jueves, 29 de marzo de 2012

En defensa del culo de Desirée

(Foto: El Deber)



Inés Punto G.

Por lo visto, hoy llegamos al fin de los tiempos. Las mujeres en la política no sirven para nada ni para hacer respetar sus culos. No sirven ni como parlamentarias, ni ministras, ni concejalas. No son Misses, no son modelos, no son nada, no son mujeres y lo están perdiendo todo.

Yo, como una espora con vagina, hoy pido la dimisión de todas las mujeres que entraron en la política, son un número más y forman el 50% de la cartilla electoral en género y responden a lo que los partidos políticos buscan llenar: unas vacantes con un par de culos y otras vaginas y fueron tan vitoreadas por todos las ONGs de mujercitas.

Hoy, estoy cansada de pelear contra las babosadas de Evo, las manos largas de Percy, las conquistas del Vice y el uso de la mujer como un simple objeto en la política. Hoy mi repudio es hacia las mujeres que no saben cómo defender sus culos y sus tetas y ante todo su pensamiento.

Somos la mofa de las otras vaginas que mientras le agarran el culo a Desirée, ésta le sujeta cándida la manita a Percysconi (el nuevo Berlusconi de Santa Cruz), y a la par somos la lástima de los hombres que dicen: “si se deja”, vaya burla. ¡Pero dale un revés pues, que no está para uno! Desireé, no me amargues el día como lo hiciste hoy, por dignidad renuncia o mándale a comer mierda al viejo-verde de tu lado.

Y las únicas que tienen los ovarios bien puestos son asesinadas, como la concejala Juana Quispe, acalladas como perros y olvidadas por las otras timoratas que están sentadas cómodas en sus asientos de piel con sus pelucas bien peinas. Mientras los machos ecuestres que dirigen el país nos dedican coplas, nos tocan las nalgas son incapaces de resolver este tipo de crímenes. Esas que aún tienen los ovarios bien puestos y están luchando de verdad en contra del acoso y violencia política, sólo esas merecen ser rescatadas de esta podredumbre que nos opaca.

No soy feminista radical, soy una espora con vagina y me dirijo a todas quienes están tiene un poder político por los dos ovarios que tienen ¡RENUNCIEN!, hágannos un favor al gremio de las ESPORAS CON VAGINAS o háganse RESPETAR.


La Paz entre nubes















A veces, cuando nos recogemos de una tremenda farra nos topamos con paisajes urbanos irrepetibles. Lastimosamente no tenemos una cámara para registrarlos. Pero una persona que firma como GPP, Gilmar Pérez Portillo, subió estas alucinantes tomas al Facebook, una La Paz sumida entre neblina y nubes a las 6:30.

lunes, 26 de marzo de 2012

Camioneros gringos de Rutas Mortales son derrotados por la Carretera de la Muerte (Reality del History Channel)


Puteando y maldiciendo. Así se van los camioneros (dizque los mejores de EEUU y Cánada) de Bolivia que participan del reality Rutas Mortales en su temporada dedicada a Los Andes, luego de haber fracasado en su intento de vencer la Carretera de la Muerte, que une La Paz con Coroico.

Ya en su anterior recorrido de La Paz - Rurrenabaque los equipos tuvieron problemas en completar dicha ruta, una de las más peligrosas del mundo y al parecer de todo el mundo. Este reality show se transmite a través del History Channel.

Frases para el recuerdo son: "Si pudimos en el Himalaya, también podremos acá o "La vida es cruel, aún más en Bolivia".

Esto recién empieza, porque los camioneros (algunos se retiran y serán reemplazados) recorrerán el Salar de Uyuni (al parecer se pierden y deben usar su GPS), cruzarán el Puente del Diablo en los Yungas, disfrutarán (y aprenderán) de las peleas de las cholitas cachascanistas o la lucha libre en El Alto y tomarán revancha de la Carretera de la Muerte.



PARTE UNO:



PARTE DOS:


PARTE TRES:




No es chauvinismo…

Por Rery Maldonado

marinos bolivianos


Ayer fue un domingo común y corriente. Me levante tarde y jugué dos horas al ordenador mientras escuchaba el “Dialogo Panamericano” en la red, tomando mate. Cómo me gustaría ser contertuliana de ese programa en algunas ocasiones.

Ahora resulta que la gestión de Evo Morales no sigue la política de nacionalismo chauvinista de sus antecesores y tiene una estrategia, otra política, para conseguir la salida marítima que tanto ansía el país. Ese trauma colectivo que repetimos a diario, nuestro mantra “el mar es un derecho, recuperarlo es un deber”, como si esa obsesión masoquista no fuera una de las peores taras que nos dejó la dictadura. Olvidarnos de ella ¿no tendría que ser parte del proceso de descolonización?

Pero no, el gobierno de Evo Morales no sigue la política chauvinista de sus antecesores. El tema marítimo no es una de las puntas de lanza de su estrategia de comunicación, de su agenda internacional, por eso los recién instituidos premios nacionales de cultura llevan el nombre de Eduardo Abaroa, héroe de la guerra del Pacifico, sin que quede constancia alguna de que ese ilustre prohombre haya tenido cualquier inclinación artística.

Me gustaría creer que pertenezco a una generación de bolivianos más pragmática. A una que sabe que ni las Naciones Unidas ni ninguna otra instancia de arbitraje internacional va a darnos la razón, porque más allá de que sea justo o no, hacerlo significaría poner en tela de juicio el trazado general del mapa mundi como es hoy en día. Significaría sentar un precedente y abrir la puerta para que en todos los continentes afloren viejas rencillas, nadie se toma en serio esa posibilidad.

Me gustaría poder decir que pertenezco a una generación de bolivianos que nunca sintieron la más minima efusión cívica en los desfiles del 23 de marzo. A una a la que el mar no le importa, porque conoce al país como es y esta dispuesta a construirlo a partir de esa experiencia. Sin quimeras. Que no quiere gastar más dinero en planes armamentísticos estúpidos, que no quiere perder energía contándole un siglo más lo mismo al mundo, porque hay muchas otras cosas mucho más constructivas para contar de nuestra experiencia de país.

Quiero creer que pertenezco a una generación de bolivianos que puede decir abiertamente que se caga en el mar y el hado propicio, en la música militar y en las grandilocuencias alucinadas de nuestros gobernantes. Que soy parte de una generación de bolivianos a la que los discursos viejos la dejan fría. A una que ve hacia el futuro, sin traumas. Conciente de lo que es y de lo que tiene, ahora, en el mundo, en pleno siglo XXI.


Fuente: Blog de Rery Maldonado

domingo, 25 de marzo de 2012

Habla Domitilia


El suplemento Las 12, de Página 12, rescata una valiosa entrevista a Domitila Chungara que la reproducimos a continuación...


La semana pasada murió en Bolivia Domitila Barrios Cuenca –así se presentaba sobre el final de su vida cuando se despojó del “de Chungara”, su apellido de casada–, una mujer que supo tanto cambiar la historia de su país al organizar una huelga de hambre, que comenzaron cuatro amas de casa, que terminó derrocando una dictadura, como enfrentar al feminismo conservador –en 1975– al oponer su testimonio de vida a quienes pretendían seguir hablando de los problemas de “la mujer” así, en singular. Minera, dirigenta, madre, indígena; Domitila es una de esas personas imprescindibles para entender la historia de las mujeres en América latina.

Por Malena Bystrowicz

Fue el 22 de enero de 2006, cuando asumía por primera vez en la historia de Bolivia un presidente indígena. La ceremonia duró varios días. Eduardo Galeano fue invitado al gran evento y fueron sus palabras (dar clic acá) las que encendieron en mí la necesidad de saber más sobre Domitila.

Aquella tarde de fiesta en La Paz, Galeano recordó una asamblea de mineros en los años ’70. Allí se tejían las luchas clandestinas de los obreros y solía haber puros hombres. Pero en aquella ocasión una mujer alzó su voz y, mirando a cada uno a los ojos, preguntó: “¿Cuál es nuestro peor enemigo, compañeros?”

Unos respondieron “el capitalismo”; otros “la patronal”; algunos dijeron “la burguesía” o “el imperialismo”. Esa mujer, sin bajar la mirada, contestó: “No, compañeros, nuestro peor enemigo es el miedo, y lo tenemos dentro”. Ella junto a otras cuatro mujeres habían comenzado una huelga de hambre que desembocó, en 1978, en el derrocamiento de la sangrienta dictadura de Hugo Banzer. Esa mujer era Domitila Barrios de Chungara.

Quise saber todo de ella y fui a buscarla. Me encontré con una mujer bajita, de aspecto muy frágil pero que transmitía una poderosa fuerza emocional. Tenía una escuela de formación política en Cochabamba, 74 años y un cáncer que avanzaba sobre sus pechos. Lo que sigue es parte de la entrevista que tuve con ella el año pasado, una de las últimas que dio:

“Me llamo Domitila Barrios Cuenca porque cuando una se casa en Bolivia siempre lleva el apellido del marido: Chungara”, se presentó.

“Soy hija de un campesino de Toledo, un pueblito pequeño al lado de Oruro. Hasta que lo mandaron a la guerra con el Paraguay, mi padre criaba ovejas. Cuando regresó los animales habían muerto, ya no tenía nada y se fue a trabajar a la mina Siglo XX con la intención de ganarse un buen dinerito para comprar ovejas y volver a su pueblo otra vez.”

Pero el destino fue otro. “Las minas siempre están en las cordilleras más altas donde no hay ni siquiera mercado. El patrón hacía llevar alimentos y les vendía a los obreros. Pero nunca lo necesario, siempre muy poco. Y si les había prometido que les iba a pagar diez pesos por día, les daba cinco. Y encima los obreros le debían el transporte, las botas que le dieron y alguna otra cosita más. Desde el principio estaban deudores. Allí se casó con mi madre. Yo nací en Siglo XX, en la mina.”

Recuerdos de infancia

“Mi madre, al tener su quinto hijo, le hicieron una cesárea y murió. Yo tenía entonces diez años. Cinco hijos nos dejó y la huahua recién nacida. Todas mujeres. Y yo era la mayor.”

¿Y estaba yendo a la escuela?

–Las mujeres no mandaban a sus hijas a la escuela. Así era como se discriminaba. Pero mi padre siempre decía que había que estudiar, que había que leer. Mi madrina, no. Ella decía que la escuela era para mandar cartas a los novios. Pero mi papá habló con el gerente y le suplicó que nos diera permiso para ir a la escuela. De cien alumnos ochenta eran varones y veinte, chicas. Ninguna era hija de obreros.

¿Y tenía que cuidar también de las hermanas?

–Nos turnábamos con mi papá. Mi hermana, la más menorcita, tenía meses de haber nacido. La otrita estaba por cumplir un año. La siguiente tenía un año y más. Imagínense ¡eran pequeñas! No teníamos dónde dejarlas ni quién las vea. En el recreo yo corría a verlas y a darles la mamadera. Las teníamos ahí, a las dos huahuas, en un agujero en la pared. Años después, la más pequeña, que ya tenía tres años, se salió de donde estaba y se acercó a un basural donde habían echado comida podrida sobre las cenizas de carburo de las lámparas de los mineros. Yo volvía de la escuela y escuché “mamá”. No la había visto ahí sentadita, en el basural, y cuando la miro de su boquita salía una espuma. Con las dos manos había estado comiendo. Ha muerto con eso la huahua. Mi madrina me pegó, me agarró de mis cabellos, me jaló de las orejas y me pateó. Yo me aguantaba. El sufrimiento de la huahua muerta. Mi madrina me dijo que me dejara de hinchar con eso de la escuela. Yo contesté: “Tienes razón, yo no quise quedarme en casa para cuidar a mi hermanita”. Me sentí muy mal y le dije que no iba a ir más a la escuela.

¿Y tu padre qué dijo?

–Cuando volvió a casa y me vio cocinando me dijo “¿Y la escuela?”. Le respondí llorando que no iba a ir más porque por mi culpa mi hermanita se había muerto. Entonces mi papá me abrazó y me dijo “no es tu culpa hijita, es el destino que nos ha hecho así. Es necesario que la mujer se eduque y tú tienes que seguir estudiando. Yo me voy a llevar a la huahua a mi trabajo. Hija, ya nos vamos a arreglar”.

De repente un acceso de tos muy fuerte obliga a Domitila a hacer un alto. Pero no por mucho tiempo. Como si se acabara la vida ella vuelve a hablar de sus recuerdos, sin parar, sin respiro.

“Un día mi papá me anunció que se iba lejos, de comisión. Había comprado víveres. Me pidió que cuidara a mis hermanas y me dijo que si se acababa el alimento sacara la plata necesaria para comprar más. Al día siguiente cuando fui a la pulpería a recoger carne, vi las calles desiertas. Hacía un frío fuerte y parecía oscuro. Las mujeres sentadas en las calles, llorando. Decían que había guerra en Bolivia, que los hombres habían ido a luchar. Poco después, una mañana, empezaron a tocar las campanas, las sirenas y la gente salía y gritaba ‘¡Hemos ganado! ¡Hemos ganado!’ Había sido la revolución de 1952.”

Domitila se ríe de los recuerdos que vuelven a su mente. La revolución popular del 9 de abril de 1952 del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) fue un momento feliz para el pueblo boliviano. Derecho de voto para todos, alfabetización masiva, reforma agraria y reparto justo de la tierra; nacionalización de las minas de estaño y otros codiciados minerales, creación de la Central Obrera Boliviana, reemplazo del ejército regular por milicias populares fueron parte de esa transformación histórica.

“La gente decía: ‘¡Hemos destruido al Ejército! ¡Ya llegan los mineros!’ Y a la noche, llegó primero la banda con sus estandartes, luego los dirigentes del MNR y, todos en fila, con sus guardatojos brillando, varias filas de mineros. En la quinta, estaba mi papá con su fusil cruzado. Nosotras nos metimos por debajo de los pies de la gente y lo agarrábamos: ‘Papi, papi’. Me miró con mucha alegría y me dijo: ‘Hemos ganado, hijita, nunca más ahora los niños van a andar descalzos’. Y empezaron las medidas económicas para los obreros: bonos de producción, subsidio familiar, cajas seguro social. Ya todos podíamos ir al hospital...”

Los Gringos

¿Cómo fue que usted se integró a la lucha?

–En el año ’63, el gobierno se había entregado completamente al Fondo Monetario Internacional. Hubo una asamblea de la Federación de Mineros para decidir si rompía con el MNR. Hubo una emboscada y apresaron a varios dirigentes, entre ellos a Federico Escobar. Justo en ese momento había unos norteamericanos en Catavi. Cuando se supo sobre la emboscada, a la noche, los obreros apresaron a los gringos y los llevaron a la plaza para colgarlos. Les decíamos: “¿Qué vienen a hacer aquí, a asesinar a los dirigentes? Ahora van a morir ustedes”. Y los gringos lloraban. Ya estaban poniendo las cuerdas para colgarlos cuando una señora pequeñita dijo: “Compañeros, no nos dejaremos llevar por la ira. No sabemos si nuestros dirigentes están vivos o muertos. Yo sugiero que tengamos a los gringos de rehenes para canjearlos por nuestros dirigentes si es que están vivos. Si están muertos, ni modo, colgamos a éstos”. La señora era del sindicato de Amas de Casa y me dijo si no quería hacer guardia con ellas para vigilar a los gringos.

¿Y usted se sumó?

–Yo por entonces tenía tres hijos pequeños y dije que no podía. La señora que se llamaba Norberta y era la secretaria general de las Amas de Casa me dijo entonces: “Yo también tengo hijos pequeñitos” y me llevó a una sala llena de huahuas por todos los lados. Mi marido, que escuchó todo, me dijo, despreciándome, que no le hiciera perder tiempo a la señora y que me fuera a casa a cocinar que él se quedaba. Me dio tanta rabia que, aunque no estaba convencida de participar, le dije a Norberta: “Anóteme los tres turnos”.

¿Cuánto tiempo tuvieron a los gringos?

–Varias semanas. Un día vino Norberta y dijo que los norteamericanos iban a venir con su tropa más especializada, en helicópteros, a rescatar a los gringos. “Nos van a matar y van a sacar a los gringos”, nos dijo. El sindicato ordenó a todos llevar comida y agua e irse a resguardar a la mina. Pero la directiva de las Amas de Casa, responsable de vigilar a los gringos, dijo que se quedaba. Yo me sentí una miserable porque había pensado en irme. Ahí fue mi marido que me dijo: “Hay que seguir hasta el final. Yo no quiero que mis hijos se queden huérfanos. Si vamos a morir nos quedamos la familia entera, pues. Nadie va a decir que nosotros hemos traicionado.” Entonces, todo mi miedo desapareció.

¿Se quedaron dispuestos a todo?

–Claro. Todas las mujeres dispuestas a morir. Debajo del poncho teníamos cartucheras con dinamita. La señora Norberta se lo explicó a los gringos: “Sabemos que esta noche van a venir a rescatarlos en helicópteros. No los vamos a largar. Ustedes tienen mucho que perder, nosotras nada, solo nuestra pobreza y nuestro sufrimiento. Nos vamos a abrazar a ustedes, vamos a encender las mechas y nos vamos a volar todos aquí”. Y les mostramos los cartuchos. ¡Guay! Los gringos se asustaron. Lloraban y pedían un teléfono por favor. Esa noche fue la noche más triste, más larga. Pensaba en la familia, en mi padre. Pero los gringos hablaron por teléfono y no hubo ni ejército ni helicópteros. Finalmente, se llegó a un acuerdo con los dirigentes que estaban presos en La Paz y se liberaron a los gringos. Yo me sentí feliz, me sentí grande de compartir con esas mujeres dispuestas a morir pero jamás rendirse. Ese recuerdo me ha dado siempre valor: así tiene que ser el compromiso con el pueblo.

La dirigenta

¿Cómo fue el cambio de ser una militante dubitativa hasta llegar a ser una dirigente?

–Recuerdo la emoción del día en que Federico Escobar, que estaba en la clandestinidad, me iba a tomar juramento a mí y a un grupo de compañeras. ¡Escobar, qué honor! Tuvimos que ir por diferentes caminos porque era un lugar secreto. Ahí nos esperaba Norberta y cuando llegó Escobar le dijo que éramos las nuevas delegadas elegidas del Comité de Amas de Casa. Federico nos miró bien serio. Parecía enojado. Con las manos cruzadas atrás, nos dijo: “¡¿Ustedes saben a lo que están metiéndose?!?” Era como un reproche ¿no? Nosotras nos miramos y pensábamos qué pasa con este señor que en vez de animarnos nos dice esto. Y él siguió: “Ser dirigentes sindicales es como un sandwich. Por un lado, está el pueblo que te exige que cumplas los mandatos y por otro lado están la empresa y el ejército que no las va a dejar. Además tratándose de mujeres es peor la represión. Ahora estamos en dictadura militar. ¡No estamos en Carnaval, señoras! Ahora la represión es fuerte y a las mujeres, no sólo aquí en Bolivia, en todos los países donde luchan, cuando caen presas hasta llegan a violarlas”. Nosotras queríamos salir gritando. Hizo un silencio, nos siguió mirando y dijo: “Pero estoy seguro de que ustedes no quieren eso para sus hijas. Ustedes no necesitan hacer juramento, ustedes son nuestras compañeras dirigentes” y nos dio un abrazo.

Cinco Mujeres

Uno de los momentos más difíciles se vivió durante la dictadura de Hugo Banzer. ¿Cómo recuerda esa lucha?

–Estábamos cansadas de tanta persecución, de tanta represión. Un día se me acerca la señora Aurora de Lora, esposa de un dirigente trotskista y me cuenta que han decidido enfrentar al gobierno. Era el año 1977. El plan era iniciar una huelga de hambre en La Paz en Navidad. Y luego irían sumándose otros lugares de Bolivia. Lo planteamos en un congreso a los delegados de todos los distritos mineros pero los hombres nos tiraban los planes para abajo. “No se va a poder, que Banzer es tan fuerte que estamos yendo a la muerte, que esto y que lo otro.” Entonces llegó el momento de la decisión. Los que dirigían la asamblea dijeron que los que estaban de acuerdo con la huelga de hambre se pusieran de un lado y los que no estaban de acuerdo en el otro. ¿Puede creerme si le digo que éramos cientos de personas pero sólo cinco quedamos del lado de la huelga de hambre? Cinco y nadie más. Nadie, nadie, nadie, nadie.

Y a pesar de que la mayoría se oponía siguieron adelante.

–Nos fuimos a La Paz y lo primero que hicimos fue avisar a nuestros compañeros en Europa, en México, en Perú, en Venezuela. También en Suecia donde tenemos varios compañeros exiliados y donde más tarde tuve que exiliarme yo. Le contamos que el pueblo estaba cansado de pasar hambre, de injusticias y que había un grupo de mujeres que se había decidido a hacer una huelga de hambre respaldada por... por el pueblo. A mí me dieron todo el apoyo, todo el respaldo para hacer declaraciones a la prensa. Y así fue. Empezamos con un grupo en La Paz. Luego vino un segundo. Más tarde otro y otro más.

Los recuerdos de aquella gesta la hacen reír.

¿De qué se acuerda Domitila?

–Mire cómo sería la cosa que, según nos enteramos por noticias que venían de afuera, Banzer estaba desayunando lo más tranquilo mientras escuchaba la BBC y por esa emisora que transmitía desde Londres se enteró que en Bolivia, en su propio país, había empezado la lucha por la democracia, que un grupo de mujeres estaba haciendo huelga de hambre.

Meses después, la Central Obrera decretó huelga por tiempo indefinido hasta que cayó uno de los militares más sanguinarios que conoció Bolivia. Banzer participó junto con los dictadores de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil en el Plan Cóndor, un método sistemático de colaboración para la desaparición y el asesinato de los opositores de los países de Cono Sur sin importar en cuál de ellos se encontraran. En el caso de Bolivia, además, se encontraron celdas de tortura y restos humanos en los sótanos del Ministerio de Interior.

Recuerda Domitila: “Todo, todo, todo el país paró. Banzer empezó a allanar y a meternos presas. Pero era tarde. Ese año el precio del mineral y del petróleo estaba alto y con la huelga no pudo cumplir los compromisos de entregar. Esa fue la tumba del Banzer”.

La relocalizacion

No hay recuerdo más triste para un minero boliviano que lo que llaman “la relocalización”, un destierro violento organizado por el último gobierno de Víctor Paz Estenssoro, el hombre que fue cuatro veces presidente de Bolivia, la primera con la Revolución del ’52 y la última, con el bochornoso gobierno que instaló el neoliberalismo (1985-1989).

“Los mismos que hicieron la Revolución volvieron en el ’85 y aprobaron el decreto 21.060 con el que nos botan a todos. Y otra vez sin trabajo, sin casa, sin escuela. En noventa días había que desocupar la vivienda. Me vine a Cochabamba”, explica Domitila.

¿Y cómo sobreviven?

–Por la relocalización daban una indemnización miserable. Al papá de mis hijos por treinta años de trabajo le dieron seis mil bolivianos que era equivalente a tres mil dólares. El se separó de nosotros, se fue con otra mujer y no nos dio nada. Entonces yo me vine con mis hijos a Cochabamba porque acá tenía a mis hermanas. Fue una etapa bien triste. Tuvimos mucho hambre. Nosotras éramos viejas. Cada quien por su lado tuvo que salir. La mayor parte se fue a la Argentina. Sobre todo los hombres se fueron y dejaron a sus familias aquí. Muchos no se han vuelto a juntar nunca más. Los otros se fueron a Europa y allá se casaron con otras mujeres y nos abandonaron.

Pero usted, Domitila, no se rindió.

–Entonces me di cuenta de que en el país que hacía falta la formación política. Los mineros estaban solos: los campesinos también. Empecé a dar charlas, me di cuenta de que era necesario seguir la lucha. Entonces creamos un pequeño grupo que al principio llamamos Escuela Móvil, porque íbamos a un lado y otro. Luego nos hicimos este lotecito, una casita, aquí un cuartito. Y empezamos a trabajar.

¿Qué piensa del gobierno de Evo Morales?

–Evo está en el poder, está alfabetizando al país. Pero la gente necesita también la alfabetización política, porque si no sabe dónde hay que ir, cómo hay que ir, entonces no va a poder apoyar nunca, más bien va a estar contra las medidas que va a tomar el gobierno. Cuando Evo dijo que del pueblo tiene que tener una Nueva Constitución a mí me alegró mucho. Le hicieron mucha guerra, le tiraron todo en Sucre. A mí me parece bien que haya un cambio y sea en favor del pueblo. Sí, yo creo en gran manera ha perdido el pueblo el miedo. ¤

Esta entrevista fue realizada en Cochabamba, Bolivia, el 23 de junio de 2011, en el marco de un documental; Domitila falleció el martes 13 de marzo pasado, sólo tres palabras para recordarla, homenajearla: Adiós y gracias, Domitila.


lunes, 19 de marzo de 2012

La Carretera de la Muerte en Rutas Mortales (History)


Parte 1:




Parte 2:




Parte 3:



Se dice que son los más expertos camineros de EEUU y de Canadá quienes protagonizan esta serie del canal de cable History, titulado Rutas Mortales, que en esta nueva temporada recorrerá los caminos de Sudamérica.

Son tres grupos compuestos por piloto y ayudante que deben trasladar algún tipo de carga desde La Paz hasta Rurrenabaque, traspasando el famosísimo Camino de la Muerte.

Al parecer ni son los más expertos ni los más capos, pues vean Uds. mismos lo que ocurre casi al final del programa.









Consejos para padres primerizos

























Y muy feliz Día del Padre...

domingo, 18 de marzo de 2012

Las palabras de Domitila Chungara (reportaje de Radialistas.net)

Un homenaje a Domitila Chungara, a cargo de Radialistas.net. Escúchalo y conoce la historia de Bolivia... nuestra historia



Domitilia (por Alfonso Gumucio)

* Alfonso Gumucio Dagron


Domitila de Chungara, agosto 1979
A sus 74 años de edad ha muerto Domitila Barrios de Chungara, valiente mujer de las minas de Bolivia, dirigente del combativo Comité de Amas de Casa de Siglo XX, organización que supo hacerle frente a las dictaduras y gobiernos autoritarios durante las décadas de 1960, 1970 y 1980.

“Quiero seguir viviendo”, le decía Domitila a un periodista de Cochabamba, cuando a fines del 2010 fue hospitalizada para un tratamiento del cáncer de pulmón que la agobiaba desde 2008. Su tercer cáncer. Sin seguro médico y sin jubilación, el pronóstico estaba determinado por sus recursos y la solidaridad de algunos amigos, entre ellos varios funcionarios del gobierno del MAS. En la foto de prensa Domitila aparecía con una pañoleta cubriendo su cabeza, porque la quimioterapia la había dejado sin cabello. No quiero recordarla así, prefiero retener otras imágenes de ella, otros momentos.

Pachi Ascarrunz y Alfonso Gumucio con Domitila, junio 1984
Nació el 7 de mayo de 1937, hija de un campesino que migró a las minas en busca de una vida mejor. Se casó con un trabajador minero y tuvo 11 hijos, de los cuales solamente 7 sobrevivieron. Desde 1963, Domitila participó activamente en el Comité de Amas de Casa y saltó a la fama internacional a raíz de su protagonismo durante la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, organizada por las Naciones Unidas y realizada en México, en 1975, donde “sus intervenciones produjeron un profundo impacto entre los presentes. Eso se debió, en gran parte, a que Domitila vivió lo que otras hablaron”, según narra Moema Viezzer.

Allí surgió la idea de Moema de recoger el relato de Domitila en el libro Si me permiten hablar… (1977) publicado por Editorial Siglo XXI y en innumerables ediciones en varios idiomas. Este libro fue estudiado por su estilo discursivo, no solamente leído, como atestigua el ensayo de 63 páginas de Mariluz Domínguez y Luis Oquendo. Años después David Acebey publicó un segundo libro de conversaciones, ¡Aquí también Domitila! (1985), que no alcanzó la notoriedad del primero.

“Pueblo chico, infierno grande…” y también “nadie es profeta en su tierra”, las dos sentencias me sirven para el párrafo que sigue.

Si bien el libro de Domitila mereció la admiración de miles de lectores en todo el mundo y dio a la conocer la lucha de los mineros bolivianos y de sus familias, en el propio país hubo quienes –entre sus propios compañeros de las minas- llevados por la envidia y los celos, denigraron a Domitila (y a Moema Viezzer también), diciendo que se había enriquecido “a costa del sudor y la sangre de los mineros”. Fueron expresiones de la típica mezquindad y el egoísmo tan comunes en un país sometido por la mediocridad y la pérdida de valores. Ojalá se hubiera enriquecido Domitila; se lo merecía por su valentía y porque era un mujer capaz de articular con pasión e inteligencia su relato sobre la realidad minera. Nadie lo hizo como ella, ninguna otra mujer de las minas proyectó la situación de los trabajadores bolivianos con tanta propiedad y sensibilidad. Pero en lugar de agradecerle, algunos la atacaron mezquinamente.

Domitila de Chungara, Xavier Albó, Luis Espinal y otros compañeros en la huelga de hambre, diciembre 1977
Luchadora infatigable, una mujer honesta e íntegra en todo sentido, que tenía una claridad meridiana sobre la situación de Bolivia y se expresaba con inteligencia y belleza, fue una de las cinco mujeres mineras que inició la huelga de hambre, determinante en la caída del dictador Hugo Bánzer, luego de siete largos años en el poder. En los días de la huelga de hambre, a fines del 1977 y principios del 1978, visité el grupo que estaba en el diario Presencia, y allí conversé con Domitila, con Xavier Albó, con Luis Espinal y con otros amigos que se fueron sumando a ese grupo de huelguistas. Las fotos que tomé como testimonio –un rollo entero- han sido reproducidas muchas veces.

Filmación, agosto 1979
Semanas después, asistí a mi amigo Alain Labrousse en la realización del documentalLa huelga de hambre en las minas, donde entrevistamos a las mujeres que habían protagonizado la huelga.

En 1980, mientras trabajaba en el Centro de Investigación y Promoción del campesinado (CIPCA) hice un documental sobre ella:Domitila, la mujer y la organización, que pensábamos utilizar como material educativo en actividades de organización y participación comunitaria. Publicamos además un folleto para acompañar el film, con dibujos de Clovis Díaz. Esto fue poco tiempo antes del golpe militar de Luis García Meza. No recuerdo qué suerte corrió ese documental realizado en super 8, probablemente se perdió durante el golpe, cuando muchos tuvimos que salir al exilio, Domitila a Suecia con todos sus hijos, y yo a México.

No fue la última vez que Domitila apareció en uno de mis documentales. Al regresar del exilio, filmamos una entrevista con ella para el documental La voz de las minas(1983) que co-realicé junto a Eduardo Barrios para Unesco, y nuevamente en 1984, cuando por tercera vez hacía el intento de terminar mi frustrada película sobre Luis Espinal, la volví a buscar en Siglo XX. Filmé su testimonio, que era esencial para describir la sensibilidad social de Lucho, a quien ella conoció muy bien.

Domitila con mi hijo Fabian, 1980
Mi admiración por Domitila, además de mi afinidad con el movimiento social de los mineros, me llevó a incluirla como personaje en uno de mis cuentos, Interior mina, sobre la ocupación militar en las minas de Siglo XX y Catavi. El cuento ganó en México una mención en el concurso internacional “La palabra y el hombre”, en 1977, y además de perder la virginidad en la revista de ese nombre, se publicó en años siguientes en cinco antologías, las de Alfredo Medrano, Raquel Montenegro, Sandra Reyes (en inglés), Víctor Montoya, y hace un par de años la de Gaby Vallejo Canedo, publicada en Venezuela.

Además de este cuento y las películas en las que aparece, uno de los textos que Eduardo Galeano escribió sobre Domitila, debería servirnos para recordarla:
Recuerdo una asamblea obrera, en las minas de Bolivia, hace ya un tiempito, más de treinta años: una mujer se alzó, entre todos los hombres, y preguntó cuál es nuestro enemigo principal. Se alzaron voces que respondieron “El imperialismo”, “La oligarquía”, “La burocracia”… Y ella, Domitila Chungara, aclaró: "No, compañeros. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro". Yo tuve la suerte de escucharla. Nunca olvidé.

* Alfonso Gumucio Dagron es escritor, cineasta, periodista y fotógrafo.
** Artículo tomado de su blog.

sábado, 17 de marzo de 2012

Vargas Llosa y otros intelectuales peruanos apoyan las corridas de toros


Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura y otros varios intelectuales peruanos, acaban de lanzar un manifiesto a favor de las corridas de toros, porque -según ellos- es "una tradición profundamente arraigada en el Perú criollo, mestizo y andino".

Entre los firmantes también aparecen nombres de la talla de Alfredo Bryce Echenique, el cineasta Francisco Lombardi o Diego García Sayán, presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte-IDH). En total son 56 firmas muy conocidas en el vecino país.

A continuación el comunicado oficial:


Manifiesto por la libertad y por la diversidad cultural: sí a las corridas de toros

Los espectáculos taurinos son una tradición profundamente arraigada en el Perú criollo, mestizo y andino. Representan un elemento central de las fiestas patronales que, a su vez, operan como mecanismos integradores y de cohesión social y cultural.

Las corridas de toros son un espectáculo de masas que no generan manifestaciones violentas, ni actos vandálicos, agresivos o de fuerza dentro o fuera de las plazas de toros. No fomentan, por tanto, una cultura de violencia entre los jóvenes, como se pretende afirmar. Fomentan, más bien, valores y capacidades humanas como la valentía, el heroísmo, la superación ante las adversidades, entre muchas otras.

Una serie de normas ordenan el espectáculo taurino. Así, este se constituye en una liturgia que pone de manifiesto el respeto hacia el toro de lidia y la nítida metáfora que supone un rito en el que el hombre busca imponerse ante la muerte a través de la creación estética y artística.

Pretendemos que se respete la libertad y el derecho de todos a asistir o no a las corridas de toros y de inculcar a nuestros hijos la cultura taurina que algunos consideramos poseedora de un hondo contenido simbólico y artístico, que es formativa y que busca la sensibilidad profunda del espectador.

Asimismo, respetamos a quienes no disfrutan de la fiesta brava y cuya sensibilidad, entendemos, no les permite apreciarla.

Del mismo modo, no aceptamos la intolerancia de quienes propugnan su prohibición. Rechazamos todo intento por abolirla y restringir su desarrollo, así como cualquier actitud que pueda liquidar esta tradición que, como todas, evoluciona por sí sola y que perdurará mientras los pueblos sigan apreciando su contenido y su estética.

Los espectáculos taurinos han sido reconocidos por el Tribunal Constitucional del Perú en mayo de 2011. El Tribunal precisa que no se puede alegar la afectación a derecho constitucional alguno por la sola oferta de dichos espectáculos mientras no se coaccione la asistencia a ellos.

Es deber del Estado promover y difundir el arte y la cultura, y no, como pretenden ciertos sectores intolerantes, proscribirla con argumentos falaces.

Firmantes:

Mario Vargas Llosa (Escritor, Premio Nóbel de Literatura)

Alfredo Bryce Echenique (Escritor)

Antonio Cisneros (Poeta)

José Tola De Habich (Artista Plástico)

Juan Ossio (Antropólogo, ex Ministro de Cultura)

Fernando Ampuero (Escritor y periodista)

Frederick Cooper Llosa (Arquitecto)

Felipe Ortiz de Zevallos (Economista, ex rector de la U. del Pacífico)

Diego García Sayán (abogado)

Francisco Lombardi (Cineasta)

Ricardo Uceda (Periodista)

Guillermo Niño de Guzmán (Escritor)

Gustavo Bueno (Actor)

Eloy Jáuregui (Periodista)

Alejandro Ferreyros (Psicólogo)

Fernando Alayza (Psiquiatra)

Luis Guzmán Barrón (Ex Rector de la PUCP.)

Alfredo Bullard (Abogado)

Baldomero Cáceres Santa María (Psicólogo social)

Francisco Miró Quesada Rada (Director de El Comercio y politólogo)

Mariela Balbi (Periodista)

Bartolomé Puiggros Planas (Ingeniero agrónomo)

Efraín Trelles (Historiador y periodista)

Augusto Polo Campos (Compositor)

Luis Bustamante Belaúnde (Abogado y ex rector de la UPC)

Carlos Bazán Zender (Médico, ex ministro de Salud)

Carlos Hernández Camarero (Médico)

César Guitiérrez Rivas (Escritor)

Edgar Saba (Director teatral)

Alonso Alegría (Dramaturgo)

Nelly Calderón (Ex Fiscal de la Nación)

Abelardo Sánchez León (Escritor)

Baldomero Cáceres Vegas (Actor)

Juan José Cabello (Abogado)

Edmundo Murrugarra (Sociólogo)

Rafael Santa Cruz ( Músico)

Edwin Montoya (Compositor)

Bernardo Roca Rey (gastrónomo)

Ricardo Wiesse (Artista plástico)

Héctor López Martínez (Historiador)

Álvaro Roca Rey (Artista Plástico)

Alonso Cueto (Escritor)

Pablo Gómez de Barbieri (Arquitecto)

Augusto Ortiz de Zevallos (Arquitecto)

James Berckemeyer (Chef)

Juan Guillermo Carpio (Ex director del INC.)

Silvio Ratto (Ingeniero Industrial)

Fernando Guembes (Arquitecto)

Mario Castillo Freyre (Abogado)

Liliana Regalado de Hurtado (Historiadora)

Carlos Cárdenas Quirós (Abogado)

Óscar Velarde (Empresario gastronómico)

Flavio Solórzano (Gastrónomo)

Mario de la Cuba (Historiador)

Rafael García Miró (Artista plástico)

Jean Pierre Vismara (cantautor)


Si te gustó, compártelo