millón de firmas para convocar un referéndum y tumbar dos artículos que impide propagar mensajes racistas (con condenas de cárcel y retiro de licencias). Alemania es un país atroz y salvaje donde te caen 6 años de prisión si niegas el holocausto nazi. España condena el ultraje a la monarquía que nadie ha elegido. En todos los países se limita la libertad de expresión, pero en Bolivia algunos marchan para que se siga discriminando y otrificando impúnemente. ¿O no tiene nada que ver con eso? Saben perfectamente que no van a llegar al millón de firmas. Y no quieren negociar el reglamento. ¿No es la misma actitud que la derecha autista que delegó su tarea de oposición legítima y necesaria en el parlamento? ¿No es lo mismo que hicieron los “escuálidos” en Venezuela cuando dejaron en manos chapistas la última Asamblea para luego admitir el error y volver al Parlamento? Doy unas vueltas por la plaza 24 de Septiembre y un colega me entrega un papel firmado por El Deber: “A favor de la ley contra el racismo y la discriminación pero en contra de los artículos 16 y 23 que coartan libertades”, titula. En su párrafo seis dice: “Consideramos un exceso las propuestas de cerrar medios o encarcelar personas tomando en cuenta que la Carta Magna aprobada por el actual gobierno en 2009 establece…”. Qué curiosa forma de contar la historia. Bueno, la misma de siempre. La actual Constitución fue votada y respaldada por dos tercios por primera vez en la historia de Bolivia, previa Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal. Colegas, no fue aprobada por el actual gobierno. En la contratapa de los colegas de redacción de La Razón, leo al final: "Rodillazo no, libre prensa sí". Y, ¿qué tiene que ver un agresión del Presidente en un partido de fútbol caliente con este conflicto interesado? Nada. O todo. Puedo seguir con ejemplos que desnudan las verdaderas intenciones de las marchas, de las huelgas de hambre, de las recogidas de firmas de algunos periodistas, pero me encuentro con un amigo que trabaja en la Cainco. ¡Qué lindas son las noches en Santa Cruz!, le digo. Oye, viejo, no tendrás por ahí esas poleras verdes y blancas que sacaron ustedes hace unos añitos con el lema “2/3 es democracia”? ¿Será que me puedes regalar unas cuantas? Seguro que tienen hartas todavía. Desaparecieron, compadre. Se ríe pero al final no me regala las camisetas. Me voy a tomar unas chelas con un amigo cumpa de El Deber. Por ahí, él me puede conseguir la polera que desapareció de Santa Cruz. 16, 23, dos tercios, marchas multitudinarias de 20 tipos y el millón de la dignidad. Los números mentirosos (como los medios) me marean ¿o serán las chelas?

* Ricardo Bajo es periodista. Columna T lo voy a rezar publicada en Erbol.

viernes 15 de octubre de 2010

Humor racista

* Papirri

Los años 2006,2007 y 2008 sufrí bastante por este asunto de las expresiones racistas en las calles, en los medios, en los teatros, la mayoría de ellas referidas a “indio e mierda” y dirigidas al Presidente Evo.

Se volvió triste para mí ir a dar conciertos en Santa Cruz, mientras esperaba la prueba de sonido en el hotel, prendía la tele y empezaban los insultos al "colla e mierda", o sea a mí, que acababa de llegar a tocárselos, a divertirlos, a sensibilizarnos.

En el boliche -era un buen lugar, digamos de clase media alta cruceña donde trabajé por 15 años dando recitales- empezaban a llegar los comensales, al verme blancón desplegaban la lengua reclamando que los indios de mierda se estaban entrando hasta la hacienda de papá. El taxista afirmaba -sin conocerme- que yo era de Tarija, que "tenemoj que hacer otro paij puej y voltearlo al indio e mierda". Una vez no pude más y le dije oiga ¿por qué Ud. no se mira al espejo con su cara de sirionó? Frenó en seco y me sacó a empujones del auto con guitarringa y todo.

Otra vez fui contratado para tocar en medio de la función de Chaplin Show, una empresa de humor hecha por collas cochabambinos y orureños, próspera, en pleno barrio residencial Equipetrol en Santa Cruz. Antes de salir a escena me vino náuseas por los chistes come-collas, donde el indio era una bestia, el colla un burro. Las carcajadas salpicaban whisky importado como parte de un circo romano. Salí a escena de mal humor, sin éxito alguno.

El asunto rebalsó cuando en otro boliche de trovadores un cruceño estiró la mano y me tapo la guitarra diciéndome que tenía que cantar "Viva Santa Cruz, ¡nuestro himno!!, escupía sulfúrico. Le dije que yo solo sabía dos himnos, el de Bolivia y el de mi colegio, que no sabía tocar aquella canción compuesta por el orureño Gilberto Rojas. En el entretiempo el susodicho ingresó al camerino con varios alterados diciendo colla y mierda y que no me dejarían tocar si no interpretaba música cruceña. Las que más agredían eran sus bellas mujeres.

Decidí retirarme al hotel y no volver a tocar en Santa Cruz hasta que los aires racistas y violentos dejaran de contaminar, o sea hasta hoy. En el 2008 acepté una oferta laboral de la compañía de humor Tralala Show, cuatro meses de funciones con un solo día de descanso a la semana, tanda y noche y un excelente salario.

Me dieron un sketch con una actriz que hacia de limonera potosina antes de que cantemos juntos la canción "Bien le cascaremos". Al leer el guión me sentí mal, me acorde de mi comadre Cornelia Veramenti del Grupo Norte Potosí. Yo tenía que actuar del k’arita que la había embarazado -y por lo tanto violado- y decir cómo pues, cómo pues, yo no he sido. Entonces le dije a la directora que no haría ese papel solicitando otro guión.

Inteligente, me desafió a que yo hiciera el guión, entonces vino mi primera experiencia creando un sketch interesante donde la limonera se expresaba de manera racista contra mi, llena de prejuicio gracioso y al final superábamos el entredicho pues la canción que le gustaba había sido compuesta por el blancon. La limonera era una excelente actriz, Marianela Molina Travesi.

De lo que no pude librarme en esta gira fue del sentimiento de asfixia cuando desde bambalinas escuchaba como otra actriz decía que el Presidente Morales debería ser entrevistado en Animal Planet.

No es necesario vilipendiar a nadie para hacer reír. No es necesario humillar al prójimo para generar carcajadas. Llegó la hora de que varios humoristas bolivianos replanteen la cosa, se serenen y dejen de humillar a las abarcas, a la hoja de coca, a lo indígena. ¿Será el fin del humor colonial? No creo, son estancias perdurables. Este momento debería ser más bien un desafío para que de manera creativa se traten de equilibrar los mensajes escénicos y desarrollar una comedia que nos refleje sin necesidad de avasallar al otro; reír con alegría genuina, con sorpresa de niños, con inteligencia y sutileza sin necesidad de mierdear a nadie. Ni en la calle, ni en la radio, ni en el escenario. Caso contrario, van a generar la respuesta del otro extremo, con el humor anti-k’ara que me va hacer renegar de nuevo y yo solo quiero reír, che.

* Papirri es Manuel Monroy Chazarreta es cantautor.

jueves 14 de octubre de 2010

Matemos a los periodistas (pero con anestesia, para que no lloren)


* David Acebey

Son el principal soporte de los asesinos de la Madre Tierra y de los que lucran con la muerte. Al matarlos, mataremos la libertad de prensa, para que nazca, en las sabidurías de la igualdad de opinión, la salvación del planeta.

Matémoslos con la indiferencia. Un maestro del crimen dijo que para utilizar esa técnica teníamos que recuperar el don de la reflexión.

- Pensar: ¿A quien conviene desinformar y embrutecer al pueblo con siliconas en las tetas, en las mentes y en las colas?

- Preguntarnos: Los que reclaman libertad de prensa: ¿son los que apoyaron la división de Bolivia en 2008, los que callaron habiendo visto los aprestos subversivos o los que se jugaron por la Patria?

- ¿Será cierto que es cómodo ser neutral, muy beneficioso vender la pluma y tremendamente peligroso ser ético?

En mis muchos caminos no he visto un gremio más llorón y más ágil para desenfundar la credencial 007. Conozco pocas excepciones: el periodista cruceño Antonio Miranda arriesgó su vida por investigar y publicar -en plena dictadura y sin financiamiento- una nota que fue determinante para derrocar a García Meza. A Luís Espinal lo reventaron en la tortura, pero no por cura. Por periodista, por incorruptible, por guerrero, por revolucionario…

Me apenan las gentes del que fue mi gremio, razón por la que no promoveré su defunción mientras no encuentre el analgésico adecuado, porque la muerte por indiferencia es muy dolorosa.
Mientras espero respuesta de un amigo anestesiólogo, busco inspiración en el testamento de la abuela Ruperta: ella curaba todo mal con enemas y la tía Anastasia, que en los anales chaqueños fue conocida como Anestesia, se encargaba de enlazar a la víctima y colocarla en posición de colita al blanco para facilitar el trabajo de su hermana.


* David Acebey es escritor.
Página web: http://www.davidacebey.zobyhost.com
Santa Cruz de la Sierra
Bolivia

** LMP apoya incuestionablemente esta iniciativa.

domingo 10 de octubre de 2010

Paradojas periodísticas

* Andrés Gómez Vela

Estos días, centenares de periodistas se convirtieron en noticia de tapa, fabricaron realidades en un accidentado escenario de paradojas y licencias mentales; veamos algunos:

Escudo constitucional.- Parte de ese grupo de asalariados intelectuales, que se gana la vida vendiendo su fuerza de trabajo, usó como escudo la Constitución que despreció cuando nacía. Los empleadores –invisibilizados en Unitel, Red Uno y otros canales- que viven de las ideas que producen aquellos y aquellas, utilizaron como espada el documento “manchado de sangre” para defender sus “licencias”. Ayer no les servía, hoy les fue útil para decir con la más absoluta libertad que no hay libertad de expresión.

Mimados.- Desde el nacimiento de Bolivia, ningún gobierno (como el MAS) había hecho una Constitución a la medida y exigencia de los periodistas en materia de información, comunicación y libertad de expresión (artículos 106 y 107) a tal extremo de constitucionalizar sus códigos de ética, pero ningún otro había sufrido de parte de sus mimados tanto ataque y denuncias de violación a la libertad de expresión.

Defienden lo que violaron.- En octubre de 2003, un periódico (La Prensa) censuró titulares, notas y evitó la publicación de un extra que reflejaba la fuga de Goni; varios canales de Televisión (otra vez Unitel) pasaban las películas más taquilleras de Hollywood en lugar de informar acerca de la masacre de El Alto (67 muertos y casi 300 heridos). Dicho de otro modo, hace siete años mataron la libertad de expresión y el derecho a la información de todo un pueblo, hoy querían resucitarlo, defendiendo lo que no defendieron aquella vez cuando más debían hacerlo.

Empleadores.- Algunos de los sujetos que defendieron la libertad de expresión no pagan a a las AFPs, ni a los seguros de salud, ni salarios a tiempo, condenando a su “mano de obra” a condiciones infrahumanas (ni internet tienen en varios medios), donde la producción intelectual sufre inanición; pero sí han sido capaces de titular que la “democracia ha muerto” (El Diario) como si la democracia sólo fuera un verbo. Las malas condiciones de trabajo y la violación de los derechos laborales afectan la independencia del informador, lo que a su vez golpea la calidad de la noticia y viola los derechos a la información y comunicación de la gente a quienes se supone sirven.

Manipulación.- La cobertura sobre la ley de lucha contra el racismo probó la discriminación. Un centenar de propietarios, una decena de dirigentes y casi medio millar de trabajadores de medios pesaron, en el mundo mediático, más que 10 millones de bolivianos titulares del derecho a la información. Se entrevistaron, preguntaron y se titularon según sus intereses, al resto, a la mayoría, ni les preguntaron sus pensamientos, menos a las organizaciones que habían propuesto el inolvidable artículo 16; y si lo hicieron fue para completar la noticia, no para equilibrar el “titularzango” (como dirían en Riberalta). Los discriminados no entraron al teatro mediático, solo los discriminadores se lucieron hablando de la “ley mordaza”, diciendo lo que querían. Mi vecino, intrigado, me preguntó: ¿dónde está la mordaza si dicen lo que quieren?

"Pollos de granja".- A las paradojas periodísticas se suman las del gobierno. Evo Morales fue iluminado por cámaras de televisión, sobredimensionado por ondas de radio y acunado por plumas inteligentes antes de llegar al poder, ahora se ha convertido en el enemigo de los intérpretes de la realidad, a quienes llama “pollos de granja”, “vuvuzelas”. No ofende, sólo da pena presenciar esta especia de parricidio.

Finalmente, una duda: ¿por qué no logró apoyó el movimiento? Una hipótesis: los periodistas han dejado de ser delegados natos de la sociedad en el ejercicio de su derecho a la información y la libertad de expresión no se resume a una página en blanco.

* Andrés Gómez Vela es director de la red ERBOL.

La Manipulación Informativa y la Libertad de Empresa

Un informe de la Defensoría del Pueblo del 2009 sobre los hechos de Sucre dio cuenta que los medios escritos y canales de televisión actuaron manipularon la información e instigaron al racismo, entre otras irregularidades en los días previos e incluso posteriores a las humillaciones contra campesinos en la plaza principal de Sucre el 24 de mayo de 2008. Los medios utilizaron un lenguaje adverso generando una opinión pública hostil a la presencia de los campesinos al culparlos de complicidad política y simpatía con el gobierno.


* Consuelo Espinoza

No hay democracia sin libertad de expresión” fue el único titular de portada de varios medios de comunicación escritos del país que circularon el pasado jueves reclamando así al Gobierno de Evo Morales la eliminación de los artículos 16 y 23 del proyecto de Ley Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, que fue promulgado finalmente por el primer mandatario pese a las protestas, movilizaciones y piquetes de huelga de hambre de las organizaciones de prensa a nivel nacional.

Apoyados por la bancada opositora, los gobernadores y líderes políticos contrarios al gobierno, la iglesia católica y la Sociedad Interamericana de la Prensa (SIP) –entidad que aglutina y defiende los intereses de los propietarios de medios de comunicación– este sector argumentó su temor de que haya una utilización política y discrecional de esta ley para regular y coartar la labor informativa de los medios de comunicación lo que conllevaría a la vulneración de la libertad de expresión, de pensamiento y, por consiguiente, de la democracia, adujeron.

Los artículos citados prevén tanto la sanción económica como la suspensión de la licencia de funcionamiento de aquellos medios de comunicación que autoricen y publiquen posiciones racistas y discriminatorias; asimismo, la cárcel sin ningún tipo de inmunidad para los trabajadores o propietarios que difundan, promuevan o justifiquen ideas basadas en el odio racial y la discriminación.

Pero a partir de dos hechos concretos analizaremos cómo los medios de comunicación al servicio de las oligarquías –que hoy se rasgan las vestiduras por la libertad de expresión– manipularon la realidad, reproduciendo y difundiendo prácticas de inferiorización y de exclusión: la tortura y humillación de indígenas y campesinos en la ciudad de Sucre y la Masacre de Pando ocurridos en mayo y septiembre de 2008, respectivamente.

Un informe de la Defensoría del Pueblo del 2009 sobre los hechos de Sucre dio cuenta que los medios escritos y canales de televisión actuaron con falta de ecuanimidad informativa, tergiversaron los hechos y las circunstancias, manipularon la información e instigaron al racismo, entre otras irregularidades en los días previos e incluso posteriores a las humillaciones perpetradas contra campesinos en la plaza principal de Sucre el 24 de mayo de 2008. Asimismo, los medios utilizaron un lenguaje adverso generando una opinión pública hostil a la presencia de los campesinos al culparlos de complicidad política y simpatía con el gobierno.

Sin embargo, las repercusiones del informe del Defensor del Pueblo en los medios de comunicación fueron escasas. Un medio escrito de Sucre publicó una pequeña nota donde advertía que la investigación realizada fue “subjetiva”.

En el caso de la Masacre del Porvenir donde fueron asesinados 18 campesinos, se elaboraron varios informes institucionales: del Gobierno, Defensor del Pueblo, Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB), UNASUR y la Federación Internacional de Derechos Humanos-FIDH, que explicaron la masacre de los campesinos a manos de sicarios al servicio de terratenientes, pero que el sistema mediático privado se encargó de desacreditarlos y deslegitimarlos, distorsionando la realidad de los hechos ocurridos en la región amazónica calificándolos como “enfrentamientos” convirtiendo a los victimarios en víctimas.

Cuando se hace referencia a los medios de comunicación se debe tomar en cuenta que bajo el sistema capitalista éstos no están puestos al servicio del pueblo como intentan hacernos creer, sino de los grandes monopolios económicos que buscan su rentabilidad al igual que el de una empresa de la que además obtienen beneficios ideológicos y políticos imponiendo sutil o abiertamente sus ideas, su concepción del mundo y sus valores.

La libertad de expresión existe, pero para aquellos que tienen en su poder la industria mediática. Es por ello que la ética y búsqueda de la verdad están ausentes porque los grupos de poder, a través de diversos mecanismos, buscan que los receptores asuman como suyo su discurso. Es así que esta industria invoca a politólogos, analistas, líderes sociales y políticos, psicólogos, educadores, etc. para legitimar su postura ideológica y política.

La Ley Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación afecta los intereses de la burguesía y los grupos de poder en la medida en que existen sanciones económicas y la cancelación de las licencias de funcionamiento y hasta la posibilidad de que los medios de comunicación pasen a manos de sus trabajadores de incluirse esta propuesta en la reglamentación de la norma. Es por eso que la oligarquía mediante una campaña mediática se ha dado a la tarea de satanizarla, estigmatizarla y condenarla y atacar a quienes ponen en peligro su existencia de clase.

* Consuelo Espinoza es periodista.

El "día negro" de Los Tiempos


* Rubén Dario Atahuichi


En una charla antes de siquiera pensar en ser diputado, Jorge Medina reflexionaba conmigo acerca de porqué para los afrobolivianos y, claro, para los descendientes africanos de todo el mundo, es racista llamar a cualquier desgracia, accidente o día aciago “negro”: Octubre negro o Día negro. No es que la palabra negro esté proscrita para el ahora diputado, sino es simplemente despectiva, racista o discriminatoria cuando se refiere a algo fatídico, nefasto, funesto, fatal, siniestro, ominoso, triste o adverso.

Es, pues, degradante, y rememora tiempos de esclavitud de esa raza de hombres, que en Bolivia tienen origen en tiempos de la Colonia.

En 2007, en Nueva York, el Concejo de la ciudad prohibió el uso de esa “palabra N”, como dicen, en la forma despectiva. Y, precisamente, para evitar herir sensibilidades, en Estados Unidos y varios países del mundo los medios eluden la palabra al referirse a los acontecimientos funestos. Por eso se llamó 11-S al día de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y 11-M al de los trenes en Madrid, en 2004.

En Bolivia, es fácil para los medios y la misma ciudadanía usar la palabra. Eso pasó durante los conflictos de febrero de 2001, cuando una refriega de policías y militares terminó con decenas de muertos, y octubre de 2003, cuando fuerzas militares dejaron al menos 69 muertos antes de la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada. Varios medios titularon como no es recomendable, aunque los textos con la “palabra N” pasaron desapercibidos debido a la poca cultura antirracista.

Aparentemente, la historia no ha cambiado unos años después…

Casualidad, ingenuidad o provocación, el diario Los Tiempos acaba de incurrir en el gafe (llamémoslo así por ahora), en coincidencia con la polémica que ha desatado el artículo 16 del proyecto de Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación, referido a la sanción y suspensión de licencia de medios en casos en que fomenten el racismo y la discriminación. “Día negro en Ecuador”, tituló en apertura el periódico cochabambino el viernes 1 de octubre, día en que a su vez centenares de periodistas protestaron en distintas partes del país contra el proyecto en discusión en la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Claro que Ecuador, y su presidente Rafael Correa, sufrieron un día fatídico, con dos muertos y decenas de heridos, una jornada de insubordinación de policías en todo el país, considerada como un apresto golpista. No importa la dimensión que haya tenido el día, pero de ahí llamarlo como lo hizo Los Tiempos, nos falta mucho que reflexionar…

No digo que es el lenguaje común de los medios en el país, pero llama la atención que en plena polémica antirracista haya surgido un titular de primera plana de ese tipo. Quizás sea la oportunidad de reflexionar sobre el fondo del proyecto de ley, que, dicho sea de paso, ya ha movido también el imaginario popular, que ahora especula sobre cómo será el trato personal y colectivo cuando la ley esté promulgada. Hasta con sorna, la gente dice que aproveche el momento para mandarse los ajos y pimientas mientras pueda, porque, dichos éstos en medios por parte de periodistas y fuentes, después serán para “cárcel” o “clausura”, y Los Tiempos no la pasaría bien así como se supone.

No me preocupa tanto el asunto (la sanción) más que la violación de los derechos constitucionales de información y comunicación por parte de ciertos periodistas y medios de información. Porque, al final de cuentas, quien nada tiene nada teme. Seguro que argumentarán ahora que cualquier sanción puede derivarse de decisiones subjetivas, políticas o arbitrarias.

Al defender la libertad de prensa y expresión también hay que reivindicar y promover los derechos de la gente, nuestro público.


* Rubén Atahuichi es periodista (http://www.blogger.com/ruben-dal@hotmail.com)

Periodismo y discriminación

* Miguel García Angelo

El proyecto de Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación tiene como principal objetivo el de promover y garantizar la dignidad, igualdad, respeto, armonía, inclusión, equidad social y de género, bienestar común y solidaridad entre todos los y las bolivianas, así como de los habitantes y estantes en el territorio de Bolivia, prohibiendo y sancionando toda forma de racismo y discriminación fundada en razón de sexo, color, edad, orientación sexual, identidad de género, origen, cultura, nacionalidad, ciudadanía, idioma, credo religioso, ideología, filiación política o filosófica, estado civil, condición económica social, tipo de ocupación, grado de instrucción, discapacidad, embarazo u otros actos previstos y que ello resulte anular, impedir, perjudicar o restringir el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad los derechos de toda persona.

En el artículo 16 del capítulo IV de dicha ley, se consideran delitos a conductas y hechos de discriminación que inciten, subvaloren, limiten, restrinjan, impidan, nieguen, prohíban, excluyan o anulen el ejercicio de cualquier derecho o libertad que trate de justificar toda distinción, exclusión, postergación, restricción o preferencia por motivo de raza, origen étnico, sexo, edad, nacimiento, discapacidad física, intelectual o sensorial, condición social o económica, origen nacional, estado de salud, embarazo, idioma o dialecto, religión, opinión ideológica, opción de trabajo, orientación sexual e identidad de género, estado civil o cualquier otra diferencia y su incumplimiento supondrá una sanción de cuatro a seis años de reclusión; también se sancionará de dos a cuatro años de reclusión por instigación pública a discriminar públicamente al odio, la violencia, la tortura, tratos inhumanos y degradantes, rechazo, burla, difamación, injuria, calumnia, exclusión y postergación, persecución y xenofobia por los mismos motivos arriba mencionados.

Por otro lado, la apología pública a discriminar es también un delito, ya que no se puede defender cualquier delito basados en el odio, violencia, tortura, tratos inhumanos y degradantes, rechazo, burla, difamación, injuria, calumnia, exclusión y postergación, persecución y xenofobia por las razones ya mencionadas anteriormente y el infractor será sancionado de dos a cuatro años con una prestación de trabajo; y finalmente, el no denunciar también se penalizará y aquél que conociese hechos de odio, violencia, tortura, tratos inhumanos y degradantes, rechazo, burla, difamación, injuria, calumnia, exclusión y postergación, persecución y xenofobia por los motivos ya expuestos y no los denuncie será considerado cómplice y deberá cumplir entre dos a cuatro años una prestación de trabajo.

Ante este trascendental e importante proyecto de ley, que no solamente aleja al país del oscurantismo de la discriminación y el racismo sino fundamentalmente posiciona a Bolivia como un Estado Plurinacional moderno y dispuesto a garantizar el ejercicio pleno de los derechos humanos, surgieron algunas voces de rechazo, en particular de algunos gremios de periodistas y dueños de medios de comunicación, quienes manifiestan que es una ley que atenta la libertad de expresión y que es una estrategia más del gobierno.

Primero, no se puede distorsionar el espíritu de la ley que tiene como fin erradicar la discriminación y el racismo, segundo, la propuesta de ley no nació del gobierno sino de las más de trescientas instituciones de la sociedad civil defensoras de derechos humanos, y tercero, no se puede dejar únicamente a la voluntad de regulación del gremio periodístico y especialmente empresarial, hechos informativos y comunicacionales que generan y fomentan discriminación y racismo en el país.


* Miguel García Angelo publicó este artículo en el periódico digital de Erbol.

jueves 7 de octubre de 2010

El día en que CASI TODOS los periódicos publicaron su portada en blanco

La Patria (Oruro)


El Diario (La Paz)


Los Tiempos (Cochabamba)


Página Siete (La Paz)


Tapa de Página SIETE que fue publicada en la página 3.


La Razón (La Paz)


Opinión (Cochabamba)


El Día (Santa Cruz)


La Estrella del Oriente (Santa Cruz)


Sol (Santa Cruz)

Cambio (La Paz)


Correo del Sur (Sucre)


El País (Tarija)


Nuevo Sur (Tarija)
El Chaqueño (Tarija)


El Deber (Santa Cruz)


El Nacional (Tarija)


El Mundo (Santa Cruz)


La Prensa (La Paz)

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